PELÍCULAS DEL SUEÑO AMERICANO Y SU MENSAJE SUBLIMINAL

Por Federico Firpo

Nunca quise renegar de mi suerte, sea buena o sea mala, sé que siempre estuvo ahí, al lado mío. Pero es de conocerse, que mucha gente prefiera sustituir las marcas de la fortuna, sencillamente por el hecho de creerse dueños de los rastros ni siquiera por ellos preconfigurados.

Las películas que a diario vemos, no quedan exentas de ser formadoras de estos estereotipos de personas, quienes, con orgullo y furia, permanentemente levantan la bandera que se reivindica a viva vociferación con el tristemente célebre mensaje del mérito propio: “yo laburo desde los catorce años, acá el que no labura es porque no quiere”. Señor, usted no labura desde los 14 años y a decir verdad tuvo mucha suerte en la vida, suerte que no es la general del caso de sus co-ciudadanos, pero bueno saquémoslo a usted del centro de la culpa para explicar los lugares comunes en los que se cae cuando uno cree ser el elemento único y formador de su propio destino.

A la cabeza de las producciones que con mayor solidez se nos meten en lo profundo de nuestras conciencias, para intalarse así en lo más hondo de las mentes, tenemos todo lo que de Hollywood al mundo nos diga cómo vestir, cómo comer y, entre tanto, sobre la base de qué configuraciones sistemático-estructurales vivir. Will smith y el hombre pobre y negro que triunfa entre los elegantes de blanco. Atrápame si puedes y un joven Leo Di Caprio, que se infiltra en el glamour megamagnate de las falsificaciones, pero quien al fin y al cabo resulta siendo capturado por el FBI, respondiendo así finalmente a sus órdenes, luego de haberle podido escapar al sistema por algún tiempo. Lo propio, con El lobo de Wallet street, y otra vez el tan bello actor deleitándonos con uno de esos personajes de la vida real que, tras actuar millonariamente por afuera de los andamiajes de la ley, termina dando discursos para el Gobierno estadounidenses a cambio de su tan preciada Libertad. La locura se permite por un rato, pero a la vuelta el sistema es ineludiblemente el que manda. La vuelta al sistema será siempre y a la larga inminente.

Rescatando al soldado Rian y los buenos soldaditos defensores de la verdadera libertad, obviamente hablamos de los estadounidenses en plena guerra vs los terroristas de algunas otras partes del mundo, léase Soviéticos comunistas, alemanes, irakíes, afganos, cubanos, etcéra. Ellos buenos, los otros muy malos, por el solo hecho de estar plantados contra la bandera invasora (según ellos mismos, a través de sus megaproducciones, como quienes vienen a liberar a los pueblos de las tiranías a las que se encuentran sometidos) de los Estados Unidos. Todavía siguen buscando “armas químicas” en Bagdad, a pesar de que el mensaje no pareciera haber dejado de eludir lo fallido de dicha campaña y menos aun la cantidad de personas muertas y aplastadas en hospitales y escuelas que a misilazos han sido y siguen siendo derribados en cada “conquista”, más allá de hacerlo, paradojicamente, (supuestamente) contra terroristas.

Inclusive, si quisiéramos, bien podríamos llevar la discusión a la marca de la huella con los vicios. Por ejemplo, el cigarrillo y la moda (más allá de la adicción) a la orden de la publicidad. Allá por los queridos ’90, la década del glamour nos ponía en el centro de la inteligencia y de la locura, a una o a varias personas fumando como motivo fundacional para llegar a sus decisiones, “pensar y fumar” pareciera haber sido el lema de toda cuestión en series y películas. Las publicidades deportivas con lanchas enmarcadas por el diseño de la marca cigarrera por excelencia. Todos mensajes enteramente calados por una sociedad que supo tener en cada grupo de a 20 amigos, por lo menos 15 fumadores. Hoy, la realidad, se presenta por el contrario casi sin fumadores por grupo de pertenencia. Es creer o reventar, pero las publicidades de este producto han sido prohibidas y en series y películas de la actualidad ya casi ni se fuma. ¿Será que el vicio es lo que vemos y que, por ello, queremos tener?

Contextos, situaciones sociales intervinientes que puedan quizás resultar un tanto aburridas a la hora de diseñar los matices para las historias finamente dibujadas, pero que son, en lo concreto, determinantes de todo lo que la vida nos traerá y dejará. Muchos preferirán ocultar esto de cara a sus pensamientos y a sus conciencias. Debe de ser muy duro para uno mismo reconocer que de algún modo, desde algún lugar externo a nuestras propias capacidades, hemos sido influídos, manipulados y por qué no, extorsionados: o hacés esto de esta forma, o sos un tarado.

Algunos nunca reconocerán la suerte que les ha tocado, quizás esto no les sirva para seguir, en su fe de poca monta, creyendo que han sido solamente el producto de méritos propios, eso sí, deberá saber el que permanezca meramente estancado, que no pasará a la historia, porque la historia nunca reconoce a los dueños del sólo supuesto mérito.