Por Alberto Lezin
En Argentina, el 93 % de la población se encuentra concentrada en las ciudades. Millones de personas se hacinan en centros y conurbanos, mientras mas de 276 millones de hectáreas son ofrendadas como sacrificio al Dios Extractivismo. La destrucción de los ecosistemas naturales se recrudece a manos del agronegocio, la megaminería, el turismo de elite, la extracción de litio e hidrocarburos, entre otros «emprendimientos» capitalistas. El desplazamiento forzoso y la dislocación de las últimas poblaciones campesinas y originarias están a la orden del día. El despojo de los territorios, ideado por gerentes de corporaciones supranacionales y ejecutado por los tres poderes republicanos, alcanza su climax.
Rehenes de un puñado de empresas que en complicidad con el Estado monopolizan la comida, la ropa, la energía, la vivienda, la educación, la salud, el transporte, la comunicación, el entretenimiento y otros tantos bienes materiales, culturales y naturales (que deberían satisfacer necesidades humanas, en armonía con el ambiente, y no oficiar de mercancia al servicio de la hiperconcentración), la inmensa mayoría de lxs habitantes de este país padecemos las funestas consecuencias de un sistema que fomenta la disolución social al tiempo que depreda todo a su paso en pos de maximizar ganancias para unos pocos.
Ese mismo sistema, esas mismas empresas y esos mismos pocos son quienes han envenenado, envenenan y seguiran envenenando nuestro aire, nuestra agua, nuestra tierra y nuestro fuego; sembrando enfermedad y muerte en nuestros territorios hasta tanto los pueblos no organicen sus diseminadas resistencias y las hagan converger en un imparable movimiento que sea capaz de enfrentar esta crisis civilizatoria y de demostrar concretamente que otras formas de producir, distribuir y consumir son posibles, urgentes y necesarias.
Frente a este panorama, el Encuentro de Pueblos Fumigados de la provincia de Buenos Aires (en su 14º reunión llevada a cabo entre noviembre y diciembre de 2024) se puso manos a la obra y lanzó la convocatoria para la organización del 1º Congreso de Agroecología de los Pueblos, que se realizará en la Universidad Nacional de Luján los dias 5, 6 y7 de junio próximo.
Dicho Congreso, concebido también como réplica al que organizara el Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia en un intento de decorar sus políticas en favor del agronegocio, aglutinará a cientos de experiencias orientadas hacia modos de producción verdadéramente armónicos con el ambiente. Productores, comercializadores, consumidores, técnicxs, profesionales, académicxs, investigadorxs, artistas, trabajadores, docentes, amas de casa y personas de a pie, se darán cita para intercambiar saberes, sensaciones, opiniones, ideas y propuestas tendientes a ampliar y fortalecer las incipientes redes que con mucho esfuerzo se han ido tejiendo en torno de lo que hoy llamamos Agroecología.
Mesas de trabajo, presentaciones artísticas, charlas, debates y ferias,darán marco a una multiplicidad de expositorxs que harán valiosísimos aportes a la causa que lxs convoca y confraternizarán en la búsqueda y la construcción mejores mundos posibles.
Anticipándonos a tan necesario acontecimiento, entrevistamos a Marina, integrante de la Comunidad Mapuche-Ranquel Rupü Antü de la Localidad de Lincoln, provincia de Buenos Aires, quien participará del Congreso en representación de sus compañerxs. Nuestra intención al comunicarnos con ella fue tomarle el pulso a la composición y sondear las expectativas que tal evento genera en quienes formarán parte del mismo. Esto nos decía, luego de su presentación en mapudungún: Soy Marina, de la Comunidad Rupü Antü de la Ciudad de Lincoln, pero estamos en un pequeño lugar en el campo, llevando de la manera que podemos, una forma de vida equilibrada con la biodiversidad, con la naturaleza. Por lo tanto, consideramos que no hacemos Agroecología sino que lo que llevamos adelante es una forma de vida como fue antes de que avance tanto el capitalismo y este desequilibrio que está sobre la tierra hoy. Lo que nos motiva para este Congreso y para dejarles la invitación que queremos hacerle a la comunidad en general es la emergencia que estamos teniendo en este momento en esta parte del espacio en el que convivimos. Hay una emergencia ambiental, está todo contaminado, está todo mal, se fue de las manos el ultraje que están haciendo a la naturaleza y todo eso es motivación para poder encontrarnos, para poder ver qué podemos hacer juntos, cómo podemos llevar adelante esta emergencia. Por eso consideramos que es muy importante que podamos realizar este Congreso, ya que sabemos que los gobiernos están siempre para poner sus lindas palabras y decir «agroecología» y decir «naturaleza» para «vivir bien», para «comer bien», pero no están para decir cómo la defendemos y de qué manera sobrellevamos esta situación todos juntos.

