CAMACHO EL GOLPISTA SIN CONSENTIMIENTO

Por Juan Alberto Pérez

Llevaremos a Dios nuevamente al palacio del Quemado” había advertido Luis Fernando Camacho, quién esta tarde antes de entrar en la residencia de gobierno ordenó a sus seguidores a bajar una bandera whipala, que simboliza a las naciones indígenas. Con la biblia y la bandera de Bolivia en mano llegó a dejarle una carta al presidente exigiendo su renuncia, como si fuera un referente popular, lo cuál ni cerca está de serlo, y probablemente a sabiendas de que el golpe ya estaba en marcha pues los altos mandos militares ya habían hecho el trabajo sucio de apretar a Evo.

Luis Fernando Camacho es abogado, tiene 40 años, y pertenece a una familia empresarial de Santa Cruz de la Sierra, la provincia más rica de Bolivia. Es presidente del Comité Cívico de Santa Cruz. Forma parte del Grupo Empresarial de Inversiones Nacional Vida S.A. y es un referente de élite burgués del Bolivia. Luis Fernando Camacho y su padre le deben al Estado más de 20 millones de dólares. Su casta forma parte de los grupos de poder de Santa Cruz. Él y su familia pertenecen a la logia Los Caballeros de Oriente, que junto a las logias Los Toborochis y Espadas de Oriente, entre otras, operan en las sombras desde hace años para promover la caída de Evo Morales.

Camacho en el Palacio del Quemado

Es presidente del Comité Cívico de Santa Cruz que aglutina 23 entidades de las sociedad civil. Pero antes formó parte de la Unión Juvenil Cruceñista, hasta 2004 fue vicepresidente de dicha entidad. Esta organización que se define cívica y autonomista es un grupo de choque de Santa Cruz, que cimienta sobre la ideología racista. La Federación Internacional de Derechos Humanos la UJC la categorizó como una organización vandálica y la caracterizó como un grupo paramilitar de Santa Cruz.

Profesa la fe de Dios y es apoyado por la Iglesia Católica. Aunque utiliza métodos mafiosos para ejercer la política. “Tenemos que sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar declaró Camacho hace unos días a sus seguidores en un claro llamado a la persecución de los y las dirigentes del MAS, como así también a su familia y a la militancia.

Antes de las elecciones había sido acusado por el candidato a presidente Virgilio Lema de estar dividiendo a la oposición y estar parcializándose con Carlos Mesa. Justamente el mismo Mesa es quién discute la elección del 20 de octubre y no reconoce la derrota. Por el contrario hace uso del grupo armado de Camacho, y de la venta de humo de este personaje, para voltear ilegalmente un gobierno constitucional y en funciones hasta enero de 2020, como así también condicionar a la cadena de mando Constitucional a que prácticamente le entreguen en manos el poder político de Bolivia.

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