La Columna de Fierro, será una nueva parte de #ANCAP, para fortalecer la historia que también importa y sumar para el debate de ideas.
Un abordaje a la vida y la historia de Ángel Vicente Peñaloza, más conocido como el #Chacho. Hoy será la segunda entrega de una historia necesaria para leer.

Por Iván Fierro

Prólogo obligado

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                                                                                “Yo creo que fuimos nacidos hijos de los

                                                                                   días, porque cada día tiene una historia

                                                                                   y nosotros somos las historias que

                                                                                   vivimos…”

                                                                                                Eduardo Galeano.

Teodora de Ávila era criolla y casadera, sin perjuicio de ser viuda, con todo lo que eso implicaba para una mujer de su triple condición en los llanos de La Rioja hacia 1760. Si bien legalmente estaba emancipada de la tutela de cualquier masculino y/o institución, debido a que al morir su segundo poseedor su estado de viudez le otorgaba cierta autonomía jurídica, quizá las presiones de una comunidad patriarcal y pacata, quizá la necesidad de protección ante la falta de experiencia en el terreno leguleyo por la escasa instrucción letrada que recibían las mujeres de la época, quizá incluso hasta el amor, la llevaron a contraer matrimonio en segundas nupcias  con el recién llegado aragonés Francisco Peñaloza.

Se cuenta que Teodora fue muy prolífica y que con la fertilidad de su vientre ayudó a repoblar el territorio riojano con hasta ocho críes, entre les que se encontraba Nicolás, hijo también de Francisco.

Nicolás llegaría a tomarse muy a pecho la moral comarcal de la época en cuanto a purezas de sangre y escalafón social. Tanto es así que hacia mediados de 1790 se vería implicado en sendos procesos judiciales (en uno como demandado y en otro como querellante), contra el pretendiente de su hija Antonia primero y luego contra su propio hijo Esteban y el cura que ofició el matrimonio entre éste y Úrsula Riveros. En los dos casos, Nicolás se opuso a ambas uniones pretextando razones raciales y de abolengo, temiendo que sus vástagues hicieran envilecer, con sus alocadas elecciones conyugales, el honor y el estatus de la familia Peñaloza.

Con todo, Úrsula y Esteban concretaron la pareja y trajeron a la vida un varoncito de ojos azules en cuyas retinas se reflejaría  toda la imponente belleza de una extensa región de Nuestramérica del Sur y las tragedias y esperanzas de un pueblo que jamás perderá su amor a la libertad.

El niñito fue llamado Ángel, quizá en referencia a esos alados seres de la imaginación católica que anuncian sentencias divinas, y Vicente, quizá en humilde homenaje familiar a la persona del hermano de Nicolás, sacerdote y futuro tutor del recién nacido.

Apellidado Peñaloza para cumplir con el mandato de la encorsetada sociedad colonial de La Rioja, Ángel Vicente experimentará a muy  temprana edad uno de los trances más severos que suceden  en la vida de una persona: la muerte de su madre Úrsula.

Podemos imaginarnos los ojos nublados del querubín ante un desamparo y una orfandad que se prolongarán en el tiempo  y lo asaltarán en repetidas oportunidades durante toda su vida, por diferentes causas y con funestas consecuencias.

Se dice que quien se encarga de criar y de apodar Chacho al flamante huérfano de madre es precisamente el homenajeado tío abuelo  Vicente. Esto puede ser cierto sólo en parte ya que el viejo sacerdote morirá en 1801, cuando  quien al que por abreviar el grito de muchacho al llamarlo de sus primeras exploraciones fuera de los lindes del poblado terminaría bautizando como Chacho, tendría tan solo entre cinco y siete años.

Alguna versión de la primera infancia del Chacho lo ubica brevemente en Córdoba y esto es probable ya que se cuenta que el viudo Esteban contrajo nuevamente matrimonio con Dolores Funes,vecina de esa provincia  y juntes dieron a Angel Vicente cuatro medios hermanes: Ramón, Pedro, Mercedes y Brígida. Es posible que Esteban haya fallecido cuando el primogénito contara con apenas nueve años y el, ahora huérfano de madre y padre y tutor, tuviera que quedar bajo la protección  del tío Fulgencio Peñaloza; volviendo a los llanos Riojanos y comenzando a familiarizarse con las cosas de la guerra ya que Fulgencio seguía la carrera de las armas en las milicias riojanas que acompañarán más  tarde a San Martín en el cruce de los Andes.

