Un recorrido por el corazón de un destino turístico de los más importantes de Latinoamérica que está sufriendo las consecuencias del contexto social que aqueja a la región. Por Federico Firpo
Con una extensión territorial no menor a la de algunos de los países caribeños separados del continente, La Isla Margarita pasa a ser el corazón del Estado Nueva Esparta (el mismo qué, a su vez, comprende al resto de las islas que rodean a Margarita, ente ellas Coche). Testigo de las mil y una batallas, incluida la economía actual, esta isla de impronta turística lejos está de desconocer las problemáticas generales que afectan a Venezuela toda. Recuerdo en alguna ocasión haber leído a Fidel Castro haciéndose eco de que la peor década de la Revolución Cubana había sido la del noventa y que bastaba con salir a la calle para ver a la gente revisando en las bolsas de basura y a los perros haciendo gala de sus faldas exageradamente huesudas. Lo cierto es que, tras diecisiete años de vanguardia socialista con el chavismo a la cabeza del proceso, Venezuela afronta hoy las dificultades más serias que le tocara al modelo vivir. Lo dicho anteriormente, retomando las palabras de Fidel, pasa a ser lamentablemente una de las caras visibles de tan hermoso paraíso.
Bienaventurados como de costumbre, saliéndonos de la chusma tendenciosa que nos enseña a poner siempre por encima de todo al avión caído, nos decidimos a conocer la isla desde adentro, en los relatos y la guía de sus propios habitantes. Por empezar, para llegar allí tuvimos que acceder vía ferry desde Puerto La Cruz, en un placentero viaje de cuatro horas. El tarifario para el mismo es de ochocientos bolívares (traducido: casi un dólar), con un recorrido que incluye una serie de montañas solitarias, en medio del mar y con algo de suerte el avistaje de delfines. Contrario a todos nuestros supuestos, los precios aquí resultaron ser de los más baratos del país. De hecho, al tratarse de un puerto libre (de impuestos) los productos tienen que ser vendidos a costos más accesibles (por ejemplo: un whisky etiqueta negra que en argentina se consigue a no menos de 1700 pesos, al cambio, aquí lo obtenemos en 300 pesos aproximadamente).
En conclusión, más allá de todo lo lindo que se pueda ver y de todas las sorpresas que aparecen al viajar, en determinadas circunstancias uno no puede abstraerse de aquello que a nivel de lo social va sucediendo en las localidades visitadas. Cabe así destacar, que a pesar de estar pasando este país una de las etapas más crudas de Chávez a la fecha, pesa sobre nuestros oídos el famoso: “pa’ lante mi Venezuela”. Con un escenario copando las calles con comerciantes informales: los anteriormente nombrados guías, los perros calenteros (locales también en la calle de panchos y hamburguesas), los kiosquitos de golosinas, cigarrillos y demás chucherías, las pizzerías artesanales (cocineros que trabajan abriendo una ventana desde sus propias casas), en fin, poniendo siempre al mal tiempo buena cara. Entendiendo que Nueva Esparta es el nombre del Estado al que corresponde Isla Margarita, rodeada por castillos con sus respectivos cañones, testigo de una historia plagada de batallas, no será la primera vez que estos pagos salgan adelante sobre la base del esfuerzo de sus propios habitantes.
