EL MAGO DE LA PARRILLA

Por Federico Firpo

Corría el año 2006 y el destino de los argentinos parecía supeditarse a lo que en Alemania ocurriera. Resulta ser que jugaba la selección argentina (de fútbol), los octavos de final de la Copa del Mundo, contra el combinado azteca. No había margen para el error…

 

Mientras el polaco se calzaba la parrilla y armaba el fuego, a la espera de comer ese rico asado dominguero, el primer vino era descorchado. La excusa para celebrar, el cumpleaños número dos de Thomas. El pretexto fundacional de la charla, el partido que esa misma noche iba a jugarse. Obviamente todos a tono de fanfarria, sabiendo exactamente cada una de las cosas que los jugadores tenían que hacer para ganarle a los mexicanos, excepto uno de los invitados a sumarse a la conversación, de tímido porte.

El más atinado a la charla resultaba ser el parrillero, quien permanentemente interrumpía, recordando sus incomprobables años mozos como jugador de una zaga ganadora de todo a sus pies. También estaba Carlitos, otro ganador de esos que nadie ha podido conocer según su propio y superlativo transitar.

Cuando la charla empezó a ponerse un tanto caliente y el despilfarro de palabrerío absurdo evidenciaba las influencias del temprano alcoholizar. Roberto, de temple más relajado, no tuvo mejor idea que preguntar sigilosamente al tímido muchacho qué opinaba del partido y si creía que Argentina llegaba con buenas posibilidades al match. Al parecer, no gustó mucho este pronunciado corte al amo y señor de la parrilla, quien, entre dientes, casi masticando bronca, seguía ahora la charla de reojo, como a la espera de generarse, para sí, una nueva interrupción que lo trajera al protagonismo de este infinito, por no decir inconcluso, debatir.

El hombre tímido, con la elegancia de un mago, paso a tomar las riendas del asunto, propiciando una descripción gráfica de cómo habría de ser el partido, sirviéndose para ello de una serie de parámetros históricos. Hirviendo de bronca, seguía el polaco la cuestión, como si fuese zaguero de insoportable marca personal. A tal punto le llegó la calentura al cuello, que en una siniestra arremetida de orgullo le tira al paso: Ja, pero ¿vos jugaste al fulbo alguna vez? …

Un tanto azorado, tal vez por lo impropio, quizás por lo violento de la pregunta, se quedó callado nomás el hombre… mudo. La respuesta a tan chicaneosa pregunta llegó, sin embargo, a manos de Roberto: Polaco, sos boludo vos, el señor es Oscar Garre, salió campeón del mundo con Maradona…

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