Por Alberto Lezin
Paula y Tomás son docentes. Se conocieron cursando el Profesorado de Filosofía en la UBA y se muestran como una pareja joven, armónica, curiosa y andariega. Nacidxs y criadxs en la gran urbe porteña, a simple vista encarnan el arquetipo de profesional clase media con inquietudes sociales pero,charlando con ellxs, inmediatamente se percibe la profunda sensibilidad humana por medio de la cual interpretan y transforman el mundo.
Les conocimos casi al final de su periplo como voluntarixs en diferentes experiencias permaculturales y/o agroecológicas, cuyo itinerario les llevó a recorrer media Argentina con el objetivo de interiorizarse en formas sustentables de construcción de viviendas y producción de alimentos. A San Antonio de Areco llegaron, desde Misiones, para conocer el trabajo de un inefable grupo de compañerxs que se empeñan en demostrar, en la cuna del agronegocio, que es posible producir alimentos sin nececidad de venenos.
Invitadxs a participar de una asamblea donde el grupo debería ponerse de acuerdo para organizar algunas cuestiones operativas y charlar sobre los fundamentos filosóficos que orientarían su labor, Pau y Tomi escucharon respetuosa y pacientemente las largas exposiciones de lxs compañerxs y se ofrecieron como voluntarixs para trabajar en la huerta comunitaria al día siguiente. Allí, se desenvolvieron con total naturalidad, compartiendo con chicxs y grandes una jornada de trabajo e intercambio de saberes.

Al tercer día de su estancia en el que otrora fuera territorio del Cacique Bagual, accedieron gentilmente a una larga entrevista con ANCAP, en la que por casi doce horas reconstruyeron su peregrinar por el país y sus impresiones acerca de los lugares y las personas que conocieron durante el mismo.
Tomás tiene treinta y dos años y nos cuenta que nació en Villa Urquiza. Tras terminar sus estudios secundarios en una Escuela Técnica se anotó para cursar Ingeniería Eléctrica, pero al tiempo decidió, «sin saber bien qué era», pasarse a la carrera de Filosofía de la que egresó graduado de Profesor. Paula también es Profesora de Filosofía y, en respuesta al pedido de presentación que le hicimos nos dice que: «en este momento (se refiere al regreso del largo viaje) con demasiadas preguntas sobre mí misma como para hacer una presentación identitaria, pero puedo decir que dentro de mis identidades y dudas me reconozco Docente o Educadora». Prosiguiendo, refiere que «hace un año y medio o un poquito mas, con Tomi venimos viajando por el país. Empezamos con algunas preguntas y nos encontramos con otras». «Nunca con respuestas», interviene su compañero. Ambxs adelantan que este viaje les ha llevado a reformular su percepción sobre la Historia del territorio, ya que, según reconoce Paula «yo siempre fui muy mala ubicando espacialmente las cosas en la geografía. Pero ahora que la fuimos recorriendo la tengo bastante mas clara y puedo decir, además de dónde queda cada provincia, varias otras cosas; desde el clima, la flora, la fauna, algunas problemáticas socioambientales de cada lugar y un poco de la Historia».


