Luego de la inescrupulosa decisión del gobierno nacional de no aumentar en un solo peso el presupuesto de la Universidad de Buenos Aires, la semana del 25 al 30 de abril transcurrió entre la huelga general y clases públicas. En dialogo con ANCAP Cristian Henkel, miembro de AGD-UBA, detalla la situación. Por Diego Ferraro.
Al corazón de los dos pilares de la sociedad. A ellas, la salud y la educación, atacó sin disimulo el gobierno de Mauricio Macri. La situación de la salud pública y sus trabajadores ya fue descrita en otra nota reciente (ver HOSPITALES BONAERENSES: ENTRE PAROS Y DESIDIA GUBERNAMENTAL ). Con la educación no quisieron ser menos. A los ya conocidos reclamos de los docentes de escuelas de educación primaria y secundaria, se suman los (eternos) reclamos de los docentes universitarios, en particular quiénes dictan clases en la Universidad de Buenos Aires. Esa que le llena el orgullo a quiénes son gobernantes de turno en nuestro país, pero que no la retribuyen con presupuestos acordes a una casa de estudios tan prestigiosa, ni dignifican a los educadores con salarios decentes.
Consultado sobre la disputa salarial, Henkel contó que están muy lejos de una solución: El ofrecimiento del gobierno es de un 15% anual, 30 puntos por debajo de la demanda del profesorado. “Un docente simple, con 10 años de antigüedad, con más de 100 alumnos, teniendo que corregir parciales, recibe de la Universidad menos que lo que se cobra en un ‘Plan Trabajar’, alrededor de 2800 pesos”, reclamó el docente; y debemos sumar el enorme número de docentes y auxiliares que trabajan ad honorem.
A la escasa oferta salarial, debemos sumar que no hubo un aumento presupuestario respecto de 2015, volviendo aún más precaria la situación edilicia, del cuerpo docente y el alumnado; desde las entrañas de la UBA surgió el rumor que si no hay aumento en el presupuesto, el mismo alcanza nada más que hasta agosto de este año. Respecto del reclamo por el convenio colectivo de trabajo, Henkel hizo hincapié en que los docentes universitarios son los únicos trabajadores del país que carecen de derechos elementales.
Porque al parecer, la revolución de la alegría alcanza solo a miembros seleccionados desde la casa de gobierno, y los forjadores del futuro, sea desde el pizarrón o el asiento, les son esquivas las sonrisas y las miradas. La lucha promete continuar, el profesorado y el cuerpo docente universitario parecen haberse mancomunado contra un recorte irrisorio en políticas de educación. Mientras haya pensamiento, no habrá sumisión.
