A 19 AÑOS: LO QUE DEJÓ EL ARGENTINAZO

Por Redacción ANCAP

¿Qué enseñanzas le quedaron al campo popular de esa experiencia cuasi emancipatoria? Las asambleas que nacieron en las postrimerías de aquel tórrido diciembre, desbordando esperanzas de cambio y justicia social, auguraban el final de un sistema que se recicla y engulle las alternativas que no son capaces de darle la estocada final. Por tanto, un escueto repaso de los vaivenes que atravesaron las diferentes organizaciones político-sociales que nacieron luego de los fatídicos sucesos de los días 19 y 20 de diciembre de 2001, ayudarán a entender esta realidad distópica que se nos presenta a casi dos décadas de la mayor revuelta Argentina.

Acosta, Graciela (35 años); Almirón, Carlos “Petete” (24 años); Álvarez Villalba, Ricardo (23 años); Arapi, Ramón Alberto (22 años); Aredes, Rubén (24 años); Avaca, Elvira (46 años); Ávila, Diego (24 años). Benedetto, Gustavo Ariel (30 años).– Campos, Walter (17 años). Cárdenas, Jorge (52 años); Delgado, Juan (28 años); Enriquez, Víctor Ariel (21 años– Fernández, Luis Alberto (27 años); Ferreira, Sergio Miguel (20 años); Flores, Julio Hernán (15 años); García, Yanina (18 años); Gramajo, Roberto Agustín (19 años).– Guías, Pablo Marcelo (23 años); Iturain, Romina (15 años); Lamagna, Diego (26 años). Legembre, Cristian E. (20 años). Lepratti, Claudio “Pocho” (35 años);  Márquez, Alberto (57 años); Moreno, David Ernesto (13 años); Pacini, Miguel (15 años); Paniagua, Rosa Eloísa (13 años); Perdernera, Sergio (16 años); Pereyra, Rubén (20 años);  Ramírez, Damián Vicente (14 años); Salas, Ariel Maximiliano (30 años); Ríos, Sandra; Riva, Gastón Marcelo (30 años);  Rodríguez, José Daniel.– Rosales, Mariela (28 años); Spinelli, Carlos Manuel (25 años); Torres, Juan Alberto (21 años); Vega, José (19 años); Villalba, Ricardo (16 años), murieron por balas estatales sin imaginar el derrumbe del gobierno de la Alianza, los efímeros mandatos de Puerta, Caamaño y Rodríguez Saá, los asesinatos de Kosteki y Santillán bajo el régimen del Duhaldato y la aparición en escena de un ignoto líder patagónico, el cual, con su carismático discurso supo cooptar a ciertos sectores del campo popular que, ingenuamente y sin proponérselo, coadyuvan a sostener el sistema contra el cual combatieran históricamente.

Jamás por la cabeza de estes mártires populares se cruzó la idea de que, entre quienes tomarían sus nombres como bandera, existirían al menos tres tendencias: la primera y mayoritaria, colaboracionista con el proyecto reformista triunfante en las inusitadas elecciones presidenciales del 2003, que aglutinaría a diferentes corrientes del peronismo, la izquierda tradicional y algunos incipientes movimientos sociales, quienes poniéndose la camiseta del frente gobernante, tozudamente se empeñan hasta hoy en sostener una democracia partidaria perimida; la segunda, influenciada por las ideas del famosísimo dirigente bolchevique asesinado en México, cuyo radio de acción abarca universidades y fábricas en su apuesta a la toma del poder por vía electoral con el objetivo de alcanzar el socialismo; la tercera y última, “radicalizada” y marginal que busca el sujeto de cambio en las capas mas bajas de la población, apostando a la movilización de masas como forma prioritaria de lucha para llegar a un socialismo feminista y desde abajo.

foto: Enrique García

Estas tres tendencias, disímiles en métodos y objetivos, están atravesadas, lamentablemente, por un hilo conductor común que hace de la dadiva y el asistencialismo una forma de atracción de “simpatizantes” que engordan, mas que alimentan, una multiplicidad de organizaciones que dispersan sus esfuerzos y voluntades y que, de unirse, podrían dar por tierra con las inequidades a las que, a su modo, combaten.

No obstante esto, los pueblos siguen su camino y nuestres caídes no han muerto en vano. Las experiencias colectivas no se pierden, más bien se imprimen en las conciencias de las generaciones venideras, a modo de transmisión genética y se sintetizan cuando esa hermosa mezcla de planificación y espontaneísmo suele parir revoluciones.

Foto de portada:

Carlos Barria.

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