Situada a 300 kilómetros al oeste de Caracas, cruzando los últimos 30 km a través de una ruta de precipicio (hecha en los años 30, siglo XX, por los presos del gobierno de José Vicente Gómez) que logra hacer creyente al mayor de los ateos, nos encontramos con una fortaleza rodeada por montañas y selva llamada Choroní. Por Federico Firpo
Separada en dos pueblos, Choroní, propiamente dicho y Puerto Colombia llegando a la costa. Aventurados entre playas cristalinas, ríos con increíbles, cascadas y unos fríos pozos para nadar en sus profundidades es que uno puede disfrutar de miles de historias entre acentuaciones que mantienen la esencia indígena originaria, pescadores, agricultores y personajes que rozan la ficción entre ellos Luis Nuitter, un joven de 93 añitos que nació aquí mismo y supo contarnos la historia del pueblo mientras barría y sacaba las hojas (de los árboles) que caían al piso.
En medio de las guerras de Independencia este pueblo supo ver pasar las filas revolucionarias con Simón Bolívar a la cabeza, de hecho en la actualidad uno puede divisar el puerto con su respectivo malecón en el cual se mantiene las réplicas de aquellos cañones que supieron defender al pueblo (en su búsqueda independentista) de los ataques de barcos del ejército realista. Si bien hablamos de tierras venezolanas, el pueblo en su parte lanchera conserva su nombre Puerto Colombia propio de la época de la “Gran Colombia”, 2 siglos atrás. Históricamente y a la fecha, se dice que nadie puede pasar hambre aquí; los mismos pescadores cuando llegan al puerto (ubicado al costado derecho del malecón, cubriendo aproximadamente 50 metros de ancho), desembarcan las lanchas llenas de pescados de los cuales muchos son entregados gratis o, por caso, vendidos a precios regalados a gente del pueblo. Más aún, como buena zona caribeña las personas que la habitan pueden constantemente proveerse de frutas y verduras que les da la tierra.
Como dijimos anteriormente, nos hemos valido de nuestro viejo y joven amigo Luis, quien aquí naciera casi un siglo atrás. Fue el quien nos contó la diferencia entre Choroní y Puerto Colombia; hacendados criollos, por un lado, y por el otro negros (traídos del África) e indígenas originarios esclavizados, respectivamente. Choroní con un acentuado estilo colonial en su arquitectura, representa un pueblo que supo ser testigo de la llegada de europeos, mayormente españoles y alemanes, que con el tiempo, con la independencia y con el fin de la esclavitud fueron entremezclándose y es así que uno puede encontrarse hoy con “parejas afro-gringas-venezolanas” como aquí dicen. Tal es así, que montaña arriba en el camino entre la playa y la ciudad uno puede llegar a la “Colonia Tovar” un pueblito que conserva tradiciones y pura edificación alemanas de la época de la colonia, lugar en el cual, en Octubre, todos los años venezolanos y gente de todo el mundo se acerca a disfrutar
Para ambos costados de Puerto Colombia se encuentran diversas playas a las que solo se puede llegar en lancha, cada una de ellas llenas de historias, incluidas entre ellas las aventuras del Pirata Morgan y paraísos que nada tienen que envidiar a las playas de las películas hollywoodenses. De estas vías alternas, la que más nos impactó fue Chuao, “la tierra donde se produce el mejor cacao del mundo”. Uno puede caminar sus tierras a lo largo y a lo ancho rodeado de puros platanales, plantaciones de cacao y en menor medida de café. El cacao, cabe decirlo, sale con destino a Suiza para luego allí producir el chocolate tan exquisito conocido m