LOS MOTIVOS
Preguntadxs por las motivaciones y los objetivos que les llevaron a lanzarse a esta aventura, nos cuentan la conjunción de factores que se fueron sumando como disparadores y enumeran: las ansias de darle un sentido mas profundo al hecho de recorrer lugares como merxs turistas, la busqueda de experiencias de vida comunitaria, su curiosidad por la bioconstrucción y las oportunidades que brindan los voluntariados de permaculrtura, su frustrada idea de vivir en comunidad con un grupo de amigxs y el patio de la Universidad como espacio de pensamiento desestructurado que promueve iniciativas poco convencionales. Sumado a todo esto, Tomás destaca que «empezamos comprando un bolsón de verduras (en capital) y eso, sin darnos cuenta nos cambió un montón», a lo que Paula agrega que «Yo vivía en capital con un amigo y, al principio por una cuestión económica, ibamos al mercado central a comprar frutas y verduras y las repartíamos. Después nos llega el contacto de un chabón que compraba a productores de Pilar y toda esa zona y los llevaba a cada consumidor (…), luego Tomás se instaló en casa, se sumó otro amigo entonces ya eramos cuatro y el bolsón se mantuvo, en principio por este tipo que lo hacía por su cuenta. Pero ahí empezamos a entender cosas a las que nunca les habíamos prestado atención, como el hecho de que hay frutas y verduras que son de determinada estación y otras que no, ya que en el bolsón no te viene todo, no tenés tomate todo el año y la zanahoria no es igual a la zanahoria de la verdulería y a veces te viene un gusanito y el sabor también cambiaba. Después una forma nuestra de empezar consumir esas frutas y verduras, pensando en que no vamos a ir a la verdulería a comprar, ésto es lo que llegó y hay que consumirlo, lo que toca, toca. A veces tocan cosas que no sé lo que son y es ponerse a buscar en google a ver si encontramos qué verdura es. (…) Todo eso nos fue cambiando la alimentación a la par que nos ibamos formulando nuevas preguntas. Luego, este mismo tipo nos dijo que iba a hacer una reconversión orgánica y, de golpe, sólo vendía futa y verdura orgánica y las empezó a cobrar carísimo. Entonces entendimos la diferencia entre algo orgánico y algo agroecológico y empezamos a buscar otros espacios que hicieran bolsones, pero no orgánicos,porque a mí el sellito no me sirve para nada, a mí me sirve que repensemos la cadena de producción, la relación consumidor-productor, los precios mas justos. Porque si vos tenés un monocultivo de frutillas a las que no les echás veneno, pero me las vendés a diezmil dólares, te digo no, gracias».
PRIMEROS DESTINOS
Aprontados los enseres de viaje, entre los que figuraban muchos libros, partieron de la Ciudad de Buenos aires con el objetivo de visitar una experiencia de permacultura en Mallín Ahogado, Rio Negro. Conduciendo 700 km de un tirón, llegaron a Reta donde pasaron un par de días de playa para luego dirigirse en dirección Suroeste con rumbo a Neuquén, pese a las reticencias de Tomás a conocer la Patagonia. Allí se sorprendieron con las cinco represas hidroeléctricas que condicionan el fluir del hermoso Rio Limay y con el opulento barrio privado que tomó una de las orillas del Rio Neuquén, a la par que supieron de las disputas entre Estado y particulares que dieron como resultado un freno al avance de los countries y la preservación de la costanera pública.

En Mallín Ahogado visitaron a un obrero de la bioconstrucción al que habían contactado previamente, quien junto a su familia se encontraban en plena edificación de la casa propia. Allí colaboraron en trabajos de revoques y aprendieron diferentes técnicas, así como también ayudaron en las tareas de la huerta. Luego de un par de días de intercambio y aprendizaje partieron hacia Trevelin, provincia de Chubut, donde compartieron con otra familia una experiencia similar, para luego encontrarse en Esquel con Pablo, reconocido constructor de estufas de combustión eficiente que había sido profesor de Tomás y quien les permitió trabajar un día en la construcción de una que se encontraba realizando.


De estas primeras experiencias, Paula y Tomás nos cuentan algunas observaciones que hicieron en cuanto a conceptos sobre los que sus anfitriones pusieron énfasis. «Eficiencia» y «abundancia» resuenan en el diálogo no ya con connotaciones capitalistas, sino que para ellxs esas palabras estan ligadas al cuidado de los bienes comunes y a la generosidad de la naturaleza.

