LOS ORILLEROS

En el partido bonaerense de Esteban Echeverría, a un corto viaje de la estación de tren de Longchamps, la tierra parece estar tan seca que no podría cultivarse nada. Sin embargo, hay quienes, pese a esto, decidieron irse al campo y vivir de una manera diferente. Sin luz, cultivando y criando animales. Un dato más, con biblioteca popular en plena construcción.

Por Federico Paterno

Tren Roca a la estación Longchamps, un colectivo más hasta el barrio Rayo de Sol y de ahí en más iniciar la caminata hasta destino, ese fue el recorrido que me tocó. Al llegar, la zona demuestra que es rural, un cartel en pleno Camino las lata (así lo llaman en la zona) lo indica “Fin de la zona urbana”. Eso significa que podía comenzar a tranquilizar los ánimos, pero continuar la marcha.20160207_115623

Una bandera wiphala flamea en lo alto de la casa. Las plantas y los animales sueltos muestran una escenografía de naturaleza viva. No tardan en hacerse ver los dos caballos del lugar. El viento empuja bastante y eso colabora para que las aspas del molino viertan el agua para el campo.

La contraposición con la ciudad es notoria, la urbe que agota, por el ritmo agobiante que impulsa la vida con cronometro diario. Aquí, en el campo de María y de Hugo esto no pasa. Sin humos que contaminen, sin gente acelerada por doquier, La vista alcanza infinidad de objetivos, otro factor tangible de la ruralidad.

EL PROYECTO

Este proyecto de Hugo y de María nace hace dos años. “El inicio fue un emprendimiento familiar con mi hermano para trabajar la tierra y trabajar la producción de animales”, asegura Hugo. El objetivo central de poder llevar a cabo esta forma de vivir tenía un porqué y era cambiar de forma de vida para evitar el sistema de consumo. Según Hugo, es un sistema que propone sillas, comodidad. El costo ambiental y la contaminación que arrastra es algo que resuena continuamente en la cabeza de estos dos pequeños productores orilleros.12079239_1506367203016008_4399482758962807479_n

Su trabajo como maestro para chicos con problemas psicomotrices, al momento que vivía junto a su compañera en San Antonio de Areco fue lo que los ayudo para poder solventar el primer tiempo de vida en el campo. Ella, María, no deja nada servido al azar a la hora de rebuscársela para poder tener una economía diaria sin sobresaltos. Dispuesta siempre a trabajar para que no falte el mango.

 

“La batalla hay que darla para que las familias vuelvan al campo”, sentenció Hugo, hoy ya es un pequeño productor que dedica sus días al arado, la siembra y el cuidado de animales, pero algo nunca queda marginado: la reflexión política. “Las familias campesinas en la vida de campo juegan el rol del ejemplo, más que nada las mujeres tiene un sacrificio muy grande. Hay que estar acá para verlo, porque a pocos les importa esto. El rol que cumplen es el del ejemplo y está ahí para el que lo quiera ver. Los que están en la ciudad no ven todo esto, están en otras instancias”.img_20150525_121325244_hdr

Los agricultores de la zona están asimilando a paso cansino la idea de reunirse, y que sea una constante en ellos y sus mujeres a la hora de poder dar el debate de que es lo que se precisa para estar en el campo, para crecer como productores, sus principios básicos, y dentro de ese análisis aparece un factor en común que esta ante cada asamblea que Hugo se hace presente, la ley de tierras (http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/190000-194999/192150/norma.htm)  y su concreta aplicación

Dar lugar a una organización de los pequeños productores o campesinos, es una muestra de autogestión, y de fortalecimiento en la idea de retomar la idea de que las familias retornen al campo, como bien lo expresa por ejemplo el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) en sus principios más importantes. Poder discutir la propiedad de la tierra y la defensa de la misma los campesinos la asimilan como tal a través de la constancia de sus encuentros. No es tarea fácil explica Hugo, pero no se rinden tampoco.img_20150402_183258

En la zona no falta aquél que siembre soja y que utilice, como nos explicó el productor , el mata yuyo más comúnmente conocido como Glifosato. Todavía no hay una conciencia de que es cancerígeno”, advierte él.

LA MUJER RURAL

La presencia de Guillermo, ingeniero agrónomo del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria); vecino de Hugo y María hizo que se pueda obtener una cotidianidad a la hora de reunirse entre los pequeños productores de la zona para poder tener un espacio de debate y armado mancomunado. A esta idea de poder tener un lugar para sumar ideas hay un rol que es fundamental según explica María y es el de la mujer rural.

“El rol de la mujer en el campo es primordial, en las reuniones del INTA las mujeres hablan mucho, más que los hombre y ponen los ovarios arriba de la mesa, yo me siento chiquita al lado de ellas”, aseguró María. En el campo se extiende la idea de que se embrutece la gente, nos relata ella, pero su posición frente a ese legado es contrarrestarlo con la participación en las reuniones, y en cada cosa que se pueda sumar, como por ejemplo la formación de la biblioteca “Alfonsina Di Giovanni” un emprendimiento donde los libros son parte de un saber que se puede compartir, de ahí surge la necesidad de armar esta biblioteca popular en el campo. Su conformación se extiende de donaciones, libros propios y materiales que los visitantes de paso ofrecen para sumar.

La huerta de la Toldería, como ellos llamaron a su campo, es una tarea compartida, pero que hoy rige más por la presencia de María día a día.

CONVIVIR CON LA NATURALEZA

Un legado que no puede quebrantarse a lo largo del desarrollo de este proyecto es la posibilidad de que otras familias, amigos y conocidos puedan notar que existe otra de forma de vivir alejada del consumo a gran escala. Ambos esperan que esta experiencia sirva que otros la repitan.

La compra de un molino semi destruido que es hoy su principal fuente de agua denota la energía puesta en el lugar. Una huerta que da: Habas, lechuga, albahaca, acelga, rabanitos, tomates, jalapeños, etc. Gallinas que ofrecen los huevos a menudo y la crianza de chanchas encaminada, todos esos factores conforman un proyecto que convive con la naturaleza.

Uno de los objetivos principales se refleja en que la producción sea para consumo directo y ser autosustentable, como así también poder comercializar sin intermediarios: del productor al consumidor.

En los días de arduo trabajo de campo no está ausente la información. La radio es la principal compañía del día. “Todas las radios que se escuchan acá tienen intereses atrás de grandes medios, las escuchamos pero sabemos eso. El espacio de reuniones con amigos que viene acá también es nuestro espacio de información”, explica Hugo.

Cae la tarde y las velas son la principal fuente de luz. Nada raro para ellos, muy extraño para muchos. La luna es parte de la luz nocturna en la tolderia. 

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La entrevista continua mientras la salamandra de la casa chispea y hace fuerza para frenar el brioso frio campero. El mate continúa girando y la charla también. Surge un freno en la conversación, hay que alimentar a los animales. Así es la vida en el sur del conurbano, justo ahí donde termina lo urbano y comienza lo rural, más precisamente donde está la toldería, una experiencia que nació para quedarse.

 

 

 

 

 

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