EVA Y SU PARAÍSO

por Verónica González

“El coraje de ser el otro que se es, y de nacer de parto propio,

y de abandonar el antiguo cuerpo en el suelo”.

Clarice Lispector.

En el paraíso creado antes de Eva existía otra mujer llamada Lilith, quien fue descartada de la historia bíblica por rebelarse a un destino inexorable, que la obligaba a permanecer debajo de Adán para acatar todas sus órdenes.

Dicen que Lilith se cansó y se marchó hacia un lugar mejor para vivir en libertad.

Luego de este desplante y según Judith Plaskow (una teóloga judía que se encarga, junto a otras colegas, de reinterpretar los textos sagrados) Dios crea a Eva de una costilla de Adán. Y más allá de que esta creación impone una sumisión, Eva también será “desobediente” comiendo la manzana y atravesando los límites del Edén para encontrarse con Lilith, una mujer igual a ella.

Eva y Lilith serán las primeras en generar una relación de sororidad que saldrá a la luz a través de otras mujeres.

La Eva de nuestra historia está construyendo su mundo, su propio paraíso y aunque diga “haber sido cobarde” durante muchos años por haber vestido un cuerpo de varón, considero que su lucha por ser quien siente ser, es un acto de valentía, por no haber cedido en ese deseo que la habitaba; por haber decidido emprender una búsqueda para encontrar un nombre propio, en un lugar que no le fuera tan ajeno.

Alberto Santiere dice algo muy interesante al respecto: “El nombre es como un mapa que ayuda a leer a dónde llegó o de qué necesitaría despedirse quien lo porta. De qué de lo Otro se apropiará y de qué podrá separarse, para que las marcas que “lo hablan” den paso a una construcción y no a un destino trazado”.

Volver a nacer en otra nominación, con otras ropas y hacerse un lugar en ese espejo donde se reconoce y actúa su historia.

Ella nos cuenta cómo fue elegir un nuevo nombre y buscar su identidad.

«El nombre elegido, no el apropiado. ¡Qué cosa más importante!

Tuve muchos nombres en mi vida. Pero una, como en los sueños, sabe cuál es el correcto e inalterable. Y así vas buscando. Ese es el camino, y nunca se detiene la búsqueda de la identidad. Es mucho más grande que el género, es quien es una en particular. Y es así que se llega al nombre.

El mío… apareció mientras escribía una obra teatral. Hablaba de la dura transición de una persona transgénero y tenía mucho que ver con las cosas que pasaban en mi vida diaria. Esas peleas de lo que ocurre en el día a día y los recuerdos de toda mi vida, iban formando la obra de teatro. Paralelamente también, mis mayores decisiones.

En algún momento mientras escribía la obra, el personaje tenía que decirle a su madre cuál era su nombre. La necesidad que ya existía tenía que materializarse.

Pensé en esa Eva echada del paraíso por desobedecer. Además, ¡tiene tanta fuerza ese nombre! Es lo que también buscaba para mí.

Lo escribí, tres letras. Lo repetí en voz alta y me lo apropié de inmediato. Como un bautismo.

Y el nombre cuando se elige es eso. La concentración del camino andado.»

Contáme un poco más acerca de este proceso. ¿Contaste con apoyo de familiares y/o amigos para atravesarlo? ¿Cómo lo viviste?

Cuando una es muy chica y en toda esa inocencia, se empieza a entender que hay cosas ya dadas de antemano, que no coinciden con el sentir interno y teniendo en cuenta que, corrían los finales de los setenta, se puede decir que el apoyo recibido, era una especie de encausamiento hacia el género asignado de nacimiento.

O sea, entiendo que cualquier forma de “ayuda” que podía recibir de mi familia siendo niña, era convertirme en el hombre que debía ser. Enseñarme a serlo.

Y lo entiendo desde el amor de padres, querer que su “hijo” no sea distinto, por miedo a todo. Al rechazo, a la burla, a la soledad. Además, muchas herramientas para ayudarme  no habían. Así que lo mejor era, hacerme entender que no debía robarles las polleritas a mis hermanas, por ejemplo.

Fue como apretar con fuerza algo que se sentía y guardarlo. Aprender a guardar las apariencias.

