*Por Federico Firpo
Cuando uno se pregunta por qué algunas cuestiones han sido por demás acalladas o silenciadas, no queda más que pensar en que la evidencia, que sustenta al ocultamiento, quedará probablemente demostrada con el paso del tiempo. Tiempo demorado, pero igualmente ganado por los pocos que se sortean, para sí, los triunfos de una crisis social generalizada. No sería la primera vez que la indignación mediática tarde en valerse de las demandas populares, de hecho, no fue sino hasta el 20 de Diciembre del 2001 que las grandes corporaciones audiovisuales dejaron de fogonear a favor de las políticas delaruistas (neoliberales, de ajuste y exclusión social), respaldadas por el FMI y el Banco Mundial, con sus respectivas delegaciones, celebrando en la misma mesa, junto con periodistas argentinos. Mientras tanto, seguimos siendo víctimas y testigos, a la vez, de informantes y formadores de opinión, entusiasmados en proponer un mundo normalmente cínico.
Conferencia de prensa mediante, caemos en la cuenta de un Presidente quien, algo carente de conocimiento pero lleno de poderes selectivos, dice confiar en “ustedes” los argentinos, como si él fuera, no se… neozelandés, por ejemplo. Defendiendo al empresario inglés (recientemente citado), aduce que no entiende por qué sectores de la prensa y la oposición han criminalizado al pobre magnate, eso sí, sin decir absolutamente nada de la represión, reduciendo todo a simplemente inconvenientes… Ni siquiera en lo referente a la balacera policial que en el barrio de Pompeya afectó a los 300 trabajadores del Grupo Clarín, separados de sus puestos de trabajo. Cuando se le pregunto al respecto, el líder del mejor equipo de los últimos 50 años replicó algo así como: Sabemos que la situación está algo difícil pero quédense tranquilos, por cada despido sabemos que en el país se va a estar abriendo una fábrica nueva…
Las reformas estructurales y de alguna forma estructurantes, por qué no, de un año a la fecha, han caminado sin piedras, ni descansos. Los palos que se sienten en el cuerpo parecen no ser los de las noticias que nuestros ojos ven. Sin embargo, en este cínico mundo normalizador seguiremos dejando nuestra tan loca huella.