Esta condición de reiterada orfandad y esta incesante necesidad de tejer resiliencia ante el ya habitual drama de la muerte, seguramente han ido forjando en el joven Chacho ese carácter tenaz que lo caracterizaría hasta el último día de su vida y ese eterno sobreponerse a la adversidad haciendo de “tripa corazón” en multitud de trances, como veremos a lo largo de este trabajo. Por lo pronto diremos que mientras  el Chacho adquiría experiencia en el plano militar,por intermedio de Fulgencio, a la vez se especializaba en la cría de ganado, oficio que heredaría de su abuelo Nicolás y al que se dedicaría cuando los asuntos de la guerra le dieran tregua.

Tiempos difíciles los de la infancia de este muchachito que por necesidad fue forjando su espíritu en dos rudas actividades ejercidas en condiciones socio ambientales y topográficas no del todo apacibles.

Largos viajes a caballo por terrenos quebrados y abruptos en busca de pasturas para la hacienda caballar, mular y/o vacuna cuasi cimarrona de la época y la región, dieron al precoz adolescente la oportunidad de adquirir conocimientos sobre las características de sus futuros escenarios bélicos y de compartir  experiencia con el gauchaje de una amplia zona del centro-nor-oeste del actual territorio argentino, lo que redundaría en la identificación de nuestro personaje con sus gente y su tierra.

Es en medio de estas andanzas que llegan a oídos del Chacho rumores de revolución y el ambiente social en el que se mueve comienza a caldearse.

Es que en Europa, donde se corta el bacalao y se decide la suerte de las colonias  en todo el orbe, el panorama político está cambiando vertiginosamente.

La guerra comercial entre las potencias imperialistas toma tintes globales y se hace sentir en todos los rincones del mundo.

La conmoción sociopolítica desencadenada por los descamisados parisinos en 1789 dio lugar a la ascensión de Napoleón Bonaparte a la cúspide del poder al coronarse éste emperador de Francia.

Al saberse impedida de estirar sus tentáculos sobre la Europa Continental debido al férreo bloqueo que la superioridad militar del Genio de Córcega le opone en tierra firme, Inglaterra se expande por las costas africanas disputándole territorios  a portugal y asentándose estratégicamente donde encuentra menor resistencia.

España retrocede ante los embates  de la gran máquina bélica de los ejércitos Napoleónicos fogueados en multitud de batallas contra las diferentes coaliciones de estados que intentan infructuosamente oponerse a la superioridad estratégica del Usurpador Universal.

El viejo continente, el Océano Atlántico, el Río de La Plata, el Océano Índico, Norteamérica y el Caribe se convierten en escenarios de una lucha inaudita hasta la fecha. Entran en guerra entonces, para los fuerzas de las coaliciones: el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, el Sacro Imperio Romano Germánico, el Imperio Austríaco, el Imperio Ruso, el Reino de Prusia, el Reino de Hungría, el Imperio Español, los Estados Pontificios, el Reino de Portugal, el Reino de Suecia, una parte del Imperio Persa, una parte del Imperio Otomano, el Reino Unido de los Países Bajos, el Reino de Sicilia, el Reino de Cerdeña, el Gran Ducado de Toscana, el Electorado de Hanover, el Ducado de Brunswick, el Reino de Baviera, el Reino de Wutenberg, el Reino de Sajonia, el Ducado de Nassau, Montenegro, la República de las Islas Jónicas y los Realistas Franceses. Para las fuerzas del Primer Imperio Francés se sumarán el Reino de Holanda, la España Napoleónica, el Reino de Dinamarca y Noruega, Suiza, la otra parte del Imperio Otomano, la otra parte del Imperio Persa, el Reino de Italia, el Reino de Etruria, el Principado de Lucca y Piombino, el Reino de Nápoles, el Ducado de Varsovia, la Confederación del Rin y la Legión Polaca.

