CTR Y UNA EXPERIENCIA CONCRETA DE LA «VUELTA AL CAMPO»

Por Deodoro Erdosain

A menos de tres kilómetros de la estación terminal del ramal eléctrico de la línea Roca, Alejandro Korn, (como quien va para el centro de San Vicente) se encuentra la «Comuna Rural Darío Santillán», sede de la Cooperativa de Trabajadores Rurales de dicha localidad.

Enclavada en un predio de veinte hectáreas recuperadas a la especulación inmobiliaria, rodeada de barrios marginales por un lado e incipientes casas quinta por el otro, formando parte del arrabal del cuarto cordón del conurbano bonaerense, la CTR se erige como bastión de resistencia y como propuesta alternativa a los dañinos modos de producción del neoliberalismo.

Franqueando la tranquera que da paso a las instalaciones, quien ingresa tiene la sensación de encontrarse en «Territorio Libre de América». De camino al galpón de encuentros, entre el aroma de las tomateras, del «cocido quemado» preparado por la compañera Rosa y del (como dijera Miguel Hernández) «honrado estiércol» de las generosas vaquitas jersey, les visitantes pueden oír el murmullo de una encantadora mixtura de acentos y tonadas de la que se alcanzan a distinguir, en dialecto nuestramericano, desde triviales intercambios de novedades, hasta acaloradas discusiones sobre el pasado, el presente y el futuro de la Revolución. No hay silencio, hay vida y compañeres trabajando.

La exuberancia de las diferentes hortalizas compite con la sanidad de vacas, chanchos y gallinas, quienes dejan traslucir salud y bienestar en el brillo de plumas y pelajes y en la robustez de sus cuerpos.

El esmero de les trabajadores de CTR se evidencia en la prolijidad de las dependencias y espacios de trabajo. Allí están, como mudos testigos de la cotidiana labor: el tambo, el invernadero, los corrales, el gallinero, la sala de elaboración y estacionamiento de quesos, la huerta al aire libre y las pintorescas y humildes casitas de algunes cumpas que tienen la oportunidad de asentar sus reales en ese lugar en el que se sueña y se produce.

Atraídos por la constancia (rayana en la obstinación, ya que también las dificultades son muchas) de les compañeres que conforman la CTR en su tarea de producir alimentos sanos, quisimos conocer las motivaciones e ideas que alientan a esta pequeña pero poderosa organización. Para ello conversamos con el entrañable y tozudo camarada Diego Gandini, quien nos define de esta manera a la Cooperativa de Trabajadores Rurales: «Si definimos la CTR, yo entiendo que es una organización de base, territorial, de perfil y construcción campesina. Es una organización que, aunque pequeña, está dentro de una organización nacional que hoy es el Movimiento de los Pueblos». 

Consciente de que una organización que lucha no nace de un repollo, Diego nos pone en antecedentes y se lanza con un pequeño recorrido histórico sobre el desarrollo del neoliberalismo y las organizaciones que se le opusieron en Argentina. Sobre esto comenta que: Este tipo de organizaciones nacieron al calor de la crisis de finales de los ’90-2000, es decir el segundo embate neoliberal en nuestro país. El primero fue la dictadura, el segundo fue el gobierno de Menem. El capitalismo planteó reformas estructurales, profundas. En los ’70 necesitó una dictadura y en los ’90 construyó sentido con ese discurso normativo que creó una necesidad de consumir, de creer que somos un país de servicio, de trabajar para un país de ese tipo, es decir, respondiendo a órdenes de la acumulación internacional del capital. En el marco de la crisis de los 2000, nacen lo que se conoció como los MTD (Movimientos de Trabajadores Desocupados), que son el lugar de donde viene y está la CTR. (…) Si uno hace una línea histórica, puede observar el proceso de suburbanización que planteó el capital también. Nosotros en los ’80-’90 teníamos cordones productivos más o menos cerca de las ciudades, no era un mundo maravilloso pero no era el actual, en donde estamos el 92 % de la población en las grandes ciudades. Allí también se expresa (…) la profundidad de la economía neoliberal.

