MASACRE DE PERGAMINO: ORDENAN PRISIÓN PREVENTIVA AL EX COMISARIO ALBERTO DONZA

El miércoles pasado, en el marco de la audiencia pública en el juzgado de garantías Nº 1 de Pergamino, el fiscal Nelson Mastorchio y las partes querellantes solicitaron al juez de garantías Cesar Solazzi la prisión preventiva para el ex comisario Alberto Donza, máximo responsable de la Masacre que terminó con la vida de 7 jóvenes. Hoy se conoció la decisión del juez: denegar los pedidos de excarcelación extraordinaria y/o arresto domiciliario solicitados por la defensa del ex comisario Alberto Donza, que esperará el juicio detenido en un penal. (Por Colectivo de Medios de Comunicación Popular*)

Crónica de una audiencia

La mañana del miércoles 13 de junio helaba. A las 10 estaba citada la audiencia pública que definiría el destino del ex comisario Alberto Donza, que permaneció prófugo de la justicia por más de 400 días, con pedidos de paradero nacional e internacional.
La audiencia no sería simple: no se sabía si Alberto Donza estaría presente, pero todo hacía suponer que sí. Las madres, hermanas, compañeras, de las víctimas de la masacre de Pergamino no pudieron dormir la noche anterior. Era la primera vez que tendrían en frente al máximo responsable de la masacre. El que faltaba, el que la justicia no buscó, el que armó una red que le permitió permanecer más de 400 días prófugo, el que mintió en su declaración cuando se entregó. El que dejó morir a los pibes, el que no entregó las llaves, el que no usó los matafuegos.
La llegada al poder judicial de Pergamino siempre es tensa para las familias de los siete pibes que murieron producto del fuego y de la acción policial el 2 de marzo del 2017 en la celda 1 de la comisaría primera de Pergamino (ex centro clandestino de detención). Es que desde el que abre la puerta hasta el que cuida los pasillos del palacio son policías, todos compañeros de los responsables de la masacre. Ahí están, en todos lados, actuando, como acostumbran, de forma corporativa, de miradas desafiantes y provocaciones concretas.  Que los registremos no les gusta, al punto que uno de ellos no se aguanta y nos pregunta “¿para qué necesita sacar fotos, señorita?”, “soy prensa, vengo a registrar”.
Así es la espera en los pasillos de los tribunales de Pergamino. La audiencia que estaba citada a las 10 empezará pasadas las 11. Alberto Donza salió de Campana, donde permanece preso, a las 8:45, nos informan. Seguramente, pensamos, lo esperaran a que desayune tranquilo, trato diferencial para el ex comisario, a los pibes los sacan a las 4 de la mañana cuando tienen audiencias. Pero al ex comisario no. La espera de más de una hora se vuelve ansiedad, decidimos salir al frío y dar la vuelta al edificio, a esperar frente al portón que abre el garage a ver si llega Donza. Un llamado desde dentro nos avisa que en la sala ya está todo dispuesto para el inicio de la audiencia. Que volvamos porque no podremos entrar luego. Casi instantáneamente llega la camioneta policial que traslada a Donza. No logramos verlo, custodiado entre dos integrantes del servicio penitenciario bonaerense.
Corremos a la sala, entramos. Aún no había ingresado Alberto Donza. El aire se cortaba  con la mano y un silencio enorme invadía todo el espacio. Ahí estaban las familias de las víctimas: Sergio Filiberto, Franco Pizarro, Fernando Latorre, Federico Perrota, Noni Cabrera, Alan Cordoba y Jhon Claros.  Sostenían carteles con las caras de sus hijos, compañeros, hermanos. También estaban los/as abogados/as de las querellas, entre ellas, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM). Es 13 de junio, se vota la despenalización y legalización del aborto en el Congreso, y los pañuelos verdes también están en esta sala, en el cuello de la abogada de la CPM, en la muñeca de Ludmila, en las mochilas.
Sentados frente a las querellas y a las familias de las víctimas se ubicaron los abogados del ex comisario Alberto Donza, Federico Mastropierro y Carlos Esteban Torrens. Ingresaron más tarde el fiscal, Nelson Mastorchio y el juez de garantías Cesar Solazzi. En la puerta, detrás nuestro, al lado del juez, al lado de los/as abogados/as,  hay  policías. La espera se extendió por casi 10 minutos eternos, hasta que se abrió la puerta del costado e ingresó Alberto Donza, con casco, chaleco antibalas, y esposas. Custodiado por hombres fuertemente armados. Uno de ellos llevaba un crucifijo colgado de la gorra que reza “SPB”. Donza se sentó. Le sacaron el casco y las esposas. No miró en la hora y media que duró la audiencia nunca para el lado de las familias.

