¿POR QUÉ BOLSONARO?

Foto por Mauro Piemtel/AFP

 

Por Juan Alberto Pérez

Eran cerca de las 8 de la noche del domingo y la noticia impactaba. Jair Bolsonaro, el candidato de ultra derecha en las elecciones de Brasil, el mismo que dijo que “los afrodecendientes sólo sirven para procrear”, el mismo que manifestó que una legisladora “no merece ser violada por fea”, el que expresó su homofobia con frases como “No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar”; el lamentable personaje pro dictadura que se manifestó a favor de las torturas y votó el impechment contra Dilma Rousseff con dedicatoria al General que la había secuestrado y torturado, ese tipo estaba sacando el 48% de los votos para presidente.

Finalmente logró vencer primera vuelta electoral para la presidencia de Brasil por más del 46% de los votos. No le alcanzó para terminar los comicios este domingo, ya que en el país vecino es necesario el 50% más un voto para ganar en primera vuelta. Aunque todo parece que será el nuevo primer mandatario brasileño, dado que su contrincante en el balotage, Ferdando Haddad, sacó el 29% y está muy lejos de Bolsonaro, que con conseguir sólo el 4% de los votos el próximo 28 de octubre ganará.

Esta virtual victoria de un personaje con mirada de ultra derecha, que parece disfrutar con el extremismo, que desprecia a las minorías, que atenta contra las mujeres, los homosexuales y los negros, que apologiza con la dictadura y que, además, cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas, las mismas que amenazaron con dar un golpe de estado si Lula se presentaba a estas elecciones, deja picando una incógnita ¿Por qué en uno de los países con mayores índices de pobreza este personaje consigue casi 50 millones de votos?

Para tratar de explicar este resultado electoral, que puede ser comparable con elecciones como la de Mauricio Macri en Argentina, o Donald Trump en Estados Unidos, dónde el electorado elige opciones que ponen en serio riesgo la condición humana, quizás habría que iniciar por algunos conceptos psicológicos. En su análisis sobre la psicología de las masas, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, marca que la multitud humana, denominada masa, es irracional, es omnipotente, es crédula y manipulable. Además, destaca que lo que la moviliza es el inconsciente, por lo cuál pierde todo tipo de responsabilidad moral y limitaciones. Actúa por miedo y no tiene reparos en la racionalidad de la toma de decisiones. Algo por el estilo es lo que está sucediendo en las sociedades contemporáneas, sobre todo en América Latina. Desde los sectores hegemónicos se manipula a las masas, se inculcan ideas, se desidiologiza y se trata de romper con la conciencia crítica en pos de que no surjan levantamientos que pongan en jaque el poder imperante.

Está claro que la elección de Bolsonaro no estaba en la mente de nadie, ni siquiera de los centros de poder económicos y mediáticos de Brasil, que son los que impulsaron por el desprestigio del PT y fundamentalmente de su líder Inacio Lula Da Silva. Pero esta elección es consecuencia de el caldo de cultivo preparado en los últimos cinco años. Si lo analizamos desde el punto de vista de la manipulación de la opinión pública, “la teoría del establecimiento de la agenda” de McCombs y Shaw dice que los medios de comunicación masivo, si bien no pueden determinar el pensamiento de las audiencias, si pueden, y de hecho lo hacen, establecer sobre qué temas hay que pensar. En Brasil esto se encuentra bien marcado. Los medios monopólicos, con O´Globo a la cabeza, han instado constantemente a poner en la agenda pública a la política a partir de los hechos de corrupción. Todo debate político se realizó a partir del Lava Jato y de las consecuencias en los dirigentes políticos. Esto fue generando un desprecio por todo dirigente y partido tradicional, y abrió las puertas para estos outsider, más allá de que Bolsonaro tiene más de 25 años en la vida política de Brasil, sin demasiada relevancia por supuesto. Asimismo, se excacerban los casos de violencia social, si bien la tasa de homicidios es muy alta, se registraron 70 mil casos anuales, el hecho de que se machaque constantemente con esto en los medios noche y día hace que el vaso se llene y la masa entre en un clima de pánico. Hecho que abre la puerta a discursos reaccionario y que plantean la mano dura.

Como bien marcamos, los medios no son eficaces en determinar como debe pensar la masa. De hecho en Brasil, apostaban por el triunfo de Geraldo Alckim, un dirigente de la centro derecha brasileña que llegó en cuarto lugar en la primera vuelta con sólo el 8% de los votos. Lo que si hace mella es su discurso, para lo cuál, volviendo a Freud, la audiencia que lo recibe busca un líder de masa, un líder de opinión, que de respuestas concretas a la agenda mediática instalada que ya se convirtió en la agenda de la sociedad. Así se puede explicar de alguna manera porque la elección de Jair Bolsonaro con la contundencia con que se dio.

Por otro lado, está la responsabilidad del PT en la elección de Bolsonaro. Si hay algo que caracterizó a los gobiernos populistas de la última década en la región es su plan de movilidad social ascendente. Es el caso de Brasil, de Argentina, Ecuador, Bolivia y Venezuela. Con Lula como presidente salieron de la pobreza cerca de 28 millones de personas. En Argentina durante el kirchnerismo cientos de miles obtuvieron trabajo, superaron el estado crítico post crisis de 2001 y se acercó al estado de pleno empleo. Ahora bien ¿Por qué esa misma gente después cambia de parecer y elige opciones políticas que atentan contra esos beneficios adquiridos? Aquí entra el análisis desde lo ideológico. Hay un problema de creación de conciencia crítica. Lo que está en disputa es nada menos que la batalla cultural y simbólica. No hubo interés por parte de estos gobiernos de generar que la masa deje de ser una urbe amorfa e irracional y cargarla de conciencia crítica para que no repita errores del pasado o esté sometida a los designios de los poderes mediáticos. La verdadera grieta no es k y anti k, o “Lulistas” o “anti Lula”. La verdadera grieta es la histórica lucha de clases. Las clases dominantes pretenden continuar su sometimiento a las clases populares, que mientras sigan siendo masa y no tomen la conciencia crítica necesaria para dar la batalla simbólica y cultural, continuarán eligiendo a los Bolsonaro y seguirá oprimida por los poderes de turno.

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