¿QUIÉN PAGA QUÉ?

Por Juan Meza
Que graban la leche. Que no. Que nosotros le sacamos el IVA. Que nosotros se lo bajamos. La discusión se volvió un juego de programa de televisión donde el ganador, es el que obtenga más votos. Mientras todes seguimos pagando el IVA de todo lo que consumimos. Bueno, casi todes.

La semana arrancó con el debate mediático de un lado y del otro de los sectores de la grieta por el IVA en la leche. Los macristas, esos que cantaban “Patricia sí, falopa no” sacaron pecho, porque el gobierno comunista de Mauricio Macri, luego del golpe de realidad que le dejaron las PASO del año pasado, decidió tirar un manotazo de ahogado. Bajó el IVA a 0% en los productos de la canasta básica. La lectura rápida de ese hecho, podría hacernos entender que fue una medida populista para captar los votos que necesitaba para poder llegar a octubre con esperanzas de tener un balotage cara a cara con el candidato del Frente de Todos. Lo que no sale en la foto de esa jugada política, es que, al día siguiente de las PASO, el dólar se disparó, se desvalorizó el peso y los precios aumentaron. Lo que hace pensar que o bien fue eso, un manotazo de ahogado, o movió las fichas del tablero para que el estallido social no explote en sus manos. Esos mismos macristas debatieron fervientemente contra los del otro bando que desmantelaron la absurda noticia que el IVA en la leche se iba del 0% al 21%, cuando el 21% en la leche, volvió a regir desde el 01/01/2020, cuando el decreto de Macri, perdió vigencia. Lo que se está intentando hacer ahora, desde el ejecutivo, es bajar ese impuesto del 21% al 10.5%. Mientras unos y los otros se tiran con sachets, la población, está esperando que le caiga una gota en su taza vacía. El consumo de leche para el 2019, cayó 10 litros con respecto al año anterior. Y 13% menos que diez años antes. Lo que quiere decir, que ni hasta ahora, en la peor crisis de nuestro país, como la del 2001, se consumió menos leche, como en el gobierno de la alianza cambiemos.
El precio de la leche de las primeras marcas, hoy ronda los $ 60 a $ 70, dependiendo del lugar donde se compre y el precio promedio del litro de leche es de $55 aprox. Para cuando el macrismo redujo el gravamen a cero el precio en góndola del litro de leche pisaba los $ 50. Esto demuestra que la quita del IVA, no se traduce en una baja en el precio final ya que las empresas monopólicas que manejan el rubro lácteo, son grandes especuladoras, mirando el precio internacional de la leche. Entonces ¿el debate es sobre el IVA en la leche y en los alimentos de la canasta básica, o el debate es más profundo y necesitamos una reforma tributaria que genere una mayor igualdad social?
El IVA nació en 1973, en el gobierno de Juan Domingo Perón, mediante la ley 20.631 y se aplicó recién en enero de 1975. La alícuota era del 13% pero no aplicaba a los alimentos, sino a actividades, como bares, restaurantes, hoteles, peluquerías y demás actividades. Con el paso del tiempo, esta rama de actividades se fue ampliando como fue creciente el porcentaje del gravamen, volviéndose un impuesto regresivo que terminó afectando a productos de primera necesidad. Hablando en criollo, Gregorio Pérez Companc, uno de los dueños de las grandes fortunas del país, paga el litro de leche, la vedette de la semana, lo mismo que cualquiera de nosotres.
Sea el 21% o el 10,5%, el impuesto es regresivo en sí. Todas las clases sociales pagan el mismo importe de los alimentos de la canasta básica, pero todas las clases sociales no tienen el mismo ingreso. Quien vio afectado su trabajo, sea en blanco o en negro, en esta pandemia y se inscribió para cobrar el IFE, no tiene el mismo ingreso que, por caso, Galperín, quien vio acrecentar su fortuna de manera exabrupta en estos tiempos de pandemia. Quizás el de Galperín, no sea el mejor de los ejemplos, ya que se fue a vivir a Uruguay, diciendo que en este país no se puede trabajar y fue él abanderado de bogar por una reforma laboral para quitarle los derechos conquistados a les trabajadores del país.
Crisis económicas, cíclicas, a la que ya nos mal acostumbramos, sumado a lo devastador a nivel mundial que está dejando el COVID-19, están haciendo un caldo de cultivo de pobreza extrema sobre el grueso de la sociedad. En todo el mundo, incluso en Argentina, ya se está debatiendo la manera de seguir luego de esta pandemia. El proyecto del impuesto (contribución única) a las grandes fortunas aún sigue sin debatirse en el recinto, lo que hace pensar que el peso de los grandes de arriba, está oprimiendo el picaporte de la puerta de entrada al Senado, para que sus fortunas no se vean comprometidas a ayudar a esos que no tienen para poder comer. Entonces surge la pregunta, ¿es necesario un aporte único para apaliar lo que deje la coronacrisis o hay que hacer un cambio radical, y hacer como el resto del mundo, que los ricos repartan los dulces de la piñata? Una manera quizá sería eliminar, el más injusto de los impuestos, como el IVA, y aplicar un impuesto a las grandes fortunas para suplantar lo que no se recaude por IVA. Aplicándose una alícuota alta, del 3.5%, los dueños de miles de millones de dólares, dejarían al país, anualmente, más de mil millones de dólares.

 

Las plataformas digitales como Netflix, Amazon y demás divertimentos nuevos, tributan a un nivel muy bajo y sus ganancias se van al exterior. ¿Acaso no sería este el momento para que el peronismo ponga las cosas en su lugar y tome de manera real el lugar al que el pueblo lo llevó? Claro que está el atenuante de los artilugios que hacen las empresas para evitar pagar menos impuestos, lo que hace recaudar menos a un Estado quebrado y endeudado, como también la fuga de capitales a la que nos tienen acostumbrados los ladrones de guante blanco, pero justamente es el mismo Estado el que da esas herramientas para que eso suceda.
Libros, textos, ensayos, notas, todo lo que se nos ocurra hay escrito sobre el tema tributario e impositivo, pero la rueda siempre vuelve al punto de inicio. Mientras no haya determinación política para que, dentro del capitalismo, seamos una sociedad más igualitaria y justa, el vaso de leche siempre va a faltar en las manos de les pibes.

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