LA ALTERNANCIA “DEMOCRÁTICA” CÓMO ENTRETENIMIENTO DE MASAS

Por Iván Fierro

El juego de la alternancia democrática en Argentina toma elementos del fútbol y del teatro.


La población asiste a él periódicamente con una pasmosa credulidad y una disfrazada pasividad de cordero frente al cuchillo, para canalizar en el ejercicio del voto, pasiones y energías que, puestas en acción con un objetivo creador, productivo e innovador, redundarían en las mejora sociales que se pretenden alcanzar depositando las esperanzas y las responsabilidades en aquelles a quienes se adoptan como jugadores u equipos predilectos o personajes favoritos.
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GALLARDO, EL TRAIDOR Y EL HÉROE

Kilpatrick, en el célebre cuento de Jorge Luis Borges “Tema del traidor y el héroe”, era el cabecilla irlandés de la conspiración que fracasaba sistemáticamente hasta que se descubrió que él era el verdadero artífice de cada fracaso. Por temor a que cayera la conspiración, se gestó una versión alternativa de su deceso que inspirara al pueblo. La admiración que había despertado en el pueblo fue lo que motivó la exoneración del líder y su ficcionada “muerte heroica”.  Por Juan manuel Lazzarino para Ancap.

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El fútbol, la lealtad de clase y la honestidad, ausentes en el Clásico

El indiginómetro va de punta a punta;oscila. “Esto es una vergüenza”, se escucha.
El sinónimo que primero emparenta la Real Academia Española, la misma que aceptó la frase “subir arriba”, es “ignominia”. Dentro del campo semántico, la define por su cercanía. Ignominia deriva del latín ignominĭa, cuya etimología remite a la «pérdida del nombre». Por Lorenzo Mayo para Ancap

El supuesto espectáculo del jueves tiene de todo, pero por sobre todo tiene nombre: NEGOCIO.

Faltó el futbol, pero ya no importa. No importa si Rodolfo Arruabarrena no supo cómo contrarrestar el candado que le propuso Marcelo Gallardo con un medio superpoblado. No importa si jugando con volantes interiores, o los laterales suben o los puntas bajan para logar acortar al equipo. No importa, porque en los 45 minutos que se jugaron también faltó el fútbol.

Después de la agresión al plantel de River, lejos de cualquier preocupación por la salud de los jugadores, pasó a ser más relevante cómo se salvaba el negocio. Porque los jugadores pueden volver a ver cuando se les vaya la irritación, porque los técnicos pueden volver a plantear el equipo, pero el negocio no se puede poner en duda. Menos cuando invita a todos a participar de él.

Entre otras cosas, el jueves era el Día del Futbolista. Ayer se había muerto un futbolista, Emanuel Ortega de San Martín de Burzaco (Primera C, cuarta categoría del Fútbol Argentino), a causa de un traumatísmo encéfalo craneano sufrido al chocar contra una pared que está apenas a un metro y medio de la línea del lateral. Ayer, mientras los jugadores de River esperaban para salir del terreno de juego con síntomas visíbles del gas lacrimógeno, sus ¿colegas? de Boca esperaban las órdenes de la barra, que se comunicaba a través de los elementos de seguridad del club. Porque el Jefe de Seguridad de Boca es Carlos Stornelli, el fiscal de la Nación, que testificó sus vínculos y los del vice jefe de Seguridad del club con el cabecilla de la 12, Rafael Di Zeo, en un documental sobre barras (https://www.youtube.com/watch?v=FyhpFOLnMSQ 00:35:55 y 00:41:35). Una relación que no es para nada nueva, ya que cuando Stornelli fue nombrado ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, nombró como su secretaria privada a Susana Spinetto, esposa de Di Zeo.FavaleRiverDefensa

Ahí está el negocio, en la financiación de la barra. Camisetas, puestos de venta de comida, tours de turistas que se facturan en dólares, el estacionamiento alrededor del estadio, la venta de droga al menudeo. Todo es el negocio y el negocio es de todos. Porque la barra atiende ese mostrador, pero también atiende en los actos de los partidos políticos, donde operan como “bulto” y fuerza de choque. Como cuando por encargo de Unión ferroviaria, Christian Favale, barra de Defensa y Justicia, ejecutó al militante del PO Mariano Ferreyra. Una interpretación es esa; la otra es la que ofreció la presidenta de la Nación, Cristina Fernandez de Kirchner, cuando el 30 de julio de 2012 dijo: “Mi respeto a ellos, que están colgados a los paravalanchas y ni miran el partido. Por algo hay que tener pasión”Clarín

Como el negocio es tan complejo, es una red de poder (perdón Foucault), habrá que ver quién suelta el primer nudo. Pero fútbol, lo que se dice fútbol, no es.