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El fiscal inició su argumentación señalando todos los hechos que, a su criterio, justificaban el pedido de prisión preventiva por existir “riesgo procesal”: la gravedad del delito, las características personales del imputado y sobretodo la profuguez que sostuvo durante 13 meses, las contradicciones con sus compañeros coimputados y testigos de la causa, así como con sus mismas declaraciones. Una de las mentiras señaladas por el fiscal fue en torno a la declaración de Alberto Donza sobre lo que pasó ese 2 de marzo: “no escuché voces. Solamente una voz que decía ‘aguanten aguanten’”. El período de instrucción ya demostró que los gritos de los pibes se escuchaban hasta la calle. Además, con su anterior abogado defensor Donza en su declaración inicial había dicho que él mismo había intentado abrir la puerta aquel 2 de marzo, mientras que en la declaración que se le tomó hace poco más de un mes cuando se entregó, sostuvo que él no estaba en el lugar. Estas son sólo dos de las muchas mentiras y contradicciones que señalaron el fiscal y las querellas.
Las partes querellantes acompañaron en términos generales el pedido del fiscal, aunque sumaron aspectos que deben ser centrales en la investigación de la masacre, y a los que el fiscal no había hecho referencia. En este sentido, Pedro, por la querella de la CPM expresó ante el juez “también hay que analizar que se trata de un prófugo exitoso, de haber estado 13 meses en una situación así, con un pedido de captura nacional e internacional, habla de una capacidad, de una logística, de una característica especial, que a pesar del estado público del hecho ha logrado estar 13 meses evadiendo de la justicia, habla de la necesidad de que  esta medida cautelar para que el proceso sea exitoso, debe ser contundente y esperar el juicio en prisión”. Maximiliano Brajer, otro de los abogados querellantes, retomó este planteo en su exposición “Cuando se reordene el proceso quedará por verse qué pasó durante estos 400 días. Cómo logró permanecer ajeno al accionar de la justicia, y si hubo alguna ayuda adicional de algunas personas, que obviamente, deberán dar alguna respuesta, si es que esa ayuda no se ajusta a las excusas absolutorias que prevé el código penal”. En otras palabras lo que también hay que investigar es ¿quiénes permitieron que Alberto Donza permanezca más de 400 días prófugo?

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Luego de las querellas llegó el turno de la defensa de Alberto Donza. El abogado Carlos Esteban Torrens expresó “En esta audiencia no hay que definir si Donza es culpable o no, sino que se trata de ver si existe riesgo procesal como para justificar una prisión preventiva.” De este modo, el abogado defensor intentó desestimar la exposición del fiscal y de las querellas que previamente habían señalado todos los hechos que demuestran que Alberto Donza intentó entorpecer el proceso. Rozando el cinismo, el abogado del ex comisario expresó “claro que nos hacemos cargo del dolor de las familias, pero nada impedirá que vele por los derechos de mi defendido”. Esta defensa sostuvo e intentó convencer al juez, que el ex comisario no estaba prófugo, sino que estaba aguardando que “la cámara de casación provincial resuelva un pedido de eximición de prisión” que le permitiera transitar la llegada al juicio en libertad, aun sabiendo que se encontraba una orden de detención en su contra y el  pedido de paradero tanto nacional como internacional.  Antes que terminase la audiencia, Alberto Donza aceptó hacer uso de su derecho a hablar. Sin mirar a las familias intervino para desligarse de su responsabilidad al expresar que a él jamás lo instruyeron en modos de accionar ante este tipo de casos. Las palabras de Donza hicieron estallar de dolor, bronca e impotencia a las familias de las víctimas, que habían permanecido en silencio durante la hora y media, escuchando incluso provocaciones del abogado defensor. Se sucedieron entonces los gritos “asesino” “miranos a la cara, decinos qué sentías.” El juez salió de la sala. Ahí estaba Donza, inconmovible. Lo hicieron parar, lo sacaron. Fin de la audiencia.
Salimos. Mariana, compañera de Fernando Latorre, decía no poder  entender que Donza no mirara y estuviera tan frío, “Como si no le pasara nada”. Y Silvia, mamá de Fernando agregó: “verlo ahí te da mucha impotencia, porque te da ganas de que nos mire a la cara, de que vea nuestro dolor, que nos mire a los ojos y eso no pasó”
No las miró a la cara, no le importa el dolor, pero, por ahora, Alberto Donza esperará el juicio en cárcel, el único lugar que le cabe a los asesinos. Es probable su defensa apele  la decisión del juez Solazzi ante la cámara de apelaciones en lo penal. Nada hace suponer existan argumentos para que se modifique su situación procesal, pero con la justicia nunca se sabe.

* FM La Caterva, La Retaguardia, FM Riachuelo, Agencia Paco Urondo, Sur Capitalino, ANCAP.

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