Clarice Lispector decía: “Lo que es verdaderamente inmoral es haber desistido de uno mismo».

Podría decir que Eva no abdica, más allá de las apariencias, resiste y en ese acto va construyendo un nuevo ser con el cual se identifica.

Atreverse a ser una misma, desanudar lo heredado, cuestionar los límites y acariciar los nuevos detalles. Recibir lo que libera sin expulsar lo diferente y empezar a cantar.

¿Quién se atreve a esa aventura? ¿Cómo se arroja la máscara después de tantos años?

Eva se anima y nos cuenta acerca de lo que implica “guardar las apariencias” y cómo fue su transformación.

Desde ese entonces y por mucho tiempo aprendí a ocultar. Luego con la adolescencia y los furores hormonales se hizo todo más difícil y solitario. Lo que sentía tenía que vivirlo a escondidas. Estaba aprendido que ser travesti era algo malo. Así lo viví en la adultez también. Sintiendo culpa de ser.

Pero cualquier camino que tomara bajo esas condiciones me conducía a la misma pared.

Creo que empecé a entender que había que hacerse cargo de lo que me pasaba. Aunque al comienzo de esta etapa sea vivir dos vidas.

Cuando una decide mostrar quien fuiste toda tu vida, aparecen los apoyos. Un familiar, un amigo, un conocido. Algunos no entendían de repente. Pero yo había tardado tanto también en entender, que todo era comprensible.

Y esto no acaba más, todos los días se sale del closet con alguien. Como que las personas Lgbt estamos condenadas a estar dando siempre explicaciones al mundo. Además, se agregaba el hecho de crecer “distinta” y convertirte en una mujer trans en una sociedad tradicionalista como la salteña.

La sociedad salteña… ¡que temita!

Por un lado, una ciudad colonial enquistada en sus tradiciones y religión; del otro, toda esa gente que necesita crear una comprensión de una sociedad más diversa. Porque es real que aquí estamos, existimos. Que somos sus vecines, sus familiares, sus amigues.

A mí no me expulsaron de mi casa siendo adolescente; para mí no fue la única opción dejar los estudios y dedicarme a la prostitución por tener cualquier posibilidad laboral vedada solo por tu condición de género.

Explico esto porque no creo que haya una sola forma de ser trans en Salta. Hay chicas, compañeras, amigas que la pasaron muy mal desde pequeñas, sin apoyos de la familia o con un estado ausente.

Yo fui más cobarde, en algún sentido de esa palabra. Me escondí de alguna forma, aparentando, siendo el hombre sin género, lleno de privilegios automáticos. Cuando me harté de la vergüenza enseñada, cuando decidí mostrarme en mi identidad de género, yo ya tenía cuarenta años y  una vida resuelta de algún modo, que era necesario adaptar.

Pero, cualquiera que hayan sido las decisiones tomadas, ser trans en Salta cuesta a diario. Nuestra resistencia está empeñada en vivir nuestra identidad, con el mismo derecho que cualquier ser humano.

El Teatro

“¿Cuántos momentos hay en la vida para empezar todo de nuevo?”

Lo torcidito, unipersonal de Eva Parra.

Eva lleva adelante una obra unipersonal llamada “Lo torcidito”, pero su relación con el teatro data de mucho antes. Fue en esos escenarios que finalmente, encontró una voz nueva para decir verdades; un espacio para representar diferentes personas y transformar realidades.

Hago teatro desde hace veinte años, aprendiendo cómo y de dónde se podía. El teatro es el arte y el oficio de la transformación de realidades. Todo el tiempo escribiendo, pensando y encarnando los personajes que dan vida y acción a las ficciones más diversas.

Si me pongo a pensar en esto, era claro que el camino del teatro y el del proceso íntimo de transformación que yo buscaba en mi vida, iban pegados desde un principio, profundos e inseparables, aunque yo misma no lo viera desde un comienzo. De alguna forma intuía a ciegas, que era el lenguaje escogido para hablar lo que venía callando en mi vida.

¿Cómo fue que decidiste hacer un unipersonal autobiográfico y llamarlo “Lo Torcidito”?

