CTR Y UNA EXPERIENCIA CONCRETA DE LA «VUELTA AL CAMPO» (SEGUNDA PARTE)

Por Deodoro Erdosain

Ten fe en el progreso. La madre tierra se enorgullecerá dentro de poco al ser pisada por hombres y mujeres en vez de rebaños. El sol comienza a besar sus frentes en lugar de quemar sus espaldas.! Ánimo hermane ¡

Ricardo Flores Magón.

Volvimos, porque siempre volvemos a donde puede respirarse Libertad Consciente. Esta vez CTR nos deja entrar para conocer las inspiraciones, referencias y motivaciones que impulsaron a un minúsculo grupo de compañeres a encarar la, por aquellos lejanos días de 2005, improbable empresa de recuperar una porción de Tierra donde producir en función de aportar al verdadero Cambio Social.

En esta oportunidad, quien nos guía en la agradable labor de documentar la experiencia de la Cooperativa de Trabajadores Rurales de San Vicente es Martín Ballesteros. Alto, desgarbado y con dejos árabes en sus rasgos y gestos, Martín, siempre predispuesto al diálogo cordial y al intercambio fraterno, nos toma de la mano y nos conduce por los caminos de la Historia de esta pujante y heterodoxa organización que, día a día, elabora alimentos para el cuerpo, la mente y el alma.

Ballesteros llegó para quedarse a CTR allá por el 2013. Junto a su compañera Amelia y su hija Rebeca, encararon el giro copernicano que supone la «vuelta al campo», y el proceso de campesinización que sendes transitan les encuentra siempre actives y militantes. Rememorando su desembarco en la «Comuna Rural Darío Santillán» nos cuenta: En 2013 llegamos a CTR, mi compa Amelia, nuestra hija Rebeca y yo. Teníamos relación con la cooperativa desde sus orígenes, porque pertenecíamos a la misma organización, pero construyendo en distintos sectores; por mi parte conformando un laburo territorial y Amelia desde su docencia en lo sindical. Siempre tuvimos afinidad con la propuesta de «vuelta al Campo» aquí en CTR y muy buena relación con les compas. Lo que nos termina de definir, creo que fue la posibilidad de tener nuestra casa, ya que alquilábamos y veíamos difícil acceder a un terreno. La idea cerró completa, incluso Rebeca fue adaptándose al cambio de a poco. Por supuesto que una vez instalades aquí empezamos a aportar nuestro compromiso político a la experiencia colectiva.

Reconstruyendo un poco los inicios de CTR, por medio de relatos de otres compañeres y por vivencias propias, Tincho (como amistosamente lo llaman) reflexiona a cerca de la confluencia de experiencias que culminaron en la gestación del proyecto: Para pensar los orígenes de la cooperativa de trabajadores/as rurales de San Vicente nos remontaremos al año 2005, donde la experiencia del frente popular Darío Santillán(FPDS) daba sus primeros pasos, combinando el activismo sindical, la organización estudiantil y el novedoso movimiento de trabajadorxs desocupadxs(MTD) surgido a finales de los 90. La experiencia multisectorial del FPDS, que tenía como idea principal la confluencia de distintos sectores, también incluía el recorrido que venían realizando los MTD con organizaciones campesino indígenas de Argentina (MOCASE) y otros países (MST de Brasil), a través de encuentros y pasantías. Estas vivencias monte adentro fueron muy importantes para valorar y entender la composición de quienes integran todavía los movimientos sociales urbanos, en su mayoría de origen campesino indígena. Además de empezar a hablar de soberanía alimentaria y reforma agraria, de vuelta al campo y agronegocio, ya no era tan necesario cubrir la tierra con cemento en casa.

