ESE VERANO NEGRO

Por Redacción ANCAP

Imagen de portada Martín Vera

Un insufrible verano en la ciudad de Buenos Aires. Una empresa monopólica alimentada con sacrificio obrero y la teta de la obra pública, regenteada por una «dinastía» italiana cuyo fundador había llegado al país con una mano atrás y otra adelante. Condiciones infrahumanas de trabajo por un sueldo miserable. Soberbia patronal y maltrato sistematizado en pos de doblegar la dignidad trabajadora, sumado todo al calor infernal de ese principio de año, desatarán la rebelión popular más grande y la represión más sangrienta que hayan tenido lugar en el Río dela Plata.

 

Ese «verano negro» de 1919 cabe en la memoria como el tiempo de la infamia y la masacre. La huelga de los obreros de los Talleres de Vasena había comenzado el 2 de diciembre de 1918, motorizada por la Sociedad de Resistencia Metalúrgicos Unidos y desde los inicios tuvo visos de irreductibilidad de posiciones; por un lado la codicia y la angurria del clan Vasena que en su ambición no escatimaba medios para extraer plusvalía, por otro, el reclamo de los trabajadores que, hartos del manoseo, exigían la jornada de 8 horas y un aumento de sueldo.

La prolongación e intensificación del conflicto dará lugar a la intervención estatal de la mano del gobierno de Hipólito Yrigoyen, quien ante un muy traído de los pelos «peligro bolchevique» ensayará la matanza de obreros que luego se convertirá en «modus operandi» del primer populismo argentino.

Las fuerzas en pugna: Trabajadores de la empresa, a los que se sumarán con el correr del tiempo las centrales obreras y gremios autónomos de la región, a más comerciantes y población en general; contra los dueños del establecimiento junto a la policía, el cuerpo de bomberos, grupos parapoliciales, mercenarios y rompehuelgas.

Los hechos de sangre iniciados por la terquedad patronal darán comienzo a una escalada de violencia inusitada que tendrá como escenario al barrio de Nueva Pompeya, en principio, para luego extenderse a localidades aledañas. La huelga se hará sentir también, en las más importantes ciudades del país.

Frente a la solidaridad proletaria, el gobierno radical se inclinará con su aparato represivo en favor de los empresarios y ordenará militarizar la Capital Federal, tarea que recaerá en el General Luis Dellepiane quien tendrá como subordinado a un joven Teniente Juan Domingo Perón, encargado de proveer proyectiles a las fuerzas represivas; propiciando cacerías y «pogrom», llegando al súmmum de la barbarie emboscando en el cementerio de la Chacarita al pueblo que se disponía a enterrar a sus muertos.

El saldo material de aquellos mas de 40 días de conflicto abierto se contabilizará en centenares asesinados y asesinadas de la clase desposeída, daños materiales a empresas, comercios, viviendas, locales gremiales e iglesias a causa de incendios, expropiaciones y destrozos. El saldo simbólico dejará inscripto en la Historia de los Pueblos a qué precio se alcanzan las victorias.

ANCAP recuerda en estos días, a 103 años de ocurridos estos sucesos, a Mario Borato y Juan Zapetini, dirigentes metalúrgicos que encabezaron la huelga despreciando el peligro y los intentos de soborno, y a «la Marinera», mujer solidaria de la que sólo conocemos su apelativo gracias a Horacio Ricardo Silva, quien la rescata del olvido y nos la pinta socorriendo heridos y asistiendo a los y las huelguistas a riesgo de su propia vida.

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