Por Redacción ANCAP

No alcanzó a cambiemos las marchas por todo el país. Su convocatoria al Obelisco dónde la señoras y los señores que estos últimos cuatro años pareció que vivieron en otro país, salieron a dar apoyo a Macri. No alcanzó no solo por esto, sino porque fueron y serán los responsables de millones de nuevos pobres, de cientos de fabricas que bajaron sus persianas, de innumerables represiones de la ministra de inseguridad, Patricia Bulrich.

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No alcanzó porque son los asesinos de Santiago y Rafael, porque los pueblos originarios para cambiemos era el enemigo interno que supieron construir. El hambre en el conurbano es moneda corriente, los comedores repletos de niños, niñas, hombres y mujeres, abuelos y abuelas que no pueden hacer las cuatro comidas. Esto es parte de lo que son y lo que van a seguir siendo, porque tendrán 109 diputados en la cámara y porque arrasaron en ciudad de Bs As.

Mucha gente logró anoche un desahogo, un festejo porque se van. Amigos, amigas, familias, compañeros y compañeras que sintieron un alivio. Se termina un letargo que vino a fugar la plata del FMI, y a ser obediencia del amo del norte. No es menor que más de 12 millones de personas digan basta. El festejo hasta altas horas de la noche en varios puntos del país es por el sentimiento de que vuelven el Ministerio de Salud y el de educación, que sopla un viento de alivio. El país atendido por sus propios dueños se termina.

El triunfo por 48% de Alberto Fernández da por finalizado 4 años de un gobierno que no debió haber sido nunca y que deja heridas abiertas como herencia. El mapa electoral dirá que la llamada pampa húmeda continuó apoyando a Macri, mientras el norte y el sur del país creyeron la necesidad de un cambio. Resulta llamativo que en Santa Fé, Entre Ríos y San Luis, haya triunfado la dupla Macri-Pichetto, siendo que las gobernaciones este año quedaron en manos de peronistas, incluso con un resultado histórico como fue la victoria de Perotti en Santa Fe. Más prebicible era lo de Córdoba, Mendoza y CABA, con un dominio abrumador de Juntos Por el Cambio. La victoria de les Fernández es pura y exclusivamente por la provincia de Buenos Aires.

Macri no perdió, el pueblo cansado de no poder siquiera soñar, lo echó La victoria del Frente de Todos amerita otro análisis, más allá del triunfo, ese análisis es que aún en Argentina hay 10 400 000 personas que avalan un proyecto de país saquea, de odio de clase, represivo, y no importa que no haya una sola medida para el laburante en cuatro años. Hay un fuerte sentido anti peronista, o anti cristinista, en los 40 puntos que obtuvo Mauricio Macri.

La derecha en América latina avanza. Está instalada en Brasil con un Bolsonaro que se atreve a opinar que “Argentina eligió mal”. Busca colocarse en Uruguay, dónde el Frente Amplio no pudo en primera vuelta y habrá balotaje con el candidato de derecha Luis Lacalle Pou. En Ecuador y Chile que hoy sufre secuestrados, torturados y asesinados. En Argentina la derecha no es menor. Son las segunda fuerza y sumamos a esto los condimentos de Espert y Gómez Centurión. La derecha argentina es conservadora y recalcitrante, parece del siglo XIX, no del XXI. Cree en la teoría de los dos demonios, apoya la represión de las fuerzas de seguridad, es anti aborto, descree de la actividad sindical y entiende que está bien en tratar a la niñez como criminalidad.

La izquierda está obligada a un replanteo de sus candidatos en el marco electoral. Mucha militancia que mira con simpatía al FIT Unidad buscaba una candidatura de Myriam Bregman en la fórmula presidencial. La estrategia de llevar a esta a diputada nacional por la Capital no estuvo mal, aunque hoy el resultado dice que no le alcanzaron los votos. El discurso continúa sin permear en el sujeto crítico que dice representar, y además, no sabe ser alternativa de poder sobre todo con el peronismo como oposición. Serán tiempos de revisión para la izquierda, con una elección que no alcanzó el 3% de los votos a nivel nacional y con divisiones en las PASO y en algunos distritos. Párrafo aparate para la pobre actuación de Luis Zamora, que está sufriendo un malo crepitar político y continúa sin construir una unidad del espacio de izquierda que divide votos.
Decíamos que la fuente de la victoria del Frente de Todos estuvo en la provincia de Buenos Aires. Y es que en ese distrito estuvieron los dos millones de votos de diferencia en la elección. El conurbano tan castigado es el que le dijo basta y el que ungió la opción opositora. El triunfo de Axel Kicillof como gobernador fue el impulso que permitió la victoria nacional. El arrastre de voto del candidato respaldado por Cristina Fernández sirvió para retener localidades como Quilmes y Pilar. Pero no alcanzó para otras como Lanús, La Plata, Mar del Plata y Bahía Blanca. En Lanús, Néstor Grindetti levantó 10 puntos en contra de las PASO y consiguió mantener el municipio. Lo mismo pasó con Garro en La Plata. El llamado a corte de boletas fue fundamental para dicha empresa.

Comienza una nueva era política en Argentina. Una era signada por dos bloques frentistas contrapuestos y hegemónicos. Habrá que ver cuanto soportan la unidad ambos bandos. Cristina llamó ayer en el discurso triunfal a que los dirigentes “piensen bien antes de volver a romper la unidad del campo popular”. El nuevo presidente manifestó ayer su voluntad de una unidad nacional para afrontar lo que viene, “El Frente de todos nació para incluir a todos los argentinos y a todos los argentinos estamos convocando” manifestó.
Por su lado, Mauricio Macri expresó que “Siempre voy a poner el bien común por arriba de cualquier cosa” en su discurso de despedida. Aunque detrás se esconda su ansias de erigirse como la figura de punta de la oposición. Algo que parece más complicado dada su derrota, algo inédito en la historia argentina que un presidente en funciones pierda, pero fundamentalmente al surgimiento de Horacio Rodriguez Larreta que logró retener la Ciudad con números brillantes desde lo electoral, y queda como un aspirante a líder de la oposición; y sin contar las aspiraciones de los dirigentes radicales como el mendocino Cornejo o el jujeño Morales.

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