CRÓNICA DE UNA JORNADA EN SOLANO

Por Federico Paterno

Pasaron 37 años de la trágica noche del 5 de junio de 1988. San Francisco Solano fue el lugar que acunó el crecimiento de Agustín José Ramírez, su obra militante. Fue ahí, donde entrelazado con el pueblo, dejó semillas que reviven en su gente. La jornada de ayer en la parroquia Las Lágrimas de Solano fue el epicentro de un mar de fueguitos. Esta crónica tendrá esa tarea, la de contar tantas emociones en una sola jornada.

 

A primera hora de la mañana llegó Dani con los equipos para el sonido y la radio abierta, siempre presente, él y sus compañerxs del centro de participación popular Enrique Angelelli de Florencio Varela. Pasadas las 12:30 hs Ariel, compañero histórico de la Comisión de Familiares y amigxs de Agustín Ramírez me propone ir al centro comunitario Covi, porque ahí está Celia, luchadora sin igual, que siempre se pone al frente de la batalla con el almuerzo para compartir en cada jornada de memoria. El guiso de lentejas estaba listo en dos ollas populares que tenían las marcas del combate encima.

El almuerzo logró que entre compañeros podamos intercambiar experiencias y poder pensar sobre la realidad de nuestros pibes hoy. Javier Ramírez, hermano de Agustín, se acerca a la mesa armada en la orilla de la parroquia y nos avisa que iba a comenzar la misa, la celebración que cada año sus compañerxs preparan con el mismo entusiasmo hace 37 años. Gladys, histórica militante del reclamo de justicia por Agustín, tomó la palabra y ofreció palabras de aliento para transmitir en ese momento. El cierre de esa celebración fue lo que debía destacar, porque Francisca, pese a muchos problemas de salud que acarrea, tomó el micrófono y dió, una vez más, un mensaje cargado de esperanza y reflexión política. Nunca deja de sorprender.

El momento más sensible de la jornada llegó con un video que demostró lo que fue la vida de “Cabezón”, ese compañero y amigo de Agustín que falleció hace muy poco tiempo y que merecía el homenaje que tuvo. Su frase en el video fue la advertencia a que sepan las fuerzas de seguridad que “por más que maten a uno vamos a seguir peleando, si nos echan vamos a volver, hubo 30 mil desaparecidos ..”, la emoción de sus compañerxs era visible en la parroquia. Cabezón no tenía un modo de vida fuera de la militancia social, pensando dónde debía ir a congregarse para resistir cualquier embate injusto que venga. Su último escenario de marcha fue el de cada miércoles junto a los jubilados. Allí estuvo junto a su compañera Celia. Resistiendo y dando la pelea.

Celia, supo en todo momento, a lo largo de estos años acompañar este pedido de justicia, y no desde la comodidad, sino generando incomodidad. Es por eso que debemos tener en cuenta que la semilla de la que se habla con Agustín, germina fuerte por las calles de Solano.

La jornada continuó con un panel dónde hubo familiares, compañerxs y amigos de Agustín. El mensaje de mayor fervor lo impulsó Orlando Agüero, militante histórico del Frente Popular Darío Santillán. Entre sus palabras dejó como legado la idea de poder unir las luchas que están sueltas para pelear como lo hizo Cabezón, Agustín o Darío Santillan. Sabiendo que hubo cosas que se pudieron haber hecho bien pero no alcanzan.

El cierre estuvo de la mano de la música y los artistas populares del barrio de Solano, que cada año ponen su arte al servicio del pueblo. Agustín fue un joven militante social de las Comunidades eclesiales de base que no debemos olvidar que primero puso la causa y después a las personas.

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