MUNDO QUE SE HACE MUJER

Por Federico Firpo

En este 25 (de noviembre) y como cada día, seguimos en pie de lucha contra todo tipo de abusos, en una sociedad que a veces quisiera parecer perpetuada entre símbolos de odio, desigualdad, injusticia, atropello y sobre todo como muestra mayor de toda la cobardía: el machismo, en todas sus formas.

Desde casa hasta el trabajo y viceversa, pasando por el camino de uno al otro, permanentemente somos testigos (rodeados) de alguna situación de estas que por mucho tiempo quisieron pasarnos por naturales. Desde miradas cómplices de un hombre a otro, después de uno de ellos “piropear” a una desconocida que por allí cruzaba, hasta la prepotencia cancheril de una discusión cerrada con un “nena” o “puta”, como queriendo sobresaltar a una persona por el sólo hecho de haber nacido mujer.

La estructura viene así de antemano designada y por eso, como toda búsqueda por el cambio, asusta al privilegiado, pero nada es para siempre y cuando la evidencia se corre a paso firme, no queda tanto más por decir, sino más bien mirar de cerca y escuchar para aprender. Algunos miran para otro lado, otros prefieren obviar la situación como dejando a la vista “lo incómodo” de tocar el tema. Todo con el único fin de no permitir que nada se mueva, que todo siga igual, como si nada hubiera pasado, como si no hubiera un hartazgo de tanto tiempo traducido en lucha compañera y en comunión con la de al lado, víctimas de un mundo en el que no se quiere mas caer.

La sociedad está así también maquetada y los abusos parten bien desde lo alto derramando toda su porquería sobre los designios que, en definitiva, marcan el rumbo a partir del cual proceder. La normativa vigente, que muchas veces esconde y no dice en su lógica todo lo oscuro de su ser.

El olvido es a la inversa, se muere cuando el que fue de abajo, siendo de arriba deja al recuerdo fiel, siendo cuando el que omite, habla como el que no fue. El desafío es cuando de abajo a arriba el que, habiendo subido, se decide por desafiar al del tope más alto, contra todos los que de abajo han sufrido el pisotón traspié. Pasa cuando un hombre maltrata a una mujer, se sucede cuando 10 hombres juntos matan a uno solo que ni a defenderse fue. Cobarde es el destino, cobarde mensajero cruel, producto de una gran mentira, caemos de vez en vez.

La mujer marca la nota y la mas maravillosa serenata nos devuelve un cambio de ritmo que iguala al mundo, llenándonos de dudas, enseñándonos la música de un nuevo renacer. No será en vano sabemos, vale la pena entender, cada vez son más diciendo ni una menos. Cada vez son menos prepoteando de revés.

Ni el norte, ni un sur feudalista decidirán esta vez como tres por millones el malestar de un pueblo de pie. Se va haciendo fin a un maltrato que pensaban dejarnos, se va camino a la deriva el modelo de hombrecito dueño de “su” mujer.

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