ROPA MANCHADA CON SANGRE: LA HISTORIA DEL EX TALLER CLANDESTINO LUIS VIALE

Por Verónica González

Entrevista a Lourdes Hidalgo.

“nadie abandona el hogar hasta que el hogar es una voz sudorosa en tu oído

diciendo –ve,

corre lejos de mí ahora

no sé en qué me he convertido

pero sé que cualquier lugar

es más seguro que aquí”.

Warsan Shire, Hogar.

En el año 2006 existía un taller textil en la calle Luis Viale 1269, en el barrio porteño de Caballito. Es probable que muchos de nosotros hayamos pasado cerca, sin saber que ahí trabajaban de manera clandestina 65 personas hacinadas y en condiciones indignas.

Las manos de migrantes bolivianas y bolivianos cosían mucha de la ropa que se vende en los negocios de marca más conocidos y lo siguen haciendo, sin que nos preguntemos demasiado el origen ni la vida que se llevan.

Por esos años, Lourdes Hidalgo de nacionalidad boliviana, llegaba al taller de Luis Viale recomendada por un amigo. Su primera impresión no fue buena pero tenía que trabajar.

Luego, como no le pagaban se tuvo que quedar a vivir ahí junto a los demás en condiciones deplorables y de un absoluto desamparo, tanto por los dueños del taller como por el Estado y todos los organismos que lo conforman.

Más allá de la advertencia de muchos trabajadores sobre las condiciones del lugar en general y la peligrosidad a la que estaban expuestos, el taller siguió funcionando bajo la mirada y la explotación de todos.

Fue así que el 30 de marzo de 2006 el fuego no dio tregua y arrasó con todo, llevándose la vida de Juana Vilca de 25 años, embarazada; Wilfredo Quisque de 15 años; Elias Carbajal, de 10 años; Rodrigo Carbajal, de 4 años; Luis Quisque, de 4 años y Harry Rodriguez de 3 años. Todos de nacionalidad boliviana.

Lourdes junto a otros sobrevivientes sostienen su bandera boliviana y su dignidad bien alto. Su  voz es un llamado para que el olvido deje de insistir en llevarse cuerpos, pero también es una lucha constante por los derechos de las y los migrantes en Argentina.

Me gustaría que me cuentes acerca de tus orígenes. ¿De dónde sos y hace cuánto viniste a vivir a la Argentina?

Yo vengo de los Andes, donde los truenos cantan al poder de la naturaleza, donde el frío abriga al espíritu, donde todas las mañanas las aves expresan su compañía en el día a día.  Los Andes del departamento de La Paz Bolivia. Vine a la Agentina hace 16 años atrás.

¿Qué te trajo por estas tierras? ¿Viniste sola?

Sí, vine sola. Vine buscando tener una vida digna, con ilusiones de trabajar pero nunca me imaginé que mis ilusiones se iban a convertir en cenizas.

¿Cómo fue que llegaste a trabajar en el taller  textil Luis Viale?

Conocí mediante un amigo a Luis Sillerico, uno de los capataces del taller textil de Luis Viale.

Con Luis conversamos y me ofreció el trabajo. Cuando entré por primera vez al taller, pensé que era una fábrica porque estaba llena de máquinas y muchos trabajadores.

Contáme un poco qué viste allí; sobre las condiciones en las cuáles trabajaban y vivían. ¿Eran todos migrantes?

Todos éramos de nacionalidad Boliviana. En el lugar estuvimos 65 personas, entre ellos 25 niños. El lugar estaba en condiciones malas; los cables estaban colgados por todos lados; había un solo baño para las 65 personas, un baño que funcionaba como ducha que tenía conectado a la canilla un cono de hilo que sólo tenía agua fría. Para ducharnos tuvimos que hacer una cola por las noches.

El taller no tenía ventilación, el polvillo era muy fuerte; trabajábamos de 16 a 18 horas diarias. La casa tenía las puertas y las ventanas con rejas, no había donde secar nuestras ropas, fue muy incómodo.

Yo quise irme del lugar, a un mes y días pedí que me pagaran y uno de los capataces llamado Luis me dijo: “Acá se paga cada tres meses”. Yo, el primer mes trabaje con retiro  porque tenía una pieza alquilada a diez cuadras del taller, pero como no me pagaron tuve que dejar la pieza.

El capataz llamado Luis me dijo que me vaya a vivir ahí, dijo que había lugar arriba. Cuando subí, todas las piezas estaban separadas por tela, nylon, cartón y madera. El lugar estaba en condiciones inhumanas, habilitado para depósito de cosas, pero la ambición de la patronal lo convirtió en depósito de migrantes.

Por lo que estuve leyendo, algunos de ustedes se quejaban de todo esto pero nadie los escuchaba.

Al lugar vino la policía. Incluso cínicamente venían y se pedían el talle de pantalones que usaban y cargaban el baúl de la patrulla con lo que nosotros cosíamos.

