Las ovejas de Hamelin

El panorama sociopolìtico-econòmico se presenta complejísimo, y a veces hasta incomprensible para la mayoría de las personas, en todos los niveles organizativos que la democracia representativa propone. Ya sea a escala nacional, provincial, municipal y/o barrial, el análisis de la realidad, en tanto método para hacer observaciones, sacar conclusiones, plantear hipótesis de acciones para el mejoramiento de las condiciones de vida de la población y tomar decisiones que conlleven al fin propuesto, queda en manos de un ínfimo porcentaje de los habitantes y el resto acepta pasivamente las propuestas de continuidad y/o cambio sin detenerse siquiera a reflexionar sobre los pro y los contra que los diferentes modelos acarrean para las generaciones presentes y futuras.

Por Vicente Pincen.

En breve, los habitantes de éste país conocido como Argentina, seremos convocados por la clase política para “elegir” presidente y las campañas publicitarias de los candidatos bombardean, a los que consumen medios de comunicación, con nuevas y espectaculares imágenes y palabras, pero también con viejas y anquilosadas e inviables propuestas y modelos. Vale la pena pensar un poquito.

Mientras el planeta está siendo literalmente destruido por empresas que le succionan la vida, nuestros candidatos nos proponen seguir consumiendo e incluso aumentar el consumo de los “bienes” y “servicios” que esas empresas producen.

Así, en pos de “mas seguridad”, “mayor bienestar”, “mas igualdad”, “mejor educación”, “buena salud” y una serie interminable de conceptos que poco o nada tienen que ver con actividades comerciales, proyectan invertir el dinero del tributo que la población les paga, en la adquisición de “recursos” que ellos estiman útiles para los fines requeridos.

Todos los postulantes a puestos de poder estatal están convencidos de que hacen falta inversiones en las diferentes ramas de la industria (rural o urbana) y urden planes para atraer capitales con el objeto de extraer de la tierra todo lo que se pueda.

Sin importarles las irrefutables pruebas que demuestran el deterioro vertiginoso que sufren los ecosistemas, incluida la especie humana, con actividades tales como la minería a cielo abierto, el “fracking” para extraer combustibles , la producción y uso de agrotòxicos, la industria automotriz y su quema de petróleo, la generación de energía nuclear, hidroeléctrica o termonuclear y otras tantas que, directa o indirectamente, cooperan con el deterioro planetario, estos seres muestran en sus campañas lo que celosamente ocultan de sus entrevistas con banqueros, empresarios y financistas de toda laya y pelaje, en la convicción de que la economía humana se rige exclusivamente por la sagrada ley de oferta y demanda.

Mientras tanto, el resto de la población, o un alto porcentaje de esta, acude a aturdirse con las “sofisticadas” melodías de estos flautista de Hamelin que intentan arrastrarnos a una destrucción segura, sin prestar atención a las voces de especialistas académicos y/o populares que de un lado a otro del planeta advierten de las inminentes desgracias que acarrea el sometimiento de la naturaleza a los intereses de los hombres.

Las últimas inundaciones en la provincia de Buenos Aires y las del norte Argentino, el irrespirable aire de Santiago de Chile saturadísimo de smockg, las cenizas volcánicas y los terremotos en la cordillera de Los Andes, son mas que evidentes pruebas de que la humanidad está requiriendo de la tierra más de lo que esta puede dar y, por ende, más de lo que la propia humanidad necesita.

Pero lo realmente curioso es que a ningún político se le haya ocurrido que, para apalear tantos males que aquejan a nuestra sociedad, se podría, en vez de producir más, repartir mejor.

Llama poderosamente la atención que ninguno de los candidatos proponga un debate serio sobre las problemáticas ambientales que supone la producción de artículos totalmente prescindibles y superfluos e incluso dañinos para las personas y su entorno.

Quizá esto se deba a la simple ignorancia, a la cobardía, a la inescrupulosidad o a convicciones verdaderas. Lo cierto es que el tiempo apremia y los que supuestamente se tendrían que ocupar del bienestar general poco y nada hacen en este sentido.

Quizá, también, la responsabilidad sea de todos nosotros y no tan solo de un grupo de seres tan humanos como nosotros mismos a los que les delegamos  (gracias a nuestro imperfecto sistema democrático representativo) todas nuestras responsabilidades inherentes a la vida en sociedad.Diciembre-01-Caricatura-B

La historia de este joven estado da claros ejemplos de que los avances en el desarrollo de políticas y legislaciones tendientes al mejoramiento de la CALIDAD DE VIDA de las clases populares, han sido el resultado de luchas y reclamos de todo tipo que los interesados protagonizaron, y a los que los gobernantes solo accedieron a tratar cuando toda resistencia por parte del estado se hacía imposible.

Por todo lo expuesto, y ante la inminencia de las próximas “elecciones”, sería interesante observar detenidamente que clase de relación existe entre lo que los candidatos propone y las REALES NECESIDADES de las personas que conforman esta diezmada sociedad, para no repetir la eterna rutina de nuestro pueblo de “ir por lana y volver trasquilado”.

Vicentepincen.ancap@gmail.com

 

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