Buenos Aires. 31/07/23
Lonko Facundo:
Urgido por una llama en el pecho, que se aviva al escuchar por enésima vez tu alegato en el juicio que la justicia burguesa lleva en contra tuya, me tomo el atrevimiento de escribirte estas líneas que encierran la esperanza de que, en el caso de que puedas leerlas, reconforten tu espíritu combativo y sean un pequeño aliciente en el dificil trance que estás atravezando.
A modo de presentación diré que soy un trabajador, un hombre de las clases desfavorecidas que, al igual que vos, desde muy niño, en la busqueda de arrimar unos fideos a la olla familiar, tuvo que lidiar con las injusticias administradas por el Estado Argentino en todos sus niveles. Como vos, también conocí las engañosas tentaciones y los destructivos vicios que la sociedad «occidental y cristiana» propone a las juventudes pobres. También, como vos, tomé conciencia de la explotación y la dominación a las que las clases dominantes someten a nuestros pueblos y asumí la guerra que nos obligan a pelear.
El motivo principal de esta carta, que lanzo al maremagnun del ciber espacio a riesgo cierto de la censura y el control de este medio, es hacerte llegar el abrazo revolucionario de quienes luchamos por un mundo sin capitalismos, sin imperialismos, sin oligarquías. Somos millones, pero estamos en dispersión. El enemigo, con sus poderosas armas, momentáneamente mantiene ventaja en esta contienda que abarca no sólo la dimensión de la violencia física, sino que también lleva la delantera en la lucha cultural, informativa, de sentido. Con todo, su derrota espiritual es evidente y su descomposición se acelera al ritmo que marca la industria extractivista en que se fundamenta. Pero no caerá solo. Deberemos hacer uso de toda nuestra inteligencia y todo nuestro coraje para desarmar la trama de ignorancia, corrupción, cobardía y complicidad que enreda los vínculos de esta sociedad decadente, la cual permanece indiferente ante el vaciamiento y el saqueo de cuerpos y territorios.
De nuestro lado están la Razón y la Verdad. Nuestros postulados sobre este sistema despiadado se sustentan en la evidente e indiscutible destrucción del ambiente que llevan adelante las empresas extractivistas; en la mercantilización de la vida que desarrollan los capitalistas de todas las tallas; en la deshumanización y la atomización social que nos intentan imponer quienes mueven los resortes del poder real. Nuestras luchas enraizan en lo profundo de la Historia y entrocan con las de Lautaro, Caupolicán, Galvarino, Calchaquí, Chalimín, Guacurarí, Peñaloza, Chapanay, Pincén, Calfucurá y Santucho, solo por nombrar a algunxs de quienes nos precedieron. Junto a los de ellxs esculpirán tu nombre nuestros pueblos cuando la Revolución despeje el camino al porvenir armónico y venturoso por el que trabajamos.
Mientras tanto habrá que redoblar los esfuerzos, retemplar las voluntades y aguzar el instinto y los sentidos, para estar alertas a las trampas que ponen a nuestro paso los esbirros eunucos que hoy te privan de la Libertad.
Sabemos que el cipayo que te juzga no tiene autoridad moral para hacerlo. Sabemos que la sentencia está dictada de antemano por sus patrones, nuestros enemigos. Sabemos que no hay cárcel ni campo de concentración que pueda encerrar a un alma libre. En esa convicción te reitero el abrazo Revolucionario de millones de hermanos y hermanas que se indignan con la farsa judicial a la que te somete el Estado Corrupto.
¡Marichiweu! ¡Diez veces venceremos!
Un hijo del pueblo.
