AGUSTIN RAMIREZ: MARTIR DE LOS ASENTAMIENTOS

Era una noche de invierno en San Francisco Solano, la película Tiburón se estrenaba en la pantalla de TV, Agustín Ramírez tenía que llevar unos postes de madera al asentamiento San Martín. Nunca pudo llegar, una patota de la bonaerense lo secuestró, lo torturó y asesinó. Era el 5 de junio de 1988. Amigos y amigas del Capi de Solano, como se lo conocía, no podían creer que esa noticia fuera cierta. Habían matado a un joven militante de las Comunidades Eclesiales de Base, que fue una referencia para muchos y muchas de los asentamientos, que hoy son barrios poblados en Quilmes y Solano. ¿Qué pasa cuando se disputa la tierra al poder? ¿Por qué la impunidad dura 31 años? ¿Quiénes son los responsables de este asesinato? Son 31 años los que llevan familiares y amigos de Agustín Ramírez en pedido de justicia. No claudican, resisten y sueñan con que haya justicia. La vida por los demás era una frase que lo identificaba a éste joven, la misma que supo identificar a Claudio Pocho Lepratti, quien conoció la historia de Agustín y se interesó por profundizarla. Dos militantes sociales que se entrecruzan en varios puntos, entre ellos jugarse por una idea y dejar todo sin medir las consecuencias.  

Por Federico Paterno

Agustín tenía una forma de ser donde podía caer en casa de sus amigos o amigas a las dos de la mañana para contar una idea que había que concretar, había muchas necesidades que cubrir en los barrios, no se podía esperar. Su militancia desde las Comunidades Eclesiales de Base (CEBS) de la mano del Cura Raúl Berardo como formador de Agustín, fue de participación constante, sin medir riesgos. Esa formación del sacerdote tenía una inclinación directa a cubrir una necesidad visible de esa época (1982) la tierra y la vivienda. Berardo replicó el trabajo de la organización brasilera: Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (MST), había viajado a Brasil y aplicó estas prácticas, pero en el Conurbano Bonaerense. Las familias venían siendo despojadas de sus viviendas desde la Capital Federal, tras el comienzo de la construcción de las autopistas, lo que generaba que a cambio de unos pocos pesos les hacían dejar sus hogares.

Se lo conocía como tomas de tierras, fue una decisión imperante ante la desesperación de tantos vecinos y vecinas sin un techo para vivir. Las primeras fueron de fuerte presencia. En la primera jornada histórica, el 27 de noviembre de 1981, fueron más de 4.500 familias, casi 20 mil personas, las que consiguieron tener un lugar donde vivir. La toma se extendió en lo que hoy es barrio El Tala, La Paz, Santa Lucía, Santa Rosa, asentamiento San Martin y Monte de los Curas; este último barrio, la gente del asentamiento cuando ocurre la guerra de Malvinas le ponen al barrio 2 de Abril.

El viejo Raúl, como se lo conocía al cura quilmeño, tenía un carisma que muchos de los que estuvieron en aquellas tomas de tierras lo reflejan. Su formación política se refuerza en su viaje realizado a Nicaragua junto al Frente Sandinista de Liberación Nacional. Supo ganarse el mote del Cura rojo o comunista, poco le importó.

“A mi hermano pocos días antes de que lo mate la policía, lo paró más de una vez, y le dijeron que se dejara de joder y que la cortara con lo estaba haciendo”, sentenció Javier Ramírez, hermano de Agustín. Fueron varios los avisos que le hicieron notar a Agustín que la tarea que estaba cumpliendo no era bien vista para la política de turno, la policía y el negocio inmobiliario de la zona. Su compromiso siempre estuvo al lado de los humildes, en los asentamientos. Pablo Pimentel, referente de APDH La Matanza recordó sobre el joven de Solano “Formó los fogones para darle voz a los expulsados de la sociedad, El mejor homenaje es que se sepa la verdad de lo que pasó”. Pimentel junto a Agustín fueron de los primeros objetores de conciencia de la Argentina, al negarse a realizar el Servicio Militar Obligatorio. Participaron ambos del FOSMO (Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio).

El día que se presentó en el SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia) el caso ante la CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos), Adolfo Pérez Esquivel señaló “La injusticia debilita a la democracia y debilita al pueblo, es bueno no bajar los brazos y seguir reclamando. Agustín se comprometió con la lucha del pueblo”.

PERSEGUIDO

En la Comisión de Familiares y Amigos de Agustín Ramírez, y en varios de sus compañeros de militancia de aquella época,  causó un fuerte impacto enterarse, por parte de los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Policía Provincial de Buenos Aires (DIPPBA), que éste joven de las Comunidades Eclesiales De Base había sido perseguido por parte de la Policía de la Provincia, hasta asesinarlo el 5 de junio de 1988.

