LUCHA DOCENTE: LA UBA EN PIE DE GUERRA

Luego de la inescrupulosa decisión del gobierno nacional de no aumentar en un solo peso el presupuesto de la Universidad de Buenos Aires, la semana del 25 al 30 de abril transcurrió entre la huelga general y clases públicas. En dialogo con ANCAP Cristian Henkel, miembro de AGD-UBA, detalla la situación. Por Diego Ferraro.

Al corazón de los dos pilares de la sociedad. A ellas, la salud y la educación, atacó sin disimulo el gobierno de Mauricio Macri. La situación de la salud pública y sus trabajadores ya fue descrita en otra nota reciente (ver HOSPITALES BONAERENSES: ENTRE PAROS Y DESIDIA GUBERNAMENTAL ). Con la educación no quisieron ser menos. A los ya conocidos reclamos de los docentes de escuelas de educación primaria y secundaria, se suman los (eternos) reclamos de los docentes universitarios, en particular quiénes dictan clases en la Universidad de Buenos Aires. Esa que le llena el orgullo a quiénes son gobernantes de turno en nuestro país, pero que no la retribuyen con presupuestos acordes a una casa de estudios tan prestigiosa, ni dignifican a los educadores con salarios decentes.

13103362_994411120646878_6816347650968913052_nPara tener un testimonio propio de quienes están en la lucha, dialogamos con Cristian Henkel, docente en el CBC de Avellaneda y en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, y también miembro de AGD-UBA (Asociación Gremial Docente). Solicitado sobre cuáles eran los motivos de la huelga, comentó que “las reivindicaciones se resumen en dos puntos: un aumento salarial del 45% y el cumplimiento del convenio colectivo de trabajo”. La medida de fuerza duró toda la semana comprendida entre el lunes 25 y el sábado 30 de abril, aunque la huelga no impidió el dictado de clases: hubo clases públicas que esta vez no sólo se brindaron en los pasillos de las respectivas universidades o en las calles aledañas a las mismas, sino que también las hubo en lugares muy poco habituales para llegar a un mayor número de ciudadanos con las consignas docentes, como en las estaciones de subte porteñas, o en un tren que estaba cumpliendo su recorrido habitual.

Consultado sobre la disputa salarial, Henkel contó que están muy lejos de una solución: El ofrecimiento del gobierno es de un 15% anual, 30 puntos por debajo de la demanda del profesorado. “Un docente simple, con 10 años de antigüedad, con más de 100 alumnos, teniendo que corregir parciales, recibe de la Universidad menos que lo que se cobra en un ‘Plan Trabajar’, alrededor de 2800 pesos”, reclamó el docente; y debemos sumar el enorme número de docentes y auxiliares que trabajan ad honorem.13087388_994411103980213_3651428302032240844_n

A la escasa oferta salarial, debemos sumar que no hubo un aumento presupuestario respecto de 2015, volviendo aún más precaria la situación edilicia, del cuerpo docente y el alumnado; desde las entrañas de la UBA surgió el rumor que si no hay aumento en el presupuesto, el mismo alcanza nada más que hasta agosto de este año. Respecto del reclamo por el convenio colectivo de trabajo, Henkel hizo hincapié en que los docentes universitarios son los únicos trabajadores del país que carecen de derechos elementales.

13100706_994411110646879_2117851929709348586_nSi bien esta nota se centró en la problemática de la UBA, cabe recordar que la huelga se hizo extensiva a todos las universidades públicas del país. ¿Cómo soportar sino, en una economía con constante inflación, depreciada y devaluada como la actual, el anunció de no recibir ni un solo peso de aumento de cara a todo un año universitario por delante? Teniendo en cuenta tan solo el proceso inflacionario, no sólo es que no sea aumenta, sino que se recibe menos dinero por el costo de manutención de la universidad pública. Podemos sumar también la lucha de los alumnos por el boleto estudiantil, ese que la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, no consideró prioritario.

Porque al parecer, la revolución de la alegría alcanza solo a miembros seleccionados desde la casa de gobierno, y los forjadores del futuro, sea desde el pizarrón o el asiento, les son esquivas las sonrisas y las miradas. La lucha promete continuar, el profesorado y el cuerpo docente universitario parecen haberse mancomunado contra un recorte irrisorio en políticas de educación. Mientras haya pensamiento, no habrá sumisión.

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