AUTOBOMBO DE LA AUTOBOMBA ANTIPOLÍTICA

Por Federico Firpo

Cuando ningún sustento pareciera favorecer una oposición mas ligada a la espectacularidad y el chimento que a la política como fuente de iniciativa social, nuevamente bombas mágicas. Increíblemente, victimizando a quienes han sabido presentar como propios a verdaderos pone-bomba de nuestra Historia.

Uno de los tantos periodistas, defensor a ultranza de la utilización de las Fuerzas al exceso, quien de vez en cuando vocifera a título de “una buena noticia, uno menos…” en lo que significa la muerte de un presunto ladrón a manos de la policía, o en lo que se suela definir “justicia por mano propia”, valga la redundancia. El mismo que acompañado por una batucada retrógrada resonara vivaz los tambores del tristemente célebre “algo hay que hacer” cada vez que algún oficial de la ley es tocado, no importa cómo. Ha logrado superarse a sí mismo, replicando (respecto del coronavirus) qué: “ahora sí podemos decir que son 30000 los muertos”. Tal vez, agraciado de momento también, con el principio de Mesa de Enlace que nos interpela desde las Fuerzas Militares, pidiendo pista en la arena politiquera, para desde adentro con sus botas poder pisar.

La misma lógica comunicacional, que bien supo acompañar toda neoliberal victoria, representa el verdadero sustento de fuerzas que de por sí nada tienen, nada mueven, en un tablero de peones acostumbrados a hacer de su vida, a cada día, una nueva agonía. Siempre se ha necesitado de alguna bomba, de algún impacto que logre distraer nuestras atenciones de lo que sea que acompañe el avance de los anti-política en camino a un sillón gubernamental. 1955, 1976, 1991, 2001, 2007, 2015… mientras la noticia debía ser una, lo que en realidad se veía eran excusas, cuando no ocultamientos, o bien complicidades. Que quede claro, la miserabilidad mediática no se mueve sola, tantito acompañada se sabe nomás. Ambientando en la actualidad, desafinadas orquestas de buen sonar, lejos ya de ciertas propuestas consensuadas (allá por la campaña presidencial), en torno al fin de las operetas mediáticas. Todo pasa, todo queda.

He aquí el mismísimo ex Presidente, ese que bien supiera escabullirse con raros portafolios al Paraguay, o a Francia para, en su glamoroso verano de tropicales costas, disfrutar reposando entre manjares de unas hermosas familieras vacaciones, a pleno y en contexto de aislamiento obligatorio para el resto de los mortales. Lejos de criticar alguna de las posturas del nuevo Gobierno, probablemente guiñando amistoso su ojo derecho, reaparece en su tan preciada ruta del barro chimentero-político, justo en la semana en que la Presidenta del bloque defensor de la transparencia (Patricia Bullrich) es encontrada con las manos en la masa, viajando en avión pagado con Ingresos Públicos. No sabemos cómo, pero casi de manera automática, al pedido de disculpa de la ex Ministra de Seguridad, sale cual Mc combo noticiario que explotó un artefacto a media cuadra de la casa de Macri. Normalmente, uno se alarmaría ante un suceso de magnitudes tales, pero dadas las circunstancias, podemos decir, para el caso, que todo es parte de una misma lógica mientras el tiempo se va recuperando para algunos.

No olvidemos la celebración del Juicio Político a Aníbal Ibarra, abrazo mediante con los padres de las víctimas de Cromañón, disfrutando la tragedia ajena como un triunfo propio, es que seguramente de esa forma lo vivieron. La sal de la sangre, condimento primero y fundamento directo para sus alimentos informacionales. La campaña del terror corporativo periodístico, que años después se supo, enfundó las causas de sus investigaciones en supuestos impactantes, todos espectáculos estrafalarios, previamente elaborados por ellos mismos a nombre de “causas K”. El triunfo presidencial macrista y el resto es historia… Incendio de Iron Mountain, seguido de las muertes como consecuencia de querer frenar el fuego que borrara los papeles del paraíso de la Corrupción Fiscal, las “amenazas telefónicas” a María Eugenia Vidal, “las bombas” a su Ministro de Seguridad, justo ahí donde las cámaras habían dejado de filmar. Todo incomprobable, a la vez qué “espectacularizable” por sus mercenarios alcahuetes digitalizados. La nada misma hecha dueña de sus propios odios, sus propios venenos, puestos contra el servicio de su propia tragicomiqués.

Vicentin, causa Correo, espionaje ilegal, Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, ARA San Juan, demasiado mucho para poco hecho. No pasa nada, la respuesta: “hay que esperar el fallo”. El Estado de Derecho, reacomoda en sus argumentos a los argentinos “derechos y humanos”, las pruebas en su contra son la presunción de su inocencia. Eso sí, cuando la noticia quiere, no duda en mostrarlos supuestamente acorralados. Algunos explicando que de manera justa es que la Justicia los está convocando, los demás utilizando las otrora conocidas peripecias victimizadoras. En definitiva, lo concreto de los hechos pareciera indicar que “entre amigos todo quedará”. Consecuencias directas del optimismo que arroja, para unos pocos, la idea de un Pacto Social.

Qué está pasando, nos hemos vuelto locos, el rival hace un gol y se lo acompaña prácticamente hasta las puertas del festejo. La diferencia es qué, mientras para algunos se presenta sencillamente un rival, para otros resulta ser un enemigo poderoso, que vuelve por millonésima vez a germinar los preceptos enarboladores de una Guerra Sucia con Dos Demoños. Los adelantos, en esta carrera permanente contra lo más de lo bueno que de la Democracia pudiera sustraerse, nos evidencian que el único freno, a la fecha, va poniéndose en la cornisa de la Justicia Social. Paquetes de Gobierno qué, a pesar de ante las cámaras gritar, desde una tartamudez crónica enmudecida hacen su verdadero lugar.

¡Qué Pacto Social no termine en Olvido y Perdón!, ¡Que no se descarrilen los ejes de la Reparación Histórica, en esto que supone un tren de Todos!

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