Por un lado nosotros, los Pueblos Originarios, siempre estuvimos en defensa de la naturaleza. Nosostros no podemos estar sin la naturaleza, somos parte de ella, por eso decidimos hacer esta invitación para motivarnos a un encuentro presencial, porque la virtualidad ha cooptado nuestras vidas y no es lo mismo estar virtual que estar presencial. Esa es una motivación muy importante para este encuentro que se va a hacer desde el 5 al 7 de junio en la Universidad de Luján.
En referencia al devenir de la Comunidad de la que forma parte, Marina comentó: Hace mas o menos 5 años que volvimos al campo. En realidad nunca nos fuimos, sino que sufrimos despojo por parte del Estado, de los gobiernos, como siempre, ya que nos obligan a migrar a la ciudad y a tener una forma de vida que no nos gusta, que no queremos. Pero siempre estamos buscándole la vuelta para volver a nuestro territorio, para volver a nuestra forma de vida. (…) Hace tiempo hemos podido volver, organizándonos, reorganizándonos, reencontándonos con nuestros hermanos, nuestra gente Mapuche conciente, ya que nuestra Comunidad se conformó en el año 2006 y desde ahí hemos podido planificar nuestra vuelta al territorio como queríamos. Estamos en práctica y en ejercicio continuo. Somos unas cuantas familias que estamos practicando nuestra forma ancestral de vivir, no estamos haciendo Agroecología, sino que lo que estamos haciendo es nuestra forma natural de hacer las cosas, sin contaminación, sin alterar la biodiversidad, sosteniendo el equilibrio como mejor se pueda.

Acerca de algunos desafíos y logros que han encontrado en su camino hacia el Buen Vivir, nuestra entrevistada relata: Hemos logrado abastecernos de agua para riego y para consumo. Nosotros estamos en una zona donde el agua es bastante salada, por lo que tuvimos que hacer procesos de des-salinización con varias plantas para que puedan adaptarse luego al ecosistema en el que estamos. Luego pudimos encarar el tema de las semillas, adaptarlas, cuidarlas, protegerlas también, pero por sobre todo acompañarlas en el periodo de adaptación. Por otro lado iniciamos nuestro recorrido como Mapuches, con nuestras ceremonias, en el territorio. Y eso lo hacemos en armonía con el ambiente, con la naturaleza y con los elementos que tenemos en ella. También estamos produciendo nuestro propio trigo. Este es el tercer año que podemos hacer nuestras comidas y nuestras ceremonias nativas autóctonas con nuestras propias semillas. Por suerte estamos en un territorio donde nunca fue aplicado ningún tipo de veneno en la tierra, aunque puede haber en la deriva del aire y demás, pero no en la tierra. Así que tenemos un suelo del que estamos contentos de que no haya sido envenenado, aunque sabemos que el aire y las napas están de alguna manera contaminados, sabemos que las semillas y la alimentación que cosechamos de esta tierra no están contaminadas como en otros lugares en los cuales se siguen haciendo estudios que demuestran un alto grado de toxicidad. Nosotros, por suerte, no tenemos ese problema ya que nunca fue vertido en esta tierra ese producto químico que hace tan mal.

Finalizando, Marina argumenta el porqué de la elección de volver al territorio y enfatiza su invitación al 1º Congreso de Agroecología de los Pueblos, del que si bien no adhiere plenamente a algunas de sus conceptualizaciones, sí abraza ferviéntemente el espíritu de comunión y transformación que lo motiva. Al respecto concluye: Queremos sostener nuestra alimentación con buenas formas, como lo hacemos. Esto lo llevamos adelante porque es una manera fundamental, que han tenido nuestros antepasados, de vivir así y a la que nosotros tenemos que volver, porque si no volvemos no vamos a encontrar lo que queremos encontrar en este camino de equilibrio que necesitamos para vivir. Porque hasta hoy ha ganado la virtualidad, ha ganado el capitalismo en ciertas formas y la única manera de que podamos llevar adelante todo esto es volviendo al territorio. Por eso es que a nosotros nos interesa participar en este Congreso, ya que queremos llegarles a un montón de compas, a un montóin de gente, a la sociedad en general, con nuestro mensaje de que hay que volver al territorio, de que hay que cuidar el territorio, de que hay que preservar los elementos naturales fundamentales para vivir que son la tierra, el aire, el agua y el fuego. (…)Por eso, esperamos que el Congreso sea una instancia de concientización, de acción, de acción directa, de poder encontrarnos y poder hacer algo en conjunto y hacerlo ahora, porque no podemos perder mas tiempo. Porque mientras nosotros estemos con la vida que propone el sistema capitalista, que nos oprime y nos despoja de los territorios, la contaminación y el extractivismo avanzan a pasos agigantados y por eso debemos actuar lo mas rápido posible.
