Por Alberto Lezin
El actual gobierno de Argentina profundiza el traspaso de riqueza desde las mesas de las clases trabajadoras hacia las arcas de las clases propietarias. En poco mas de cinco meses de gestión y por medio de un elefantiásico decreto que lo habilita a entregar el patrimonio de muchas generaciones de trabajadores, ha incrementado los niveles de pobreza, indigencia y desocupación; ha depreciado el salario y disparado la inflación; ha desfinanciado la salud, la educación, la cultura y la investigación públicas; ha beneficiado a grandes importadores, reducido impuestos a grandes empresas y acelerado el proceso extractivista de saqueo de bienes comunes tales como el agua, los minerales, la energía, la flora y la fauna, entre otros; ha cesanteado a miles de trabajadores estatales y promovido cientos de miles de despidos en el sector privado; ha habilitado brutales tarifazos de electricidad, agua, gas, transporte público, escuelas y medicina privadas; ha facilitado la intromisión de militares estadounidenses en zonas estratégicas del territorio nacional y adquirido, a precio de usura, varias toneladas de chatarra bélica que el país del norte descartó como resago; ha despilfarrado ingentes cantidades de dinero en operativos represivos dirigidos contra el fantasma del «marxismo cultural» que, en su afiebrada imaginación, representa todo gesto de opocisión a sus políticas de entrega; ha consentido el destierro, la persecusión, el hostigamiento y hasta el asesinato de integrantes de comunidades campesinas e indígenas; ha fogoneado el odio entre compatriotas queriendo instalar en el imaginario colectivo ideas ajenas a la idiosincracia autóctona, exaltando un individualismo malsano como nuevo paradigma social; ha embestido contra la organización popular, fraguando causas judiciales a dirigentes sociales imputándolxs por denuncias anónimas de dudosa procedencia; ha hecho de toda la población un potencial objetivo militar de grupos combatientes islámicos, al pronunciarse en favor de Israel y Estados Unidos en medio del genocidio ejecutado por esos gobiernos sobre el pueblo palestino. En resumen, viene sometiendo a la sociedad argentina a una serie de crueles decisiones que sólo favorecen a los intereses del poder megaempresario-financiero-transnacional, en pos del mayor experimento neoliberal de la Historia argentina.
Ante la atónita mirada de gran parte de la población que, traicionada una vez mas por lxs referentes políticxs y sindicales enquistadxs en las anquilosadas estructuras partidarias tradicionales no alcanza a reaccionar para poner límite a tanto desmadre, elGobierno Nacional esgrime como «argumentos» para ejecutar el descalabro toda una perorata sobre «casta», «zurdos», «vagos», «planeros», «ñoquis» y otros argentinismos no reconocidos por la Real Academia Española, escasamente abordados por la intelectualidad nativa y, por lo tanto, vagamete definidos y poco claros para la mayoría de lxs mortales. Como resultado de esta situación, el inconsciente colectivo argentino se mantiene en una nebulosa en la que esos términos, vertidos espectacularmente ante vistosas escenografías, mechados con escalofriantes cifras y reproducidos en millones de pantallas, apelan a la emocionalidad de lxs sujetxs mas que a la racionalización de las palabras que se oyen, las cuales, replicadas a tontas y a locas por la cautiva audiencia, convierten cualquier intento de entendimiento social en un verdadero pandemonium.
Esta confusión reinante, amalgamada con la supina ignorancia histórico-política fomentada por los anteriores gobiernos y padecida por la presente generación de compatriotas, es el caldo de cultivo en el que proliferan lxs advenedizos que proclaman que la sociedad Argentina necesita un «cambio cultural» y, en pos de ese «cambio», erigen en pedestales a una serie de mamarrachos mediáticos como si fueran luminosos faros de sabiduría. Asistimos entonces a un curioso espectáculo en el que meretrices solapadas, desequilibradxs emocionales, hipócritas recalcitrantes, onanistas consuetudinarixs, buscavidas aspiracionales, vuoyeristas cibernéticxs y engrupidxs de toda laya, se encaraman a cualquier tribuna para perogruyar que la «casta», a la que supuestamente vinieron a combatir, es el grupo de políticxs profesionales que condujo al país a la situación en la que hoy se encuentra, mientras en la práctica arman sus equipos con esxs mismxs políticxs para hambrear a jubiladxs, trabajadores formales, precarizadxs y desocupadxs. Estxs especímenes se empeñan en afirmar que «zurdos» no son sólamente quienes adscriben a las ideas de Marx, Lenin, Mao Tse- Tung, Ho Chi Minh, Fidel Castro y/o Ernesto Guevara, entre otrxs referentes de la izquierda internacional, sino que en esa definición incluyen a todo el abanico de tradiciones políticas que no adhieren a los postulados del acérrimo neoliberalismo que con ciega Fé pregonan como nueva Religión Universal. Cuando hablan de «vagos», se refieren a lxs excluidxs del Sistema que ellxs ayudan a perpetuar; ese sector creciente de la sociedad que se resiste consciente o inconscientemente a ejecutar los trabajos mas denigrantes a cambio de retribuciones de limosna. En boca de estas gentes, «ñoquis» son potencialmente todxs lxs empleadxs estatales incorporadxs durante gestiones anteriores, preferentemente aquellxs que no comulgan con el vaciamiento de los organismos en los cuales desempeñan su trabajo. Para estas «personalidades», «planero» es quien «vive» de la «ayuda social», lo que en buen romance no es otra cosa que un mecanismo de descompresión a través del cual la clase dirigente mitiga, con exiguas sumas de dinero, el malestar popular generado por políticas de despojo ocultas bajo un velo de supuesto progreso.
Esta redefinición tendenciosa de conceptos, instrumentada por seres de la mas baja catadura ética, estética y moral, actúa como cortina de humo para que la población no dimensione la inviabilidad del rumbo al que nos conduce como Nación esta caterva de incapaces, quienes en sus megalomaníacas aspiraciones reorganizacionales se pretenden Napoleones o Cleopatras.
Pese a todo, vientos de Revuelta parecen comenzar a disipar tanta niebla infecta. La provincia de Misiones, tierra del Comandante Andresito y del Cacique Oberá, se agita en un torbellino de hartazgo y rechazo frente a toda esta estupidez y se planta con sus docentes, su personal de salud, sus tareferxs, sus guardaparques, sus empleadxs judiciales y a hasta con sus policías para decir que esto no va mas. Sus ráfagas llegan hoy hasta Corrientes.
En tanto, el mamarracho mayor rasca la olla de sus sandeses e invita a miles de adictxs a la espectacular presentación de su libelo, en el Luna Park, con él como cantante y con todo pago.