Vinieron los funcionarios del Gobierno de la Ciudad; entraron los patrones Daniel Fischberg y Jaime Geiler con la complicidad de los Capataces Luis y Juan Manuel. Todos sabían en las condiciones inhumanas que estaba el lugar y no hicieron nada. Todos ellos son cómplices.

Sé lo difícil del tema y esto de volver a contarlo es una forma de revivirlo, pero quisiera que nos cuentes algo de lo que pasó el día del incendio, el 30 de marzo del 2006, lo que puedas y quieras contarnos.

El día del incendio fue un día que me dejó un recuerdo muy amargo.

Ese día yo estuve en el primer piso, en la pieza de una amiga, porque el calor era insoportable en el entrepiso donde yo estaba y el techo era de chapa. Estaba esperando la máquina de doble aguja  que estaba ocupada. Esperaba esa máquina para subir los cierres del pantalón.

A las 16:45 aproximadamente, estaba mirando la tele en la pieza de mi amiga y de pronto se apagó la luz. Al rato volvió pero después entró el humo y fue más fuerte. Fui a ver a la pieza del al lado y había un niño al lado del fuego gritando; ví que los colchones estaban prendidos, entré a esa pieza, lo agarré al niño y lo saqué del fuego. Avancé un paso y vi algo negro, pensé que era la pared, pero era un televisor. El humo era sofocante y luego corrí hacia abajo al taller para traer el matafuego pero no funcionaba, sólo salió polvo blanco.

Todos mis compañeros escaparon a la calle, fuí la ultima en salir del lugar, ya no podía aguantar el humo, empezó a picarme la nariz y las amígdalas. Salí hacia afuera, todos gritamos, lloramos por las personas que quedaron atrapadas en el fuego.

Luego de unos minutos empezaron a explotar las ventanas. Fue un día jueves 30 de marzo de 2006 que me dejó marcada, con cicatrices; momentos vividos que quedaron en mi mente para siempre.

¿Tenés algún recuerdo especial de los compañeros muertos?

Sí, recuerdo a todos los que fallecieron, la imagen de sus rostros está en mi mente.

Juana de 25 años (embarazada) ella se iba a Bolivia en esos días, nos pidió sacarnos fotos. Me saqué la foto con ella, me abrazó y me dijo que iba a llevar la foto de recuerdo para el viaje. Nunca me imaginé que era una despedida para siempre.

Wilfredo de 15 años, trabajó junto con nosotras en la máquina, era un chico alegre.

Los niños Elías de 10 años, Luis de 4 años, Rodrigo de 4 años, Harry de 3 años, todos ellos jugaban en el primer piso, correteaban, reían, eran tan inocentes que les atrapó el fuego.

Clandestino

“Solo voy con mi pena

Sola va mi condena

Correr es mi destino

Por no llevar papel”.

Manu Chao, Clandestino.

¿Qué pasó después con vos y todos los sobrevivientes? ¿Tuvieron apoyo de otras personas y organizaciones?

Después del incendio nosotros, los que sobrevivimos, quedamos en la calle, sin documentos, sin nada, sólo salvamos nuestras vidas. Yo volví a trabajar en otro taller porque se nos quemó todo y no tenía el DNI.

Mis compañeros cada uno se fue a buscar techo y trabajo, el Estado nos abandonó a la deriva.

En el momento que ocurrió, quien más estuvo apoyándonos fue la colectividad Boliviana.

¿Cómo se conformó “La Comisión de la Memoria y Justicia por los Obreros Textiles y sus Hijos de Luis Viale”? ¿Quiénes participan?

La Comisión se formó en el 2019. Fui al encuentro de las mujeres en La Plata, fui a invitar, a contar, llevé volantes. Como acá en capital, fui acompañando distintas causas e invité.

Hice llamar a una asamblea abierta el  30 de octubre de 2019 donde participaron distintas organizaciones bolivianas y de acá de Argentina autoconvocados. Fue a partir de esa Asamblea que se forma la comisión y también nos acompañan las abogadas de la Gremial de abogadas y abogados de la Argentina.

¿Cuál el pedido que hacen desde La Comisión de Memoria?

Nuestro pedido es que el lugar donde fue esta masacre, se transforme en un espacio de Memoria, de organización y de lucha. No queremos que el lugar vuelva a ser un lugar de masacre como en el 2006, donde se perdieron seis vidas por la ambición y la sed de ganancia de los patrones.

La justicia les devolvió la llave a los mismos responsables de estas muertes, a los patrones Daniel Fischberg y Jaime Geiler y no vamos a permitir que toquen ese lugar.

Exigimos la expropiación y patrimonialización.

También el arte se ha hecho presente para dar testimonio de lo ocurrido a través de una muestra fotográfica. ¿Dónde puede visitarse?

Sí, estamos realizando muestras de fotografías. El jueves 19 de febrero estaremos en la plaza mayo con las Madres de trata de personas de 16 a 18 horas.

El 28 estaremos en el festival de cine y poesía en el “Centro Cultural la Gomera” en Barracas a las 16 hs. Y seguiremos con la muestra de fotos. Y continuaremos con la lucha.