En referencia a su acercamiento a la Cooperativa, los ejes de trabajo de la misma y su rol en la producción, Gandini nos relata: «Yo me acerco a la CTR hace más o menos seis años, un poco entendiendo la necesidad estratégica de la producción de alimentos y el espanto que supone la socialización de la ciudad. La CTR tiene tres ejes bastante marcados. Uno es el feminismo y el antipatriarcado, esto porque en general el desarrollo de los MTD en el territorio tuvo que ver con una complejidad social extrema y CTR nació como una organización para dar respuestas. Entonces es abordar todo tipo de problemas. Nosotros estamos insertos en un barrio donde existen todas las problemáticas sociales, todas las formas, desde las más sutiles a las más profundas de opresión, como la opresión de clase, la opresión de género, como la opresión racial, como la opresión del capital, entonces se trabaja para dar respuesta a todas estas formas. El otro eje que es muy importante es el de crear espacios de formación e intercambio de saberes. En la CTR hace dos años que funciona con mayor o menor periodicidad la Escuela Hugo Chávez, que tiene un desarrollo muy interesante. Y después el tercer eje, con el que yo estoy más relacionado, que es el de la producción de alimentos sanos, la idea de «vuelta al campo», las prácticas agroecológicas. Ese es el eje en el que más me desarrollo».

«Lo que tenemos hoy como formas productivas son: la producción hortícola, que podemos decir que es agroecológica, se trabaja en distintas formas de creación de insumos, se trabaja compost, se trabaja restos de poda, se trabaja con estiércol de animales, se producen bioinsumos para combatir algunas plagas. Después tenemos el productivo que es el tambo, que existe hace como diez años en CTR (yo estoy hace seis) y aunque sigue siendo muy humilde ha crecido. Cuando yo empecé a trabajar en CTR había seis o siete animalitos y se ordeñaba a mano, siempre se elaboró queso, siempre estuvo latente la idea del «tambo-fábrica-escuela» y hoy tenemos un tambo que se planifica en doce hectáreas y empieza a conformarse como agroecológico. Empezamos a rotar los potreros, empezamos a trabajar con especies forrajeras. No logramos producir insumos (sobre todo el alimento) que tienen que ver con el agronegocio».

«Respecto del «tambo-fábrica» y de la cooperativa en general, uno de los objetivos, por supuesto es laburar con el horizonte de la soberanía alimentaria como horizonte cercano. La cuestión más de fondo tiene que ver con el acceso a la tierra. Nosotros trabajamos hoy en un espacio de veinte hectáreas que está en Alejandro Korn y tres hectáreas que están en San Vicente, que son tierras por las que se ha luchado. Se accedió a la tierra y a partir de ahí, por supuesto con la construcción de organización, se hizo posible la CTR. Sin acceso a la tierra no hay posibilidad de construcción territorial, sobre todo en la producción de alimentos».

