Por Federico Firpo
Arte de tapa Martin Vera
En una de estas tantas noches frías del ‘24, el Presidente de los argentinos supo mandarnos a dormir con una ostentosa performance “varonil-machote”, digna de ser adorada por admiradores del gran Ricardo Fort.
No es para menos, la aparición de Yuyita González (anterior esposa de G. Coppola y reconocida amante del Gran Carlos de Anillaco), en las filas de la primera línea, cual invitada de honor. A semanas de la gran ruptura con otra vedette argenta: Fátima Flórez (con quien consumó un intenso noviazgo de 3 meses aproximadamente, mientras se madrugaba entre campañas y redes sociales), vaya a saber uno cómo hace este “neo-procer” para conocerse con ellas, sin incluir el fallido “intento” con Victoria Vanucci. Voluptuosidad y cabellos largos (por lo general dorados) nos brindaba también en aquel entonces el vedetonguero Señor de los chocolates, Erica Mitdank y Virginia Gallardo por caso.
Pero esto, claro está, no representa, ni asoma siquiera, lo verdaderamente importante para el contexto general promedio que nuestra querida Argentina padece a la fecha. Y es en ese sentido que nos remontamos en el espacio al norte del país, más precisamente a Misiones, en particular Posadas (su capital), lugar en el cual desde los últimos días se viene llevando adelante, entre otras cosas, una rebelión policial sin más remedio que ser reprimida por sus propios colegas.
Pareciera ser que la Argentina libertaria, mayoritariamente elegida por varones orgullosamente autopercibidos machistas, no encuentra en sus disgresiones mayor respuesta que la de la violencia esgrimida por hombres con algún tipo de sensación de Poder. O peor aún, el desempoderamiento de quienes acostumbrados a “discrecionar” con el capital de su látigo coercitivo, se suben hoy a la movilización mancomunada al grito de “nosotros no somos piqueteros”, mientras se ven a sí mismos marchando a modo de piquete y acompañando tomas de ministerios qué, en otras circunstancias, de no ser ellos los que movilizan, bien estarían reprimiendo.
La lógica se repite cuando los que cortan las calles de la Capital Federal (para acceder al calor de la noche de luna plateada del panelista, nuevo vedette, devenido también ahora en Presidente) repiquetean ante los micrófonos de los canales alerta, al compás de: “por suerte vino Milei a terminar con los negros y los planes”. Frase que de todos modos podría replicarse en boca del policía misionero quien como hemos dicho se avergüenza de reconvertirse (de momento) hacia los carriles del piquete, negándose a sí mismo como lo que efectivamente está siendo.
Poniendo la situación en su debido lugar, no seríamos adivinos si resultáramos sabedores de la realidad del policía en general, quien sin tener más posibilidades que la de convertirse a las fuerzas de la Seguridad (con todo lo que eso implica), sella su contrato en la persecución que significa golpear, en el nombre de la Ley, a sus propios vecinos. Piqueteros, villeros y si se quiere negros, palabras que en la jerga policial no hacen más que estigmatizar las vidas según ellos menos honrosas… como si de quien quiera olvidar u ocultar sus propias raíces estuviéramos hablando.
Todo lo cual, termina por llevarnos a la lógica del desclasado. Seguramente la mayoría de las personas enfervorizadas en la posibilidad de acceder al acto del líder liberal libertario por excelencia (chupando frío a lo largo de todo un día en las afueras del Luna Park) pertenezcan a la clase media o incluso a la baja, pero en expectación de poder concebirse, para sí, en las esferas del “gran sueño americano”, al cual, contradictoriamente, solo muy poquitos son los que logran acceder. No solo eso, los datos históricos globales dejan en evidencia que lo que se multiplica, a través de gobiernos del estilo del que propone Milei, es la movilidad social descendente.

En resumen, muy probablemente, una parte importante de quienes fueron a ver el espectáculo artístico presidencial sean más pobres mañana que cuandolo votaron, ni hablar, hoy mismo, de la gran mayoría de votantes que este personaje tuvo a nivel nacional, algunos de ellos quizás ahora policías en rebelión. En el mismo margen podríamos seguir si hiciéramos este análisis a través de una línea en el tiempo, de cara al ensayo futurístico que se viene,en la continuidad esperable del modelo actual.