¿Cómo es tu situación laboral, Lourdes  y la de todes les compañeres migrantes que conoces?

En cuanto a mi situación laboral, dejé de hacer trabajos pesados por motivos de salud. Me dedico hacer ventas por revistas, cosas pequeñas. A causa de ese incendio quedé con secuelas, quebraron mi salud, pero mi fuerza de voluntad de seguir luchando por Justicia y Memoria no la podrán quebrar.

En cuanto a los compañeros migrantes, siguen trabajando en medio de esta pandemia; otros perdieron la vida, la mayoría alquilan la casa para vivir y si no trabajan se quedan en situación de calle.

¿Cómo es ser migrante en Argentina?

Es triste dejar a nuestra familia, pero nos obliga la necesidad del trabajo.

Yo vine buscando tener un futuro mejor, a pesar de que nos llaman migrantes y nos dividieron por países para que peleemos separados, nos señalen como los que vinieron a quitar el trabajo.

Los verdaderos migrantes son las transnacionales imperialistas que van de país en país para saquear las riquezas. A nosotros nos pusieron fronteras, mientras que, para la explotación laboral no hay fronteras.

Migramos y nos hacen pagar el derecho de piso. No sabemos lo que nos espera, como pasó en la masacre de Luis Viale donde nuestros sueños se plasmaron. Para nosotros no hubo Justicia. Mientras nosotros salimos a la calle a luchar por nuestros derechos, nos deportan y nos arman causas, mientras nos mata la patronal.

Debemos seguir luchando, romper las fronteras y tener una sola bandera de los trabajadores.

¿Qué cosas y personas te ayudan a resistir, a seguir en la lucha? ¿Qué te sostiene?

Me ayuda a resistir en esta lucha el apoyo de todas y todos los que me acompañan, como también me sostiene mi convicción. Nací así y moriré peleando ante la injusticia.

En este país encontré a compañeras y compañeros que no me abandonaron en los buenos y los malos momentos de mi vida.

Contáme de tus sueños, Lourdes, de tus proyectos.

Mis sueño es la Memoria de mis compañeras y compañeros, de sus hijos que  murieron cosiendo la ropa; que quede sembrada la memoria de ellos para que no quede en el olvido y el lugar se transforme en un espacio de memoria, donde las mujeres que luchan por sus derechos, las y los trabajadores y la juventud de hoy, se puedan organizar y luchar por sus derechos.

 ¿Qué ayuda necesitan actualmente?

Lo que pedimos es que se sumen y nos apoyen a esta lucha todas las organizaciones sociales, políticas, organizaciones migrantes, estudiantiles, las mujeres que luchan por sus derechos, organizaciones de LGTB y otros, para que esta bandera de los trabajadores textiles de la masacre de Luis Viale la tomen en sus manos.

Por último quiero agradecerte Lourdes, por tu tiempo, por tu compromiso y por tu lucha, más allá de las adversidades y de las secuelas. Y quiero dejar este espacio para que agregues lo que quieras.

Quiero agradecerte Verónica, por tu apoyo, por tu tiempo y por tenerme paciencia.

Te deseo que sigas adelante. Y pido que nos sigan acompañando en esta lucha, unamos nuestras fuerzas y seamos una sola voz.

 John Berger decía “Emigrar es siempre desmantelar el centro del mundo, y mudarnos a uno de sus fragmentos, a uno solo y desorientado”.

Desmantelar el centro del mundo, el mundo donde nacimos para ir a otra parte en busca de sueños y mejores oportunidades; para encontrar una vida, un trabajo digno y un hogar.

“…alguien venía y te decía

en tales lugares se está ganando bien

y todos se iban para allá y así…”

Dice el poema de Natividad en un libro hermoso llamado “Épicas bastardas” de Álvaro Urrutia,  compuesto por poemas escritos a partir de testimonios orales de trabajadores migrantes que actualmente residen en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires de la República Argentina.

Las historias de explotación migrante son más de las que quisiera contar, más de las que queremos saber y se suceden día a día, más allá de nuestras narices.

Nadie debería ser alejado de su hogar, de sus olores, de su tierra para ser arrojados a una vida invisible, sin derechos.

“Todos somos migrantes”. Historias y lenguas nos atraviesan; culturas y rasgos nos definen en una diferencia que nos iguala y se vuelve imprescindible respetar.

Lourdes extraña la naturaleza de su Bolivia natal pero ha decidido hacer de Argentina su hogar y, en esa lucha, ha sufrido graves consecuencias, pero sigue en pie de la mano de sus compañeras y compañeros dando una batalla que también es nuestra, para que el Ex Taller Clandestino de Luis Viale se transforme en un lugar de Memoria, trabajo y lucha, lejos de las manos asesinas, cerca de la humanidad que nos salva.

Para contactar a Lourdes y a la Comisión de Memoria

https://www.facebook.com/memoriayjusticiaporluisviale/?ref=page_internal

https://www.facebook.com/lourdes.hidalgo.37853