La ciudad de Buenos Aires fue el escenario de una multitudinaria marcha de trabajadores, en vísperas del 1° de mayo. Las calles super pobladas, expresaban la bronca con las políticas de ajuste y despidos que afecta a los obreros. Por Juan Alberto Perez
El epicentro del acto fue en las intersecciones de las avenidas Paseo Colón e Independencia, apenas a una cuadra de la histórica sede de la CGT de la calle Azopardo. Sin embargo, todo el centro fue escenario de la movilización. La postal del ingreso a la ciudad por la autopista 9 de Julio sur y la mismísima avenida más ancha del mundo fueron las “alfombras rojas”. Los micros que transportaban a la gente, los puestos de comidas y los vendedores ambulantes de bebida decoraron la litúrgica marcha. A pie, con banderas y bombos centenares de miles fueron encontrando su lugar de reunión con compañeros de trabajo, compañeros de militancia o simplemente con sus referentes políticos. Desde pasado el medio día en el ambiente de las calles del centro se presentía el sentimiento de enojo, por las políticas opresivas del Gobierno Nacional, que a su vez se contradecía con la festividad de los sonidos guturales de los cánticos y el humo de la pirotecnia.
Hombres y mujeres trabajadoras quisieron hacer notar que no cayó en gracia el plan sistemático de flexibilización del trabajo que tiene este gobierno, como así también el ajuste que debe pagar el pueblo obrero a partir de los impuestazos. Por eso el principal apuntado en los cantos, las banderas y los carteles fue le presidente Macri, máximo responsable de la situación social que se vive en Argentina.
El acto central tuvo varios oradores, entre ellos Hugo Moyano, Antonio Caló y Pablo Micheli. Pero más allá de los discursos y los mensajes, alguno de ellos más incisivos contra el accionar del gobierno contra el sector popular, lo que se hizo oír es la voluntad del pueblo trabajador, que unido y organizado en las calles puede hacer pesar mucho más su voluntad que cualquier otro sector. Y en este sentido, cobra mayor importancia la necesidad de que los trabajadores tengan en cuenta y hagan notar la importancia social que poseen, como engranaje fundamental y sobre el que debe solidificarse la estructura social de los pueblo que pretendan su liberación y soberanía.