En una lúcida caracterización de coyuntura y contexto desde la óptica del hombre militante en proceso de campesinización, afirma: (…) creemos que estamos a las puertas de una crisis alimentaria ya que hay muchas evidencias que así lo expresan, y entendemos que la producción de alimentos sanos, desde el trabajo digno, en manos de las y los trabajadores es absolutamente estratégica. También, para ayudar a la caracterización, porque en realidad nosotros creemos que cualquier concepción teórica, abstracta, política necesita un contexto, el contexto en el que estamos es el de un continente colonial en el que ha quedado inconclusa la idea emancipatoria de Bolívar y San Martín y nosotros necesitamos en estos lugares de la tierra la segunda y definitiva emancipación. Creemos que la modernidad misma es una civilización de muerte; que al capitalismo, que es la esencia de esta civilización de muerte, no solo en el aspecto económico sino en su aspecto estructural y cultural, hay que derrocarlo. No creemos que haya capitalismo bueno y capitalismo malo, pero sí reconocemos que desarrollamos nuestra tarea y nuestra construcción en el marco y en la lógica del capital. Sí, nos planteamos una transición, que no solo es formas de producción y paradigma (por ejemplo por el agroecológico), sino una transición hacia otra forma de reproducir la vida, que para algunos puede ser el socialismo, para otros puede ser el «buen vivir» y para otras puede ser el Abya Yala. Parece que lo que hay que construir es otro paradigma cultural y civilizatorio. Desde este contexto general, en esta totalidad, pero desde lo concreto, lo que hacemos desde la CTR es: acercarle el cuerpo a las ideas, o más bien mantenerlo en las ideas. Vamos pensando nuestras prácticas, vamos reflexionando y planificando el trabajo, siempre desde una dialéctica en la que sabemos que el contexto es básicamente la lógica del capital, pero nosotros en esa lógica construimos nuevos caminos y analizamos constantemente qué es lo que reproducimos y qué es lo que transformamos. Creemos que la vuelta a la tierra es una trinchera muy importante a la hora de transformarlo todo y nos planteamos un proyecto que, aunque humilde, es ambicioso. Ambicioso en el sentido de que es tan contracultural, como lógica, que supone todos los conocimientos que los pueblos han desarrollado; todas las experiencias de lucha. Somos herederos, hijos de muchísimas luchas, de todas las que podamos resignificar y vamos a la transformación profunda, a la reforma estructural y a otro paradigma. Lo que estamos tratando en estos momentos, como tambo cooperativo, es de ir planteándonos formas de producción con un horizonte colectivo e ir planteándonos formas de producción mucho más equitativas y de trabajo digno, pero sí analizando, con las herramientas que tenemos, que la nuestra (no se que opinarán les compas sobre esto) es la teoría del valor, es decir, nosotros nos planteamos un proyecto productivo que sea excedentario; que por supuesto no explote a la gente que trabaja, que no construya escenarios alienantes, que no construya lugares de trabajo deshumanizados, pero sí con la decisión firme de abastecer de alimento y demostrar y demostrarnos que el proyecto es viable».

Sobre las concepciones y el posicionamiento de CTR frente a las lógicas del mercado en el abastecimiento de alimentos, reflexiona: «El escenario respecto del abastecimiento de alimentos, tenemos claro que hoy lo hace el mercado. El mercado planifica, para bien o para muy mal, la vida de todos nosotros y, plantearse un proyecto político que suponga la producción, en ese contexto requiere de mucha creatividad, de aunar capacidades, no subordinar ninguna de las múltiples formas de la opresión que tiene el sistema como las fundamentales. Es decir, vivimos opresiones de género, vivimos opresiones de raza, de mercado, vivimos opresiones de distinto tipo, siempre nos definimos anticapitalistas, antipatriarcales, antiracistas, antiextractivistas, pero lo que tenemos como imperativo ético de conformar es una propuesta que, además de definir todo lo amplio, (…)  proyecte el deseo, que empiece a interpelar a nuestros pueblos, que dispute sentido a la lógica del capital. Esta definición, que puede parecer muy grandilocuente, es con la que nos encontramos día a día trabajando en el tambo-fábrica, desarrollando un caminito en donde hacemos todas las etapas que la producción tiene, agregamos valor en origen y estamos tratando de conformar nuestra propia línea de comercialización. El proyecto no se agota en producir de otra manera y producir mejor. Es muy importante que logremos eso, pero las miras van mucho más allá en el horizonte, no nos conforma distribuir mejor, queremos cambiarlo todo, queremos cambiar las formas de reproducir la vida y en ese sentido sabemos que el proyecto es pequeño y empieza a caminar, y en ese camino necesitamos a otres.

El compañero nos regala una reflexión de sobre un tema que nos atraviesa como pueblo y debiera interesarnos en estos tiempos de desgarramiento del tejido social.