Básicamente necesitaba hacerlo. Había encontrado la forma, por fin, de que me escucharan lo que les quería decir. A todos los que estuvieran presentes.

Así que el día del estreno, enfundada en un hermoso vestido y con todas las emociones sobre la piel, decidí tomar las riendas de no sé qué cosa, pero segura de que era mi verdad.

Tantos años pasé enderezando cualquier detalle “torcidito” que se me notara demasiado.

“Lo torcidito” se endereza, y si no se puede se corta” se dice en la obra.

Habla de cualquier represión que vaya en contra de nuestra esencia.

En una entrevista que te hicieron en la televisión de Salta, relatás una escena, en la cual, te plantás en el funeral de tu madre y te presentás así…como Eva. ¿Hay algo de esa escena que se relacione con tu historia real?

La obra primero eran recuerdos diversos y espaciados en el tiempo. Eso necesitaba una estructura que los sostenga dramáticamente. Y apareció una situación capaz de hacerlo. El entierro de la madre del personaje. Donde todo iría ocurriendo. En un momento, Eva personaje, le dice a su madre en el funeral: “Eva, ese es mi nombre ahora mamá ¿Te gusta? Podríamos haberlo elegido juntas.”

En la realidad de mi vida no pasó. No nos dimos ese tiempo.

En otro momento, cuenta el día en que, en una plaza, un cobarde le grita a la madre que su hijo es un travesti. Eso no pasó de esa forma. Pero pasó.

Y así entre deseos y recuerdos, siempre protegida por la ficción teatral, fui tejiendo las palabras que necesitaba decir. Todas las escenas se relacionan con mi vida real. Pero yo decido qué y cómo contarlas.

Continúan haciendo la obra más allá de la pandemia. ¿Cómo es hacer teatro en estas circunstancias?

En tiempo de pandemia es muy difícil hacer teatro. Cuesta mucho armar una función y sin medios para promocionarlas. En este momento seguimos con el grupo haciendo Lo torcidito. Ya llevamos 108 funciones. En Salta, Tucumán, Jujuy La Rioja y Buenos Aires. Después cuando se paró toda actividad cultural, la hicimos por Facebook live como una propuesta a la gente que tenía que empezar a quedarse en casa. Ahora en Salta, con muchísimos protocolos hicimos dos funciones más. Es una resistencia. Y en el grupo siempre seguimos apostando a este trabajo.

¿Hiciste alguna otra obra?

Dirigí mucho, actué poco, escribí menos, pero siempre estuve haciendo teatro de alguna u otra forma. Con Lo Torcidito apareció por primera vez, el nombre que había elegido para mí en un flyer. Raro, pero cambió todo. Empezaron otros trabajos.

Con una directora salteña escribimos un unipersonal breve y la actué en un encuentro en Jujuy. Luego también escribí un monólogo para actuar por youtube en vivo. A esa altura la pandemia hacía estragos sobre la vida artística.

Pero siento una renovación en la forma de encarar el teatro, que viene de la renovación de cómo encarar mi vida. La mirada ya es distinta.

¿Tenés algún personaje que quisieras representar además del actual, en un futuro? ¿Alguna obra que te haya conmovido especialmente?

 Tengo una obra que me conmovió especialmente “Carnes Tolendas”, donde vi por primera vez en escena, a la inmensa Camila Villada Sosa. Un antes y un después de todo.

¡Ah! Entonces si se puede, fue lo primero que pensé después de ver la obra. Ahora yo quería hacer la mía.

¿Algún proyecto que quieras compartir?

Seguir escribiendo y haciendo teatro;  imaginando mundos trans llenos de heroínas travas. Contar las cosas que nos pasan, que sentimos; las cosas que nos dan rabia y las que nos hacen llorar, porque esa también es una forma de existir.

El proyecto es ese. Sentarse frente a una hoja en blanco, para ser voz.

Apostar a ser

“No me den fórmulas ciertas, porque no espero acertar siempre.

No me muestren lo que esperan de mí porque voy a seguir mi corazón!

No me hagan ser lo que no soy, no me inviten a ser igual,

 porque sinceramente soy diferente!

