Como si fuera una paradoja del destino el apellido Verón ha pasado de ser una referencia futbolística a tratarse de mártires de la represión del estado contra activistas sociales. Porque al ya reconocido caso de Anibal Verón, militante asesinado en el 2000 en una ruta en Salta por manifestarse contra el poder terrateniente del norte argentino, hoy debemos sumarle el nombre de Ángel Verón, otro hombre que resulta asesinado por las patotas uniformadas de los gobiernos cuasi monárquicos (a pesar de la abolición de ese sistema político en nuestras tierras en 1810) también del norte, en este caso el Chaco. Por Juan Alberto Perez
Los hechos que pasaremos a contar parecen dignos de un deja vú, un sueño; o mas bien una pesadilla con los ojos abiertos, pero con los oídos dormidos de una sociedad argentina que mira más las elecciones a presidente que el genocidio y la persecución de la que son víctimas sus compatriotas.
Estos hombres son víctimas de una política que impone la represión y el sometimiento de los pueblos a la voluntad de los intereses privados.
Y es que tanto Aníbal como Ángel vivieron en carne propia el castigo que se le aplica a quienes tienen la voluntad de alzar la voz por los derechos de los explotados. Aníbal Verón cayó por las balas de la policía de Romero en Salta, su muerte no fue azarosa, él era el líder identificado y el disparo que hizo que se desplomara sobre el ardiente asfalto de la ruta norteña fue muestra de esa identificación que las fuerzas represivas tenían sobre su persona. Una bala en la cara y final de la historia. Porque claro, como muchos otros casos la impunidad mostró su rostro en esta historia.
El caso de Ángel Verón puede entenderse en este contexto como la otra cara de la moneda. En el desalojo que hizo la policía chaqueña el arma que intentó acallar la voz de Ángel fueron los golpes de puño y los bastones cobardes de las fuerzas de “seguridad” de Capitanich. Verón fue detenido y golpeado dentro de su propio terreno en las márgenes de la ruta provincial N° 11. Trasladado al Hospital Perrando en Resistencia y en casi veinte días de agonía Ángel Verón muere esposado a la camilla que lo alojaba desde la barbarie que contra él y su gente impuso el poder local. Hoy los abogados de su familia y sus compañeros de militancia hablan de que no hubo orden judicial por el desalojo y que los grilletes durante su internación fueron un ultraje, ya que no había motivos para pensar que un hombre en estado de coma y brutalmente golpeado pudiese escapara del nosocomio.
Aquí dos mártires, que representan a muchos más. Ambos comparten el apellido Verón. Uno (Aníbal) fue la inspiración para la creación de una organización social (MTD) de la que el otro (Ángel) formó parte en la regional del norte. Los dos son víctimas de las fuerzas represivas del estado que buscan imponer su hegemonía a fuerza de violencia y sangre.