Fue en este ida y vuelta que se germinó la experiencia de la CTR San Vicente, ese fue el contexto para comenzar una experiencia en la zona periurbana, zona de frontera entre lo urbano y lo rural, tierra en disputa, donde la agricultura familiar es desplazada por los country, donde los barrios populares solo pueden desarrollarse a partir de recuperaciones de tierras y la planificación queda en manos de la especulación inmobiliaria. El inicio fue a pulmón, con mucha audacia, arrancando con nada, con las ganas de impulsar una experiencia rural, comenzar a convocar a vecines a trabajar la tierra, a reflexionar sobre los alimentos, los preparados medicinales, las experiencias personales en el campo, las infancias lejanas allá en el Chaco, Corrientes, o cruzando fronteras caprichosas en el Paraguay o Bolivia. De eso se trata rescatar saberes, dar lugar a la memoria, sembrarla.

Las palabras audacia y memoria, deslizadas por el compañero, nos rebotan en el cerebro. Alguien ha exclamado una vez: «¡Audacia, audacia y más audacia!». ¿Fue Danton? ¿Fue Lenin? ¿Fue Guevara? ¡Qué más dá!, les revolucionaries de todas las épocas han sabido hacer síntesis de ambos conceptos para ponerlos al servicio de las causas justas y las utopías humanas. De audacia y memoria debieron pertrecharse les cumpas que, tomando el toro por las astas, literalmente se lanzaron a la osada tarea de recuperar tierras para concretar formas de trabajo comunitarias y sin explotación, fundando CTR en las orillas del conurbano, donde imperan la mafia inmobiliaria y sus secuases estatales y privades.

Queriendo saber cómo fue el proceso que culminó en la «expropiación de hecho» de, en principio dos y más luego veinte hectáreas en las que hoy se asienta la Cooperativa, le pedimos a Tincho que nos cuente lo que él sabe sobre la experiencia. De manera coloquial y campechana nos dice que el primer espacio en recuperarse fue el predio donde hoy funciona el Almacén de Ramos Generales «Campo Juan», un terreno de dos hectáreas que, ociosas y abandonadas, se encontraban en poder de alguien que decía ser el propietario de las mismas sin acreditar dicha titularidad. Sabedores de esta situación, nos dice Martín, unes cumpas propusieron al dizque dueño la «compra-venta» de la parcela. Acordados el precio y el modo de pago, se tomó posesión del lugar y se comenzó a trabajar en la construcción de la cooperativa.  Avanzadas las labores en ese sentido, respaldades en la irregularidad de la situación jurídica de la titularidad de estas y muchísimas otras extenciones en todo el territorio nacional y conscientes de que toda escritura sobre propiedad de la tierra en Nuestramérica está manchada con la sangre de generaciones de originaries y campesines, les cumpas, unilateralmente dieron por concluida la transacción y por satisfecho al dizque propietario. Algo similar, nos cuenta, sucedió con el espacio de dieciocho hectáreas donde funciona la «Comuna Rural Darío Santillán».

En estos años, hasta el día de hoy, todo fue aprendizaje y mucho compromiso, empezar con una vaquita y con el esfuerzo militante llegar a construir un tambo-fábrica, comenzar con huertas familiares y lograr parcelas comunitarias hortícolas, construir ladrillo a ladrillo un almacén de ramos generales y un espacio gastronómico, entender que el patriarcado mata y oprime y crear una consejería para dar la pelea diaria a la violencia machista. Todavía después de 16 años de vida, la CTR sigue naciendo, reconoce el compañero con cierto justificado orgullo y digno tono. Sus palabras nuevamente apelan a la audacia y a la memoria.

«¿Quién puede decir esta tierra es mía?», se preguntaba hace muchos años un viejo luchador, trabajador de «la ítalo» primero, de SEGBA después y, por último, forzado al «retiro voluntario» en EDESUR. Hoy podemos contestarle: ¡Élles, Camarada Néstor! ¡Les cumpas de CTR!, y todas esas personas que no conformes con el mal reparto de la tierra hacen reforma agraria a como dé lugar, desde lo cotidiano, sin esperar la tutela estatal, ocupando de hecho y trabajando con sus manos un mundo que por derecho natural nos corresponde a todes.

 

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