“POR TODOS LOS QUE NO ESTÁN, YO SEGUIRÉ AHÍ”

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Por Lidia Baran

La pandemia del COVID-19 en Chile frenó, por el momento, las movilizaciones y las muestras de un pueblo que busca cambiar lo que Piñera sostiene dentro de la educación, la salud y la cultura Popular. El lema que inicio las protestas fue: Chile Despertó, hoy ese lema se sostiene y no se apaga a causa de un virus. Es por eso que traemos en ANCAP, el testimonio de quienes desde Chile, continúan con la idea y la resistencia más firme que nunca. En esta entrega es el de Leonardo Ortega.

El año 2019 fue año extraño, antes de que el país explotara en octubre ya se sentía un clima de tensión e irritabilidad en el ambiente, estábamos todos hartos de que la elite se siga riendo en nuestra cara, lo hizo durante muchos años con sus leyes acomodadas y ridículos actuares. El 6 de octubre la tarifa del transporte público en Santiago sube 30 pesos en su valor de base y de pronto todo se tornó de color gris, los estudiantes organizaron evasiones masivas en el metro y esto se replicó durante varios días hasta que llego el 18 de octubre, encendí la televisión a eso de las 20:00 y solo puedo definir ese momento como una felicidad inmensa que me erizo toda la piel. Tengo 26 años, soy profesional de salud hace 2 años y en mis pocos años de vida me ha tocado ver y vivir tantas injusticias, tanta mierda en mi país, tan poca empatía. Lo mejor que le pudo pasar a mi país fue este estallido social en donde nos dimos cuenta que el sistema neoliberal nos estaba consumiendo, traducíamos todo nuestro tiempo en dinero, era lo único que importaba y ahora es cosa del pasado, ahora exigimos “Dignidad”. Ha sido una palabra que a retumbado en todos los rincones de mi cabeza, era la palabra que terminaba de darle sentido a esa carencia que teníamos como país, termino siendo la piedra angular que todo cambio requiere, ese punto de quiebre en el que te das cuenta que estas con vida y tienes un objetivo nuevamente, darle frente a una lucha en la que sabes que no estarás solo, tendrás a miles de personas a tu lado con las mismas ganas de triunfar. El jueves 24 de octubre fue la primera vez que salía a la calle a protestar, ese día me junté con unos amigos en la plaza Baquedano, sentí tanta felicidad al ver a toda esa gente reunida con la misma convicción que no pude evitar soltar lágrimas de la emoción, fue increíble, miles de personas caminando por la alameda, pancartas y banderas de todo tipo, era la segunda vez en mi vida que sentía tanta felicidad. Aquel día llame y hable con todos mis conocidos, estaba eufórico. Al día siguiente no dude en alistarme para concurrir nuevamente, solo iba con motivación de gritar y disfrutar todo lo que ocurría a mi alrededor, ese 25 de octubre fue la marcha más grande de Chile en toda su historia, fue magnifico. Antes del estallido nunca había tomado la fotografía como un pasatiempo, tenía la cámara tirada en un rincón juntando polvo.

Foto de Leo creditos Ewok.raw
Foto: Ewok.raw

Luego de un par de semanas de diversos eventos decidí repasar la cámara y salir a tomar fotos, fue el día 18 de noviembre la primera vez que salía con ella, ver a tanto fotógrafo en las calles me causo un entusiasmo por registrar lo que estaba ocurriendo, nunca más volvería a pasar. Aquel 18 de noviembre capturé un momento que causo tanto ruido en mi cabeza que nunca más deje de ir con cámara, me había aventurado a ir lo más adelante que podía en la zona cero (Ramón Corbalán) antes de que los pacos pudieran hacerme algún daño, en ese momento comienzan a lanzar lacrimógenas y sale el guanaco con mucha fuerza a dispersar a los manifestantes, no alcance a escapar y quede atrapado junto un grupo de fotógrafos en el estacionamiento de un edificio, me concentre solamente en preocuparme de resguardar mi integridad física, tenía miedo y angustia por haberme metido en esa situación de peligro de forma tan innecesaria,  en ese momento fue cuando veo que un grupo de pacos viene arrastrando de cabeza a una persona de unos 35 años inconsciente, con su ropa destrozada y sangrando, fue el momento que cambio toda mi forma de ver la revolución, al comienzo era felicidad, distracción, euforia y fue ahí donde me di cuenta que esas emociones no reflejaban realmente lo que pasaba, lo que estaba pasando frente a mis ojos era mucho más oscuro y aterrador, era triste y angustiante, era una batalla la que se estaba librando en las calles, no era una fiesta y podía presenciarlo en vivo. El miedo que sentí en aquel estacionamiento despertó hasta la última neurona de razonamiento dentro de mi cabeza y me empujó levantar la cámara con mucha seguridad para poder registrar aquel momento de represión por parte de los pacos, momentos después ellos retroceden y el guanaco nos deja empapados hasta los calcetines, la cámara no encendió hasta dos días después, pero en el momento no me importo lo de la cámara, me fui a sentar en la berma de la calle y solo pensé en que tenía imágenes de un arresto muy violento y tenía que hacer algo. Nunca más solté la cámara, salía al supermercado con ella, a la farmacia y a todos lugares, era básicamente como una responsabilidad que se me incrusto en lo más profundo del entendimiento que tuve aquel día en ese estacionamiento, logré abrir los ojos. El estallido que vive mi país no refleja sentimientos felices, el trasfondo es muy frÍo, la gente ya no tenía escapatoria era un sistema que nos estaba arruinando como seres humanos, el individualismo nos hacía participes del terrible estado en el que vivíamos. Me han sucedido muchas cosas en la zona cero, impactos de balines antidisturbios, lacrimógenas disparas al cuerpo, lesiones, pero lo que más me ha dejado con secuelas es presenciar la muerte de una persona frente a mí a manos de los pacos, un disparo de lacrimógena directo a la cabeza y una luz que se paga en un abrir y cerrar de ojos. Ser fotógrafo es difícil, estas atento a verlo todo, gente herida de gravedad, asfixiada por el gas, compañeros fotógrafos lesionados, es un ambiente hostil en el cual estas híper alerta todo el tiempo, sometes a tu sistema neurológico a un estrés permanente, eso tiene repercusiones, pero seguiré en la lucha, he conocido a gente maravillosa, formamos un equipo de fotógrafos y nos ayudamos mutuamente.

Por todos lo que no están, yo seguiré ahí.

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