Por Alberto Lezin
En un nuevo conversatorio organizado por la Asamblea Socioambiental de San Antonio de Areco, la Dra. en Historia Cecilia Gárgano compartió con la concurrencia un rico intercambio sobre el flagelo del extractivismo.
El sábado 7 de septiembre, Awka Liwén (Espacio Multicultural) sirvió de sede para la trascendente reunión. Sentadxs en ronda bajo la añeja arboleda de la antigua estación de trenes del pueblo, luego de las presentaciones, lxs participantes pudieron escuchar a Cecilia exponer parte de sus investigaciones y narrar cómo éstas la llevaron a descubrir las funestas consecuencias que acarrean el modelo del agronegocio y otros extractivismos.
Comenzando su alocución dijo: «para mí, el encuentro con lo socioambiental no fue algo planeado y como una decisión a priori, sino que me paso hace diez años, más o menos, haciendo una investigación para un posgrado del doctorado. Había arrancado a laburar sobre qué había pasado en Argentina durante la última dictadura con las agendas de investigación del INTA y, un poco a raíz de ese trabajo, empecé a viajar mucho por las agencias de extensión rural y la estaciones experimentales que tiene ese organismo distribuidas en todo el país, haciendo laburo de campo, entrevistando a técnicos, investigadores, etcétera. Y un poco esa investigación, inevitablemente, me terminó conectando con el presente del agronegocio y al mismo tiempo con esa genealogía; con qué de ese pasado reciente y aun más atrás en la historia, tiene que ver con esto. Porque, generalmente, cuando pensamos en el boom de los extractivismos y del agronegocio nos remontamos a la década del ´90 como el momento en el que uno puede pensar que se asientan los pilares de la soja transgénica, la megaminería y la cuestión de los hidrocarburos como las tres patas de nuestra matriz productiva, en plena década neoliberal y con un Estado que genera toda una regulación desregulada para que esas actividades se profundicen, además de todo un aparato de leyes junto con una batería de herramientas institucionales para fomentar este tipo de producciones. Entonces, en general, si pensamos en el agronegocio, probablemente lo primero que se nos ocurre pensar es en la aprobación de la soja transgénica en el ´96, Felipe Solá, el roundup… y mi laburo tuvo que ver, primero con mapear un poquito mas atrás el qué de lo que aparece en ese momento está conectado con transformaciones de décadas anteriores.

«Entonces hay toda una parte de la investigación que se va mas a esas transformaciones y pone el foco en este proyecto de la exportación que tuvo como escenario de experimentación a México, de la mano de Estados Unidos, y todo ese proceso de la revolución verde que instala nuevas maneras de producir en el campo, que instala el uso de agroquímicos con mucha masividad, esto de que la semilla se convierta en una mercancía y todo un mapa, que en ese momento es muy incipiente, de concentración de capitales en el agro, tanto de productores de semillas como de insumos».
Reconstruyendo el devenir del trabajo realizado y destacando algunos hechos llamativos en la genealogía del agronegocio, mencionó a empresas como «Rockefeller» y «Kellog´s», observando el papel que éstas cumplieron en la instalación del discurso de «acabar con el hambre en el mundo» el cual fue la argumentación que validó el uso de venenos en la agricultura. También resaltó el rol de la ciencia en la experimentación con semillas y el derrotero de las investigaciones que, financiadas por los Estados y usufructuadas por las grandes empresas, dieron como resultado la obtención de semillas híbridas primero y transgénicas después.
Hizo alusión a los impactos que el modelo del agronegocio provocó en los territorios donde fue instalado y observó que «obviamente va a ser diferente como pegue esa transformación en la India o en América Latina, pero en todos los lugares en los que se exporta este paquete, que se exporta como algo muy homogéneo para territorios rurales que son muy distintos, lo que sí van a compartir es una pérdida muy fuerte de la autonomía campesina y de los agricultores mas pequeños que empiezan a tener que acceder a estos insumos». Más adelante se refirió a que pese a las resistencias que opusieron las asociaciones de trabajadores rurales y una parte de la ciencia digna de los países llamados a ser los conejillos de india de este experimento, plasmadas en publicaciones que datan de los años ´70, «cuando efectivamente llegan los ´90, dictadura mediante y con las grandes transformaciones para nuestro campo en esa línea, la agricultura transgénica se presenta como algo completamente nuevo, sin conectar con esta otra historia que había tenido muchas resistencias alrededor, mucha movilización social, muchas denuncias tanto de la academia (una parte muy chiquita de la academia) como de otros tipos de colectivos. (…) Lo mismo vemos hoy con otros extractivismos, el Litio ahora o las cuestiones mas relacionadas con las mineras. Las promesas son bastante parecidas, en el sentido de que ya han fallado muchas veces en experiencias similares y no hay (no hacemos) ningún tipo de conexión y nos logran vender como nuevo algo con una historia de tan larga data y que está asociada a tantos conflictos en tantos planos distintos, porque el modelo no cierra en el tema de la salud, ni en lo ambiental, ni en lo socioeconómico, porque tenemos los números asociados al incremento de la pobreza y la desigualdad. Entonces ahí vemos cuales son los mecanismos que desde distintos ámbitos, instituciones, incluso desde el mismo Estado, con cursos, propagandas, el propio conocimiento científico, logran que esa forma de producir que no cierra prácticamente por ningún lado, se siga manteniendo como la única posibilidad».

