SE MURIÓ FIDEL CASTRO ¿QUÉ ESPERABAN?

Por Juan Manuel Lazzarino para ANCAP

Se murió el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro. ¿Qué esperaban de este día? ¿Acaso alguien esperaba que los críticos de la revolución, los que vieron una dictadura, no festejaran? ¿Acaso alguien esperaba que Cuba se mostrara perdida, débil, y que la Revolución languideciera? ¿Acaso alguien esperaba que los miles de alfabetizados borraran de sus memorias las enseñanzas y los valores que una libertad hecha a medias, con remiendos del mundo moderno, con recursos de segunda otorgados por la dádiva que no acompaña sino que tolera y observa sin más intensiones que dejar ser? ¿Acaso alguien esperaba que las palabras, las luchas, las canciones, los vítores y las reivindicaciones que se acallaran por el luto de una pérdida? ¿Acaso alguien esperaba que los gusanos, que viven de devorarse a los muertos, no salieran a la calle a celebrar el banquete que les sirvió el tiempo, siempre tirano con las figuras? ¿Acaso algunos esperaban que aquellos que buscaron apagar el fuego que se encendió aquel primer día de 1959 no aprovecharan la oportunidad para encandilar con sus luces artificiales? ¿Alguno tal vez pensó que el aquel pueblo que fue el protagonista de sus cambios ahora permitiría que los historiadores de fracaso le contaran la historia de ese hombre al que lloran? ¿Alguno creyó tal vez que los miles de testigos que vivieron, sufrieron y sostuvieron a La Revolución la iban a dar por muerta cuando el padre de la misma pereciera? ¿Pensaron que la derecha, siempre rápida a la hora de cobrar la herencia, iba a ser respetuosa de los tiempos de los deudos? ¿O tal vez pensaron que la izquierda más izquierda que la izquierda iba a saludar a ese mar llantos sin jactancia?

La muerte acompaña de la mano a aquel que la doblegó cuando sus socios de la Agencia buscaron aprontar el encuentro y fallaron; cuando intentaron penetrar en un cuerpo débil que buscaba tolerar al entorno para mutilarle la moral y deseo y sólo consiguieron reafirmar su amor propio. La muerte viene a llevarse un cuerpo que ayer, a las 22:30, ya estaba vació. La muerte se lleva una cáscara seca que regó su fruto en el pueblo y en la historia.

¿Acaso alguien esperaba que a Fidel Castro lo embalsamaran y subieran a un caballo como al moderno Cid Campeador y que ganara batallas que sólo eran útiles para aquellos que no acompañaron ni sirvieron a la causa del pueblo?

La derrota estriba en que ya no hay un Fidel Castro. Porque ya hace mucho la Revolución pasó de manos; pasó de dos manos a miles. Una Revolución que, como su comandante, está hecha de pruebas, de errores, de crecimiento y de retrocesos. Pero que está hecha, y eso ya no tiene vuelta atrás. Como la muerte de su líder, que se va victorioso y deja a su pueblo para ocupar un lugar en la historia. Como líder, como revolucionario, como dictador o como hereje, eso dependerá de cada lectura. Pero la historia solo guarda lugares para aquellos que le torcieron el brazo, y Fidel tenía ganada esa pulseada mucho antes del 25 de noviembre de 2016, a las 22:30.

¿Acaso alguien esperaba algo de estas líneas que no fuera una triste despedida y una defensa del líder que nos deja?

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