«(…) Entendemos bastante claramente que la batalla cultural es muy desigual, que la planificación del capital y estos embates de reformas profundas del neoliberalismo, vaciaron un país ya despoblado al que van despojando de campesinos, de productores y productoras y les va hacinando en los cordones de las grandes ciudades, estas grandes ciudades tienen un plan para la gente que viene como ejército de reserva, como sujetos que van a ser objetos de la super explotación, sin muchos más caminos que pobreza, hacinamiento, opresiones, represiones, trata de personas, poner a delinquir a jóvenes para beneficio de los ricos, ese es el plan que tiene la concentración del capital desde hace mucho tiempo en nuestro país. En ese contexto, medio de frontera, nosotros intentamos disputar ese sentido, por eso entendemos como una tarea fundamental (que es la tarea eterna de cualquier organización que se plantee la emancipación o la revolución) la conformación de conciencia en el pueblo: el aporte a la conformación de conciencia en el pueblo. Nosotros tenemos hoy un porcentaje muy alto de nuestro pueblo, que ya viene de muchas generaciones sin trabajo, ya vienen de muchos años de acomodarse, entre comillas, a un subsidio y a una changa, políticas que están diseñadas para prácticamente eliminar los niveles de dignidad, a las cuales, desde la lucha y el trabajo cooperativo aprendimos a contrarrestar. (…) Otro de los objetivos importantes que tenemos es desarrollar capacidades lo más creativas posibles y crear escenarios de transmisión de conciencia en nuestro pueblo. Normalmente creemos que, en la cotidianeidad de la tarea productiva de alimentos, lo que tenemos que generar es alguna respuesta material. Es decir, la vida material de las personas, aunque no lo planteemos como un proyecto economicista, hay que resolverla, por eso creemos que la generación del escenario de la respuesta material, también genera una enorme oportunidad de transmisión de conciencia e intercambio de saberes».

Para finalizar, le damos paso a sus palabras sobre el prototipo de «Ensachetadora» producido por el IPAF, del cual CTR es beneficiaria y el uso que esperan darle. Desde ya nos proponemos seguir dialogando con Diego y les cumpas de CTR, en próximas entregas, para acercarnos un poco más a ese mundo nuevo que anhelamos.

«De la producción artesanal estamos pasando a una producción con una mayor escala, ahí entra el tema de los recursos que se necesitan para generar esta posibilidad de respuesta material. Siempre desde lógicas colectivas, siempre desde lógicas de consensuar cómo y de qué maneras trabajamos es que llega el proyecto de la ensachetadora, nosotros en estas condiciones venimos elaborando y vendiendo una gran cantidad de quesos, que es el producto que más vendemos, pero siempre en estas condiciones, logrando un costo relativamente alto en relación a las posibilidades de nuestro pueblo. La ensachetadora viene en un momento oportuno para atender dos cuestiones: recibir un producto natural de una cadena muy corta, por lo tanto muy democrática, a un precio muy bajo la proteína animal. Pero por supuesto que eso no es lo único que nos moviliza, sino profundizar el sentido político que tiene. Una determinada organización de recursos que realmente aspire a satisfacer necesidades humanas de nuestro pueblo. Nosotros, por chiquita que sea la ensachetadora, la vamos a utilizar como una herramienta política para demostrar concretamente que es posible, en medianos espacios de tierra, ir resolviendo problemas de alimentación que tenemos, siempre, siempre teniendo como horizonte la necesidad de acceso a la tierra. Sin la tierra, sin resignificar el oficio de agricultor, de agricultora, sin plantearnos otra forma de agricultura, cualquiera de estas prácticas, con mayores o menores recursos porque hoy es una ensachetadora y mañana puede ser una olla más grande o un vehículo que permita una logística para llegar a distintos barrios, no sería suficiente para el objetivo de la transformación que nos planteamos».

 

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