Tras algunas intervenciones del resto de lxs participantes, Cecilia se refirió al estudio de la Historia «como una ventanita que nos permite mirar la vida, el mundo, los problemas. Y Hay algo de ese conocimiento de lo que pasó antes que nos da la certeza de que, en el pasado, hubo muchos otros diferentes modos de habitar, de producir y eso de alguna forma nos acerca a eso de que probablemente, este presente que habitamos, pueda ser de otra manera. Si en el pasado hubo tantas otras formas de organizar la vida, probablemente en el futuro tengamos esa variabilidad también y eso dependerá de los que hagamos hoy».
A continuación repasó un poco el trabajo condensado en su libro El campo como alternativa infernal, concluyendo que en él se trata de desnaturalizar el discurso hegemónico que nos hace creer que «pareciera que sólo tenemos dos opciones y las dos son como caminos un poco invivibles. Y además pareciera que llegamos acá sin historia y mágicamente. (…) En el caso de nuestro campo es un poco así porque, o seguimos intensificando el modelo con todos los costos sociales y ambientales que acarrea o nos caemos del mapa en términos productivos, habitamos una crisis junto con la imposibilidad de sacar esa discusión de este terreno».

Finalizando, hizo mención de las otras formas de producir que fue encontrando en su recorrido y se detuvo en la cuestión de clase que conlleva todo modelo productivo, de la cual la agroecología no está excenta, formulando la siguiente pregunta: «Si yo tengo una producción de frutillas que no usa veneno, que no usa herbicidas de ningún tipo, no usa pesticidas, no usa fertilizantes químicos, pero sus laburantes están brutalmente explotados, ¿es eso agroecología?»
Por último reflexionó sobre la homogeneización impuesta desde los sectores de poder que, con sus discursos y prácticas, aplastaron la riquísima diversidad natural y productiva en nuestro territorio, ligada a la fragmentación operada sobre las comunidades que intentan oponerse y resistir por vías institucionales, «porque no casualmente cada municipio tiene su ordenanza sobre restricciones a las fumigaciones, cuando esos cultivos se aprobaron y se aprueban hoy en día para todo el territorio nacional, pero la implementación para la misma práctica productiva, para la misma afectación de la salud, el ambiente y demás, tenemos instancias distintas. Bueno, eso ¿porqué funciona así? Son todas cuestiones relacionadas a lo jurídico, a lo regulatorio, que no son casuales sino que contribuyen a fragmentar esas experiencias que son comunes; a lograr esta idea de convertir cuestiones que son estructurales en excepcionales».
Como broche de oro, Cecilia regaló a lxs presentes unas palabras del libro Islas del abandono, ya que «estamos en momentos donde los extractivismos todos no sólo están intensificándose, sino que están en la hoja de ruta de cuál es nuestro futuro próximo. Porque, si miramos el RIGI y qué planes tiene para nuestro territorio, vemos que trae más depredación, más saqueo y ningún tipo de consideración sobre esto que las propias luchas de los pueblos han puesto sobre la mesa. Así que, si me permiten, les voy a Leer este fragmento: Estas historias son historias de redención, no de restitución. Estos lugares nunca volverán a ser como eran antes, pero nos ofrecen un conocimiento de los procesos de reparación y adaptación y, lo que es aún mas valioso, esperanza. Nos recuerdan que, incluso en las circunstancias mas desesperadas, no todo está perdido».