En los legajos de la DIPPBA la Comisión Provincial por la Memoria detectó una clara persecución a Ramírez e incluso el seguimiento a los familiares y amigos de Agustín a posteriori de su muerte. Observaban lo que hacían, con quienes se juntaban, etc. Lo que estos archivos muestran es que Agustín, a partir de que radicó una denuncia el 24 de mayo de 1988, en una comisaría de Rafael Calzada, tras la represión que sufrieron los vecinos en una de las tomas de tierras. Esta denuncia que realizó provocó aún más su seguimiento y culminó el 5 de junio con su asesinato. La DIPPBA llevó una inteligencia pormenorizada de las tomas de tierras en el Conurbano. Agustín “Capi” Ramírez, ya venía teniendo una tarea de trabajo barrial y de gran compromiso con los más humildes.

Uno de los legajos indica “Este militante de izquierda fue abatido el 05-06-88 por la Policía de la Provincia de Buenos Aires”. Sumado a esto varios recortes periodísticos de la época que hacían un seguimiento detallado de cómo se sucedía la causa de Ramírez una vez asesinado.

AGUSTIN Y EL POCHO

¿Por qué se puede apreciar cercanías con la lucha del Pocho Lepratti? ¿Dónde se cruzan esas vidas militantes? ¿Qué factores los identificaron?

Ambos venían de una formación con el apoyo de la Iglesia, y un disparador desde ese lugar para salir a dar respuesta ante las desigualdades que veían, uno en Solano, otro en Ludueña (Rosario). Los dos con los pelos largos, los morrales, los sacos largos. Trabajando con los vecinos y vecinas para cambiar la dirección de lo establecido.

Una misma forma de acercarse a los jóvenes de las esquinas y de los barrios fueron los fogones. Agustín lo hizo junto a su equipo de trabajo: Es.La.Ga (Equipo Social Latinoamérica Gaucha), mate cocido y tortas fritas, la guitarra de su amigo, el Cabezón, infaltable para cada fogón. El Pocho tenía su trabajo en la escuela del barrio Ludueña, desde ahí organizó y coordinó varios grupos de jóvenes que intentaban esquivar los problemas que tenían en el día a día en el barrio. Con los grupos de pibes se compartían noches enteras, entre guitarreada, campamentos y fogones.

Así como estaba la publicación Latinoamérica Gaucha por el lado de Agustín, Lepratti tenía El Angel de la Lata, vendida por los chicos de la calles. Tapado de actividades cada día, Pocho recorría desde la mesa de los pibes de Villa Banana, dar mate cocido con facturas, pasar por la Iglesia y repartir las semillas de la Prohuerta y seguir sin un freno. Agustín no veía tampoco ese freno. De Solano a La Plata para averiguar en Catastro los terrenos que eran fiscales y poder saber con claridad en que terrenos realizar la toma para evitar problemas, formarse políticamente con las charlas largas entre sus compañeros y amigos: Mario Manuel y Jorge, o Chambi para el barrio. Buscar apoyo para sostener la revista, si veía un pibe en la calle lo llevaba a su casa para darle un mate cocido y algo para comer. Dos vidas cruzadas por un mismo eje: la solidaridad y la vida por los demás.

A Pocho lo matan trabajando, ahí en su lugar junto a los pibes, pidiendo que no disparen. Agustín estaba cumpliendo una de sus principales tareas, llevar material al asentamiento, tenía muy claro en qué lugar tenía que estar, a pesar de las amenazas, pese a los avisos desafiantes que recibió. Ambos asesinados bajo las balas policiales. Sus banderas se llevan bien alto en los barrios de Rosario y de San Francisco Solano y Quilmes. Sus semillas ya tienen brotes y no van a frenar. El empuje que supieron tener, hoy esta vigente en cada lugar y en cada rincón donde se los recuerda.

El gran compañero y amigo del Capi de Solano era Luis Fredes, Cabezón para el barrio. Su asesinato lo sorprendió, no lo podía creer. “Un día estábamos con Agustín tomando mate y me dice, `Mirá cabeza cuando te maten y todas las masas, griten Cabezón, cabezón!`, “yo me acuerdo de eso y se me pone la piel de gallina, nunca él pensaba que le podía pasar lo que le pasó”. Recordó Luis.

“Era un domingo
así amanecía
la neblina tapaba las luces del día.
Y en una esquina su cuerpo tirado
la sangre manchaba
su pelo largo.
Los vecinos decían
que nunca escucharon.
Empezaste a correr, llorar y gritar
y no te escucharon / no te ayudaron
En una esquina de Solano
Agustín te mataron (…)
“Nosotros sabemos por qué te mataron
Por dar un pedazo de tierra a nuestros hermanos”.

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