No sé amar por la mitad, no sé vivir de mentira,

no sé volar con los pies en la tierra.

Soy siempre yo misma, pero con seguridad

no seré la misma para siempre!”.

Clarice Lispector.

¿Qué gestos, personas y/o situaciones te inspiran?

Admiro la voluntad luchadora de las personas que intentan cambiar algo. El convencimiento con el que encaran sus convicciones. Ojalá me pasara a mí. Aprender de ellas.

¿Cómo es tu vida actualmente? ¿Cómo te sentís con vos misma?

Aprendiendo todos los días. Siempre algo nuevo. Siempre en construcción. Con mi hijo de 12 años siempre a mi lado. Un motorcito de fuerzas. Tengo una vida llena de decisiones que me pertenecen. Y así es como todo se hace más claro.

¿Cuáles son tus sueños, Eva y cómo pensás la idea de resistencia, qué te ayuda a poder seguir resistiendo?

Resistir es estar presente.

Desde que te levantás y decidís ponerte bonita y fuerte para enfrentar al mundo. Estar, hablar, que te conozcan en tu particularidad. Ir rompiendo estereotipos. Crear respeto mutuo.

Ser verdadera.

El teatro es mi lugar de resistencia también. Un lugar para que vean que hay travas que actúan, que escriben, que dirigen y tienen cosas para decir. Y cada vez somos más.

Hay que empezar a ver personas trans en las cajas del supermercado, en la gerencia del banco, conduciendo un colectivo, en todos lados.

Esa es la pequeña gran manera de resistencia.

¿Qué mensaje te gustaría transmitirles a las personas que lean esta nota?

Esta es una sociedad diversa, hay que respetar a los seres humanos que la componen.

Basta de exclusión, de discriminación, de falta de oportunidades, de falta de presencia del Estado.

Si ven una persona transgénero caminando en la calle, vean a alguien libre que decide. Algo muy lindo para inspirarse.

Por último, agradecerte infinitamente y dejar este espacio para que agregues lo que desees y nos quieras regalar.

 “No se confundan. No se trata de ropa, ni de cirugías ni de hormonas todo esto.

Se trata de lo intocable en el alma. Lo inalterable. Y por eso mismo una tiene que hacerse cargo de ello.” (texto de Lo Torcidito).

 Son muchas las personas que, día a día, tienen que salir del closet. Porque salir de la zona de confort implica un riesgo y no siempre están dadas las condiciones para saltar.

Eva lo hizo, más allá  del tiempo que le llevó todo ese proceso, se animó y apostó a ser quien soñaba y sentía desde pequeña.

Vivir enderezando lo que está “torcido”, lo que “no encaja” y es “distinto”.

La pregunta sería ¿para quién? ¿Quién determina el ángulo desde donde se mira, se etiqueta y se nomina?

Una vez, hablando con un nene al que catalogaban de “raro” me dijo: “¿por qué nos dicen raros? ¿y si los raros son ellos?”

¿Qué soluciones se aportan en un mundo donde para pertenecer hay que “parecerse” a un modelo o a la historia que nos cuentan?

¿De qué manera trabajar en políticas verdaderas de inclusión para que todes tengan un lugar, para ayudar a que esa construcción acontezca?

Roberto Arlt en “Aguafuertes porteñas” le responde a un lector acerca de la felicidad pero más precisamente, sobre el modo de vivir con respecto a sí mismo y los demás.

En un fragmento le contesta: “Ser sincero con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede sólo, aislado y sangrando. Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo.No mire lo que hacen los demás. No se le importe un pepino de lo que opine el prójimo. Sea usted, usted mismo sobre todas las cosas, sobre el bien y el mal, sobre el placer y sobre el dolor, sobre la vida y la muerte. Usted y usted. Nada más. Y será fuerte como un demonio entonces. Fuerte a pesar de todos y contra todos”.

Quizás…se trata de avanzar hacia allí, construir puentes y extender manos a quienes quieran cruzar del otro lado.

Jugar a ser lo que soñamos y ayudar a otros para que también sean, como un acto de amor que puede transformar el mundo y repartir el sol.

Para contactar a Eva:

https://www.facebook.com/evap.rra.39