PARA QUE ME INVITAN

Por Ana Cadabra 

Arte de tapa Martin Vera 

Para qué me invitan si ya saben cómo me pongo dice la flaca cuando le preguntan. Se ríe y avisa que está apurada pero dispuesta a la demora.

 

Es que se me va el tren. Quién sabe cuánto puede durar la charla el intercambio la reflexión quién sabe si podremos llegar a darle profundidad al asunto, pero el tema genera interés. Me proponen tema: la policía como tema: la vaca y bue. No hay nada que pueda hacer con mi genio y mis fundamentos. ¿La represión es un trabajo? Tira. Ser policía. Ser cana yuta gorra ortiva. Ser el brazo vigilante y represor de un Estado que  sostiene silenciamientos, invisibilizaciones explotaciones y opresión. Democrático aclara. Pero ahora con tanto espanto. Y no: no nos une el amor ni el espanto. Tanta pérdida de tantos derechos y tanta mayoría tan al borde de la supervivencia o ya hundida.

¿Acaso darse cuenta que el sueldo no alcanza y protestar por las condiciones en que se lleva a cabo la tarea de escudo hostigamiento cachiporra y miedo es suficiente para arribar a la conciencia de clase? ¿Es que cualquier actividad con horario y relación de dependencia es un trabajo? ¿Qué valor y para quién generan las fuerzas represivas del Estado? Llora el pueblo todas las víctimas de «gatillo fácil» violencia institucional con denominación simple que no aligera la carga impuesta a cada familia con el asesinato arrebato irremediable de los afectos. La policía de los desalojos y de las detenciones ilegales, y el refuerzo de las legalidades dice, mientras arranca un pastito del cordón, lo desenvaina y se lo lleva a la boca, lo mordisquea. Y continúa sin atender al traqueteo de los rieles y durmientes sacudidos por los vagones recargados de trabajadorxs a esta hora de la mañana. Un día cualquiera en una vereda somnolienta del conurbano antes de las siete de la mañana. 

Siguen indignándonos sus rondas de prepotencia y abuso, que te aprieten para que muestres el documento, las imágenes de pibis sobre el capó de las camionetas por portación de cara. Para qué me invitan. Le hierve la sangre, afirma. ¿Hay una lucha común, objetivos compartidos entre la policía fastidiada por la miseria y las luchas de les trabajadorxs y jubilades por ingresos que garanticen condiciones de vidas dignas para todes? ¿Un policía sensible es un trabajador? Asoma una risa sarcástica apenas pero sigue. Si hubiera lugar para una lucha común por qué humillan por qué pegan a jubilades, pibis, docentes. Se acuerda de paso del pibe con discapacidad, sin brazos, sin piernas, con sus muñones, vendedor de medias, asfixiándose con la espalda presionada por la rodilla del agente descarado sinvergüenza impune, ese sujeto vil desalmado desmadrado. Qué piensan, no piensan, se ofusca la piba. Las confiscaciones a los manteros, la espectacularización de la brutalidad. El reclamo de la policía es para reprimir más y reprimir mejor. Eso. La policía presiona a los gobiernos que más la necesitan, a los gobiernos que más les piden y más les exponen en su miserable vocación de palo empujón denigración intimidación cachetada, los gobiernos que menos tiempo les dejan para sus cajas chicas y a los que más empobrecen la calle que les hace diferencia a fin de mes, las horas extra y el sueldo paralelo, el ingreso no declarado informal la plata sucia cómplice y reproductora de tantas formas de ultraje y corrupción. El buen policía el mal policía la maldita policía la depuración de la policía la limpieza de las cúpulas policiales. La obediencia de la policía el desacato de la policía la corrupción de la policía. ¿Qué más? La piba retuerce el tallo tierno, larga la voz entre los dientes. 

Que la policía está para resguardar un orden determinado. Son parte del espanto, parte del miedo que pretenden y necesitan para imponer y reproducir la desigualdad. ¿Por qué sino un protocolo represivo para disuadir el reclamo y criminalizar el derecho a la protesta y la movilización colectiva? Una cosa es la conciencia de la clase en sí y otra es la conciencia para sí. Y que si hay conciencia por parte de la cana del orden al que responden, el orden capitalista patriarcal misógino opresor xenófobo racista, y en consecuencia voluntad de cambiarlo todo, entonces no serían policías buenos sino otra cosa, laburantes serían, dice.  Si alguna forma de organización surge de la yuta precarizada no es conciencia de clase. Si fuera conciencia de clase no sería policía, dice. Escupe el pasto y la fibra que venía rumiando, saluda, apura el paso para saltar el molinete, se gira para gritar no va a unirnos el espanto y corre los últimos metros que la separan del tren que ya cierra las puertas y se va.

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