Nuevamente en territorio neuquino, mas precisamente en Villa La Angostura, tuvieron oportunidad de vivenciar lo que consideran «una experiencia bisagra». Recibidxs y apadrinadxs por Nano, un poblador de la zona aficionado a la bioconstrucción y a la agroecología, pudieron profundizar en sus observaciones de la matriz cultural que subyase bajo siglos de colonización «occidental y cristiana». De este singular personaje, Paula nos cuenta que «estaba muy en contacto con todo el pueblo y lleno de proyectos. En su casa estaba armando un pozo para energía geotérmica o pozo canadiense, tenía huerta, tenía invernadero, también tenía una forma de bioconstrucción distinta, que no era de barro. Pero además participaba de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer y de otros grupos de personas con quienes habían logrado que el municipio les otorgara unos terrenos en comodato, en los que funciona un centro cultural y hacen plantación agroecológica que luego venden en Villa La Angostura. También armaron una ONG de reciclaje y trabajan con el reciclaje municipal. Él está metido en todo eso.
«Un día Nano nos invita a una charla que en realidad no era abierta, pero nos invita igual. La charla, que se hacía en la Biblioteca y la daban algunxs historiadores, era para las comunidades Mapuche de la zona pero él nos permite ir a escuchar y eso, para nosotros, fue un antes y un después por varias cosas. Primero porque nos dimos cuenta de que Nano no estaba sólo metido en su casa, sino que tenía contactos comunitarios y no le interesaba quedarse en su casa; estaba todo el tiempo en movimiento con otra gente. Y además por toda la relación con la Historia, la Historia del territorio, la lucha por los territorios. A partir de ahí, nunca más pudimos ir y hacer de cuenta que nos encerramos en una casa».
Tomi aporta que «en la charla hubo un par de cosas claves, muy hermosas. Me acuerdo algunas, por ejemplo cuando cuentan un poco la Historia de esos territorios y cómo pertenecían a las familias Mapuche. Tenían mapas antiguos y observaban los procesos de colonización y de conquista que luego, en una reparación histórica simulan dar marcha atrás con algunas devoluciones de terrenos a comunidades, pero hay muchas familias a las que mantuvieron con la promesa eterna de que se los iban a dar y los hacían laburar, desmontando y desmalezando terrenos que nunca eran los que les iban a otorgar. También repasaron la Historia de Villa La Angostura actual, que hoy está ocupada por gente con mucho dinero, mientras que quienes la habitaron desde tiempos inmemoriales apenas tienen un lotecito y un kiosquito, con suerte. Ahí empecé a enterder un poco más la territorialidad, qué implica ser dueño o no, de quiénes son las tierras o cómo fue que se fue dando el proceso de apropiación de las tierras.
«Una de las cosas que me había gustado mucho y fue también medio bisagra, es la participación de los Caciques en todo lo que fue la Patagonia Rebelde, la gran huelga y todo eso. Tal vés eso explicaría por qué fue tan violenta la represión. Porque, si te ponés a pensar, la conquista del desierto termina en mil ocho ochenta y pico, en tanto que las huelgas patagónicas se dan en mil nueve veintiuno. Entonces, la represión del levantamiento vino a ser también como el golpe final a las comunidades originarias, aunque siempre se hable de los obreros anarquistas españoles e italianos y no se tenga en cuenta la participación de los pueblos originarios.
«Bueno, en la charla pasaron muchas cosas que quedan en la memoria, pero la frutillita del postre es la intervención de una señora Mapuche que dijo: lo que pasa es que nos quieren seguir viendo con la pluma en la cabeza. Eso te impacta, porque nosotros discutimos mucho, internamente, con el sentido progre de la vida y nos reimos porque al final, decimos, el progre ve la realidad como el orto, todo al revés. Y toda esta reivindicación (progresista) de los pueblos originarios construye una idealidad, pero después te encontrás con otra realidad y te das cuenta de que sí, los queremos seguir viendo con la pluma en la cabeza y que se conserven como existían en la época precolombina y, sino, se los juzga».
Hasta aquí la primera parte de nuestra entrevista con Paula y Tomás. En próximas entregas viajaremos con ellxs por todo el Oeste y el Norte de Argentina, palpando lo invisible, lo que pocxs quieren ver.
