A dos meses y días del lesbicidio en barracas.

Por Ana Cadabra 

Arte de tapa Martín Vera 

El lesboodio deja sin aire asfixia lacera la piel las mucosas. Las emanaciones represoras oscurantistas de pusilánimes envalentonados tornan irrespirables los días.

 

Pasaron más de dos meses del triple lesbicidio.

Dos meses, días, y casi ni noticias, que el mundo heteronormado no escuche no vea no sepa no recuerde que han matado a tres personas por el solo hecho de elegir algo distinto a la heterosexualidad obligatoria, y por pobres también les han matado. Por no tener vivienda y procurársela como se puede, y con lo que hay que siempre es poco y menos. A dos meses: el lesboodio mata desgarra desangra pero no calla.

La pretensión de aniquilación y el disciplinamiento multiplican las furias y los gritos. Macho odiante culto represivo ceremonia retrógrada de la heterosexualidad obligatoria hegemónica homogeneizante y aplastadora. Nada va a hacernos retroceder en los derechos conquistados. Por las vidas que nos quitan arden los fuegos eternos. Se propagan hacia el porvenir las chispas, hieren de vida la oscuridad. Para que se haga justicia y hasta que se rompan las pactos de impunidad que una y otra vez retornan aullamos en este otoño amargo a una luna esquiva.

Para Pamela y para Roxana, para Andrea, el lugar luminoso afable e inquieto de la memoria rebelde. Para su asesino lesbicida la condena de las furias desatadas y hambrientas, sobre su nombre la maldición. Para el gobierno con su misoginia su machismo todas sus violencias de clasismo oligarca, su cobardía, su pensamiento obtuso de la burla el desprecio la descalificación, para el gobierno vil las calles insurrectas y desobedientes.

La denuncia la enunciación: la verdad. Decir el dolor, la tristeza, el agobio. Escupir las iras y los hartazgos. Desgarrar el silencio. Han matado a tres lesbianas pobres, un hombre común ha pretendido estallar su existencia pulverizarla, un tonto ruin que desconocía el misterio ancestral de las brujas y las guerreras, ligeras mariposas de ceniza que sobrevuelan todas las hojas blancas de la historia la sobrescriben la subvierten y la manchan. La pretensión de eliminación, esa detonación, abrió la concavidad, el portal a la morada de los espíritus de las ancestras y sus conjuros.

Nuestra libertad no es promesa berreta fetiche de campaña. Por más que la cantante famosa las nombre y los parlantes del estadio amplifiquen la denuncia los medios hegemónicos rápidamente archivan el tema, lo eluden, lo tergiversan o lo minimizan. El asunto no vende. El lesboodio no es un loco suelto armado con fósforos y kerosene. El lesboodio frunce la cara y cambia de canal, baja el rating y pone en duda la credibilidad de los periodistas y productores. La repulsión ante una sexualidad que contradice la norma no quiere saber nada con el asunto. No quiere preguntas, no quiere ver la llamarada, no quiere oír estruendos ni sirenas, no quiere oler el aire chamuscado. Prefiere la comodidad de sus mandatos y la seguridad de sus prejuicios. Cuando habla de libertad piensa en explotar y ser explotados, en calles sin piquetes y en enfermar, contagiar y morir en pandemias cuantas veces quieran. Pero no soporta la idea de un beso entre mujeres. Ni verlas andar de las manos ni sufrir cualquier miseria de aquellas que sufren todas las parejas o los dramas, los deleites y los aprendizajes de cualquier vínculo. El lesboodio y el odio de clase empujan bajo tierra el asunto. Nadie quiere saber nada de lesbianas pobres.

Todo lo que a nadie le importa, todo lo que el mundo libre liberal fascista quiere eliminar. Ya nos quedó doliendo Pepa. Ya gritamos y abrazamos a Higui. La promesa de las furias: ningún ataque va a aniquilar los afectos ni su libre expresión ni la demostración ni el placer ni los sueños, ningún ataque va a hacernos retroceder a los fondos del miedo, las tinieblas del terror. Nadie va a acorralarnos en las jaulas de la represión, en la costumbre y la naturalización de la escasez y de la indigencia.

Habrá que despedazar a montones y alaridos todas las palabras que recluyen que cercenan que intimidan. Habrá que no dejar pasar nada de nada que ponga en dudas ningún derecho. Habrá que ser a contramarcha y al aire todo lo diverso que este mundo aún reniega.

¿Qué mundo hicimos que no se puede simplemente vivir?

Cada crimen de odio por orientación sexual reafirma sus extremos: marca con nitidez y sin lugar a dudas el amor la identidad, el deseo y sus contrarios: el odio y la represión. A dos meses y días y ante el silencio y el olvido desplegamos una aurora boreal en tierras sin cercos ni alambrados para Pamela, Roxana, Andrea. Un aire abierto libre para cuchichear protestar discutir quererse. El lugar en la memoria nuestra donde ya nadie puede acosarlas arrinconarlas recluirlas. Agrandar la ronda hasta ser tantas que nunca nadie vuelva a hacernos daño. Nombrarlas amorosamente para quebrar el espanto y expulsar para siempre el horror

 

Deja un comentario

Descubre más desde comunicación popular

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo