PODRÁN CORTAR TODAS LAS FLORES PERO NO PODRÁN DETENER LA PRIMAVERA

Por Redacción ANCAP

 Arte de tapa Martín Vera

El 16 de septiembre es una fecha que no nos permite dejar paso al olvido, en esa noche jóvenes estudiantes de escuelas secundarias de la ciudad de La Plata fueron secuestrados por la policía de la provincia de Bs. As. bajo las órdenes del batallón 601 del Ejército. Estudiantes que  lucharon por el boleto estudiantil, y por algo superador, un mundo mejor. La noche de los lápices refiere al secuestro, la tortura y la desaparición en manos del terrorismo de estado.  

 

Cabe destacar que continúan desaparecidos les estudiantes: Claudia Falcone (16 años), Francisco López Muntaner (16 años), María Clara Ciocchini (18 años), Horacio Ungaro (17 años), Daniel Racero (18 años) y Claudio de Acha (18 años).

Gustavo Calotti, Emilce Moler, Patricia Miranda y Pablo Díaz también fueron secuestrados y son los únicos sobrevivientes del hecho.

 

El plan sistemático del terrorismo de estado que se instaló el 24 de marzo de 1976 fue direccionado a exterminar a todos y todas que identifiquen como “subversivos”. En su gran mayoría los que participaron de las marchas eran militantes de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y organizaciones políticas. No es una fecha para encasillarla dentro de una lista de efemérides y nada más, con una mirada de largo aliento podemos analizar y comprender que hubo una generación que salió a las calles para defender una idea y a pesar de los riesgos que podían tomar, las convicciones de esa época lograron generar la posibilidad de que una patria socialista sea el camino a tomar.

 

Los y las jóvenes fueron llevados al centro clandestino de detención “Arana”, donde se los torturó durante semanas. Posteriormente los trasladaron al Pozo de Banfield (centro clandestino de detención y torturas)). Los únicos que lograron recuperar la libertad fueron Moler, Díaz, Miranda y Calotti. A  46 años tenemos claro que el camino del olvido no es el que vamos a transitar. Por memoria, verdad y justicia. Hoy, recordamos que esos lápices siguen escribiendo. «Siendo capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario». 

Poema de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes de

«La Noche de los Lápices». (Junio de 1985)

Dedicado a Claudia

(Claudia Falcone, una de las secuestradas aquella fatídica noche)

Hoy me he quedado inmóvil observando en el recuerdo

el beso que se estrellaba en el muro.

Flor o acero. Ni ángel ni desángel.

Sólo la verdad desnuda.

La voz es un reclamo de amor y un instante duro.

Pero las manos no pierden el momento de tus manos.

¿dónde estás, en qué tiempo, en qué mundo te encuentro?

¿Hasta dónde estiro la mirada para verte?

Si me dieras una señal, el próximo 31  de diciembre

me llegaría hasta vos.

No creas que no te busco, no me olvido,

pues no hubo adiós; nos dijimos hasta luego.

Por favor, que las aguas del mar te traigan hasta mí.

O la soledad del otoño, o las flores de la primavera.

Como quieras.

Pero no dejes de volver a lo que soñamos.

Si no es conmigo, ojalá que igual estés en paz.

¿Te acordás?

Habíamos quedado en ir de vacaciones

o de juntarnos todos los chicos a tomar cerveza.

Pero estoy solo, ni vos ni ellos han vuelto.

Y yo camino mirando a ver si los encuentro.

Me junto con sus madres, padres, hermanos,

tíos, amigos,

y no sé qué decirles, ¿dónde están las palabras para ellos?

Todavía no he aprendido a no desafinar,

¿y las idas a las villas?

¿Qué es esto de sobreviviente? ¡Por favor!

Que algún día los encuentre.

 

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