Por Néstor Ventaja
Ciento cincuenta
Uniformes amartillados
defienden el patrimonio
mercantil del híper
tras la alambrada
quinientas, mil
desenfundadas hondas
El arrabal del atardecer
-Juan lo presiente-
será salpicado
con savia de los suyos.
¡Así no! ¡Así no!
¡Vayamos a la ruta
a parar camiones!
Los choferes entregan
la mercadería sin desgracias
el seguro paga, el dueño
primero se reparte
entre la gente del barrio
después
-siempre hay un después-
después la desesperación se encarna
después el descontrol,
las camionetas, los matones
el largo camino de la exclusión
llevó hasta esta encrucijada
la rabia, la impotencia
se desatan y ¡guay
del que se ponga enfrente!
autodefensa del margen
auspiciada para después
-siempre hay un después-
después que el ajedrez
de mate al rey, a los peones
someterlos a palos
con varias hormas
a cuestas y una bala
de goma en bandolera
Juan organiza
una precaria retirada
parte lo poco conseguido
comparte ánimo, carencias,
la ronda relata
los milagros del día
en tensa vigilia
recompone la guardia.