ADIOS EN SILENCIO.

La muerte del jugador de San Martín de Burzaco Emanuel Ortega pasó a segundo plano, el día que el fútbol argentino mostró todas sus miserias. ¿Desgracia o imprudencia? Análisis de un hecho que debe sentar precedente y no pasar al olvido.

Por Diego Ferraro.

Ironías que maneja el destino. El 14 de mayo, día del futbolista, el corazón del jujeño Emanuel Ortega dejó de latir. Justo ese corazón que latía al son de una pelota. El jóven futbolista era oriundo de la ciudad de Perico, de donde trasladó todos sus sueños al sur del gran Buenos Aires, cuando sus cualidades técnicas le permitieron ser fichado por el Club Atlético Banfield. Con un apellido de futbolista ilustre de su provincia natal, escribía permanentemente en su muro de Facebook cuanto lo apasionaba este deporte y contaba a quien quisiera oír que el día que no pudiera jugar más, ya no querría vivir tampoco; tenía sueños de grandeza como cada jugador que quiere volar alto. La falta de oportunidades en el “taladro” lo hizo aceptar el pase a préstamo a San Martín de Burzaco, entidad que milita la Primera C del fútbol argentino, cuarta categoría del ámbito metropolitano. Buscaba la continuidad que no lograba, y la consiguió. El pasado 29 de abril, durante el encuentro que su equipo disputaba frente de Juventud Unida, fue a disputar una pelota con el alma como cada vez. El delantero rival Alexis Valenzuela lo desplazó con el brazo, con la mala fortuna que al caer fuera de la cancha impactó su cabeza contra la pared en la cual comienza el alambrado perimetral, situado a menos de dos metros de donde finaliza el campo de juego. Como resultado, sufrió una doble fractura de cráneo, y tras dos intervenciones quirúrgicas, perdió la vida en la madrugada del 14 de mayo. Durante los días que permaneció internado, se escuchó la frase “fue mala suerte” o “es un hecho fatídico”. No hay dudas, el hecho es fatídico. Pero ¿es realmente una cuestión de suerte? Los estadios del fútbol argentino cuentan con una serie de falencias que hacen a uno dudar que este tipo de hechos sean fortuitos, y el problema no radica en la humildad de los clubes del ascenso, los cuáles económicamente no están en condiciones de hacer grandes inversiones. Sin ir más lejos, los estadios de Banfield o Lanús, por citar ejemplos de instituciones de Primera División, han tenido renovaciones para aumentar su capacidad y comodidad en los últimos diez años. Sin embargo, a menos de dos metros del final de las líneas que delimitan el campo de juego hay paredes similares a la que le provocaron la contusión fatal a Emanuel Ortega. ¿Nadie mide tal consecuencia? ¿Es mala suerte o imprudencia?

