EL ÁNGEL DE NUÑEZ

Labruna es sinónimo de River Plate. Tan es así que por la fecha de nacimiento se celebra el “día internacional del hincha de River”. Historia de un hombre con personalidad, guapo para el fútbol, burrero, cabulero y todo un símbolo del fútbol argentino del siglo XX. Por Juan Alberto Perez

Puede haber muchos técnicos como yo, pero ninguno sabe más que yo” toda una declaración de principios uno de los hombres más importantes de la historia del Club Atlético River Plate. Ángel Amadeo Labruna, “el feo”, aquél que nació en Palermo allá a principio del siglo veinte, cuando no existía Palermo Soho, ni Palermo Hollywood, ni casas de ropas caras o copetudos a troche y moche.

Angelito, hijo de familia italiana, es un típico ejemplar de la “porteñidad” y el ser argentino del siglo pasado. Hombre de calle, café, barrio, timba, caballos y fútbol. “¡Burrero!, me gritan a cada rato. ¿Está prohibido ir al hipódromo? ¿No es el deporte de los reyes? Me quieren ofender diciendo eso, y yo no me ofendo. Hace casi cuarenta años que voy a las carreras. Si me invitan al cine o al teatro, paso. Pero las carreras me encantan” decía Labruna cuando se lo apuntaba como derrochador y dilapidador de dinero.

Sin embargo, claramente, Labruna nació para una cosa. El fútbol. Desde los ocho años inició su preparación en River Plate. A los 20 años debutó en la primera división y estuvo 20 años con la misma camiseta. Más tarde se dedicó a entrenar y lo hizo con excelentes resultados, convirtiéndose en uno de los nombres más ilustres de la historia del fútbol argentino.

EL MOTOR DE “LA MAQUINA”

Durante la década del 1940 las tribunas del monumental del Nuñez se inundaban de espectadores. Y ese desborde obedecía a un patrón bien marcado. Todos iban a ver a “La maquina”. Así era conocido el equipo de River que marcó una etapa del fútbol local y que caracterizaba a sus delanteros Muñoz, Moreno, Labruna, Pedernera y Loustau. Ángel Labruna había ingresado al equipo en lugar del “charro” Moreno que jugaba de número 10, y debido a su buen rendimiento no salió nunca más, y obligo a DT a que corra de puesto a Moreno que era una de las figuras más importantes de la escuadra. A ese equipo que arrasó con los torneos locales también se los conoció como Los caballeros de la angustia dado que muchas veces no definían en partido hasta poco antes de que se diera por terminado. Sin embargo, eran amos y señores del fútbol y lograron quedar en la historia. “Cesarini fue el formador de La Máquina. Convenció a Moreno de que tenía más campo para recorrer y lo puso de 8; lo convenció a Pedernera de que contra la raya estaba asfixiado y lo corrió de 9; me ascendió a mí. Al tiempo lo convirtió al Loco Loustau de marcador de punta en wing izquierdo y a Muñoz, que jugaba de 8, lo puso de wing derecho” declaro Labruna definiendo la formación de aquél equipo. A pesar de esto, se rumoraba de que entre los integrantes de aquél equipo las cosas no estaban el todo bien. Que Pedernera y Labruna no se llevaban bien con Moreno y su estilo de vida. De todas maneras lo negaron expresamente aunque con el tiempo el equipo se fue desarmando.

angel-labruna-jorde-duranarchivo_claima20130918_0134_4Labruna jugó mas de 500 partidos y sumo alrededor de 290 goles que lo ubican como uno de los máximos goleadores de la historia del fútbol argentino junto con el paraguayo Arsenio Erico que jugase en Independiente. Además, es el hombre con más goles en los superclásicos contra Boca Juniors, una cuenta que lo llenaba de satisfacción debido a que siempre tuvo un enorme sentimiento de rivalidad con los primos de la ribera. “La alegría más grande que hay es ganarle a Boca y gritar los goles en la Bombonera” decía Labruna como declaración de principios y agregaba “El día que esté obsesionado con ganarle a Boca, recién ahí vas a poder lucir con orgullo la camiseta de River”.

Tuvo que irse a los 41 años porque la dirigencia no lo tendría en cuenta. Así que tuvo su periplo por el fútbol chileno y el uruguayo para terminar su carrera en Platense.

GANADOR DENTRO Y FUERA DE LA CANCHA

angelito_2Años más tarde, luego de deambular un poco por oficios extrafutbolísticos, “el feo” comienza su carrera de director técnico. Fue en Defensores de Belgrano, donde tenía contacto por manejar el buffet del club. Luego, se produciría una particularidad cuando toma el cargo de entrenador en Platense, pero al mismo tiempo que manejaba a el “defe”.

Tuvo un gran paso por Rosario Central, siendo campeón, y por otros clubes argentinos. Pero su verdadero amor lo necesitaba, así fue que volvió a River para intentar romper con 18 años de sequía de títulos que pesaba en el millonario. Y lo logró en 1975, y por duplicado. Campeón Nacional y Metropolitano, Labruna y River volvían a demostrar que eran una pareja infalible. Logró 6 títulos al mando de River y dejó un sello imborrable en el estilo del club River es un monstruo que cobija estrellas” afirmaba.

A pesar de todo, en 1981 dejó de ser entrenador de River por conflictos con Aragón Cabrera, presidente del club entonces, algo que lo marcó profundamente y lo llenó de tristeza. “Cuando me fui de River llegué a creer que se terminaba el mundo. Si hasta me quise pegar un tiro. Anduve como un loco toda la noche. No podía dormir. Salí a dar vueltas y vueltas. No quería volver a casa. Después vino Talleres y seguía pensando en River” decía Labruna.

DE CÁBALAS Y OTRAS YERBAS

Angelito era un hombre de cábalas. Será quizás por su gusto por los juegos de azar y los caballos. Nunca pisaba las rayas de cal de la cancha, entraba con el pie derecho y antes de empezar los partidos pateaba al arco vacío para “abrirlo” y que la fortuna acompañe su performance. “Creo en pequeñas ceremonias que traen suerte o en personas que se cruzan en mi camino y me “secan”. Confieso que a veces he sido un exagerado, pero es más fuerte que yo” declaraba.

En 1983 herido por su salida de su casa, aunque trabajando en otros clubes, pasa a la inmortalidad el ídolo y referente más importante de la historia de River. Dejo estas tierras para alentar desde los cielos a su querido River Plate. Y cumplió con su premonición más importante “Yo sé que voy a morir en River”. Aunque en realidad más que morir, él vive en River. En el corazón de cada hincha, en cada jugada en cada título, en cada gol. Hay en el club una estatua suya y cada 28 de septiembre (día de su nacimiento) se celebra el “día internacional del hincha de River”.

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