En semejante pandemonio los ingleses aprovechan para hacerse una escapadita hasta las costas del Río de La Plata y apropiarse de un suculento botín, de más de un millón de Pesos Plata,  que el infortunado Virrey Sobremonte trataría en vano de sustraer a las garras Beresford, en el episodio conocido como primer Invasión Inglesa al Río de La Plata de 1806.

Aires de revolución y guerra rozan nuevamente las tierras Nuetramericanas, los virreinatos españoles se ponen en guardia y reorganizan sus fuerzas de choque. En la gran aldea Santiago De Liniers organiza la reconquista y la defensa de Buenos Aires reclutando a todo masculino entre 16 y 50 años en condiciones de tomar las armas. En su agonía el Antiguo Régimen recrudeció el disciplinamiento y el control de las clases populares decretando penalidades para los desobedientes al llamado de la defensa de los intereses del monarca.

Si bien el interior del virreinato del Río de La Plata permanece sin mayores sobresaltos, en la Capital se crea el batallón de Arribeños o batallón de urbanos de los individuos de las provincias del interior, integrado principalmente por cordobeses, tucumanos, y catamarqueños,residentes en la ciudad puerto.

Los ecos de la gran guerra europea comienzan a expandirse por todas las comarcas españolas en el nuevo continente. Los caballitos criollos llevan sobre sus lomos los chasquis con las noticias que traen los barcos desde el otro lado del Atlántico: El emperador Francés ha invadido la Península Ibérica y tiene retenido al Rey Fernando VII.

Toda Nuestramerica entra en tensión, el cautiverio de Fernando es la oportunidad que les independentistas criolles estaban esperando para desatar la intentona insurreccional contra la monarquía.

Se suceden la Asonada de Álzaga, los Alzamientos de Chuquisaca y La Paz, el Cabildo Abierto, el 25 de mayo de 1810, las expediciones de Manuel Belgrano al Alto Perú y al Paraguay,  la llegada de San Martín, la asamblea del año 13. Giros, vueltas, aciertos y reveses de toda una población dispuesta a la lucha por  cambios sociales y que alienta la esperanza de un futuro mejor.

Generalizado el movimiento independentista todas las provincias hacen aportes en hombres, mujeres y recursos para sostener una guerra continental que se estanca en el Sur y por momentos se torna desesperada para les revolucionaries que intentan infructuosamente herir de muerte el riñón del imperio establecido en Cusco.

Las incipientes economías regionales se resienten por el gasto de la guerra. Con todo, la población gaucha y originaria está predispuesta al entrevero en su afán de echar para siempre a los maturrangos de estas tierras.

Macacha y Martín de Güemes son les abanderades de la guerra gaucha, Juana Azurduy e Inocencio Padilla dejan sangre, hijes y hacienda por la causa.

Caciques, Machis, Loncos, paisanes, criolles, negres, mestizes, y mulates brindan apoyo a la ciclópea empresa del “desobediente Correntino” que se empeña en organizar, con ese material humano, un ejército capaz de traspasar las montañas más altas del continente, reconquistar el territorio Chileno para la causa independentista y asestar la estocada final a los realistas en el mismo centro del poder  peruano.

El Chacho no se quedará atrás en esa loca aventura libertaria. Junto al tío Fulgencio y sin muchos aprontes formará parte de la expedición Zelada- Dávila , compuesta por llanistas y gente del oeste de la Rioja que cruzará la cordillera de los Andes en simultáneo a las otras columnas expedicionarias.

El 22 de enero de 1817 se concentra con la tropa en Guandacol esperando la orden de marcha hacía el paso de Comecaballos, por donde habitualmente se pasa el ganado en pie.

Rondando los veinte años de edad, Ángel Vicente ya está curtido por la vida y el entorno y se escurre por los pasos cordilleranos con una tal pericia y una tal resolución que merecerá el reconocimiento del jefe Zelada una vez consolidada la toma del objetivo. Se dice que una vez cumplida la misión de ocupar San Francisco de la Selva de Copiapó, el Teniente Coronel al arengar la tropa se dirigió al Chacho y exclamó: “Debo destacar el heroico y valiente comportamiento de este soldado”. De aquí en más el prestigio del Chacho irá creciendo por méritos propios e irradiará a les interesades por su historia toda su calidez, arrojo y valentía, así como también sus sentimientos de justicia y dignidad puestos al servicio de las clases desfavorecidas.

 

 

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