El  golpe trágico de Emanuel Ortega
El golpe trágico de Emanuel Ortega

Allá por 1997, en el estadio de Banfield, el jugador de All Boys Fernando Batista perdió la estabilidad en una maniobra muy similar, sólo que cayó de frente y perdió dos dientes al dar contra el borde de la pared. 18 AÑOS ATRÁS. ¿Nadie tomó nota en la Asociación del Fútbol Argentino?. Lógicamente, nadie espera un final como el del hombre de San Martín de Burzaco, pero la prevención esta a cargo de la casa madre del fútbol local. Alegarán las instituciones de las categorías menores que no están económicamente capacitados para emprender obras, y es entonces que me pregunto ¿A que destina los más de 1600 millones de pesos anuales que recibe la AFA de parte del Estado a cambio de la televisación del torneo de Primera División? Tengo la certeza que podría ayudar a las instituciones de menor relevancia a hacer este tipo de obras que no requieren una gran inversión y que no alterarían de ninguna manera la economía interna de AFA, pero en lugar de invertir en el cuidado de los protagonistas, se eligió destinar más de 300 millones de pesos en los últimos cinco años para solventar la deuda de los cinco grandes del futbol local (Boca, River, San Lorenzo, Independiente y Racing) con la AFIP. Un típico manejo empresarial en el que se elige a los actores de mayor relevancia, dejando de lado hasta la integridad de los protagonistas de la historia. ¿Cuán seguros son los estadios del futbol argentino? ¿Que medidas de seguridad se toman para evitar este tipo de tragedia? La mítica “Bombonera”, sede de un bochorno por estas horas, no cuenta con una ambulancia dentro del campo de juego por una sencilla razón: NO HAY ESPACIO. Las mismas ante una urgencia deben entrar por una puerta lateral del campo de juego, accediendo desde la tribuna. Sabido es que la atención médica en los primeros instantes es una cuestión fundamental, y en uno de los estadios más importantes de la argentina se sufren males como este. Si un jugador sufre una descompensación cardíaca en el transcurso del partido, ¿ luego vamos a estar en condiciones de hablar de mala suerte?.

El Estadio de Huracán fue testigo de un choque de cabezas en 1999 en el que casi pierde la vida el jugador del “globo” Diego Graieb. No pudo ser trasladado con velocidad y permaneció en el piso por más de 20 minutos con el doctor Locaso practicándole  respiración boca a boca, lo cuál finalmente le salvó la vida. El motivo por el cuál no podia trasladarse al jugador era que en el estadio Tomás A. Ducó tampoco la ambulancia puede permanecer dentro del campo de juego, y la puerta de ingreso al mismo es demasiado angosta; hoy, 16 años después, el ingreso para ambulancias sigue siendo el mismo. Si el hecho se repite, siendo esto posible porque es un deporte de roce y contacto, ¿podremos echarle la culpa a la suerte?.

Este texto no busca ser agresivo respecto de los estadios mencionados. Casi el cien por ciento de los estadios en los que se juega al fútbol profesional en Argentina, y no solo no garantizan la seguridad de los espectadores, sino tampoco de los protagonistas. Si las medidas de prevención para que los hechos no sucedan o no se repitan siguen sin ejecutarse, echarle la culpa a la suerte ya no será una opción. La A.F.A. y los clubes eligieron suspender el fútbol este fin de semana para homenajear a Emanuel Ortega. Seguramente, algunas instituciones usen también un brazalete negro. No alcanza, cuando una muerte es evitable. Los paredones a menos de dos metros de la línea a esta altura del mundo deportivo es como si aún persistieran las paredes a pocos metros de las curvas en la Fórmula 1, que tantas vidas se llevaron. La diferencia principal radica en que el automovilismo se han tomado las medidas necesarias para achicar a el mínimo posible las muertes en accidentes evitables.

El día que sus sueños se apagaron, sus colegas más famosos le hicieron el peor homenaje posible. Los jugadores de Boca no tuvieron solidaridad alguna con sus colegas de River  y eligieron ser leales al que dirán para quedar mejor parados ante su gente, dejando en claro la importancia de la cultura del aguante, desnudando también el temor de los jugadores xeneixes a su propia barra, aunque estos son temas para un futuro texto. Ante la violencia inusitada descargada en los jugadores de River, el mejor homenaje a los sueños truncos de recibido en el día que se llevo las gambetas al cielo, hubiera sido que los once jugadores de Boca hubieran priorizado la humanidad de sus once colegas de River. Pero este fútbol enfermo producto de una sociedad enferma, este fútbol imprudente que derrama las culpas en la suerte, este fútbol capitalista que beneficia poderosos en sus escritorios y no cuida ni a los propios protagonistas, no supo ni siquiera darle una despedida coherente, y despojó su partida a un segundo plano.

Triste realidad. Emanuel murió, pero no lo hizo solo. De La Bombonera se llevó con él la poca dignidad que le quedaba al fútbol argentino. Que en paz descansen.

http://www.youtube.com/watch?v=dgjlVUbd9yM