Por Carlos Arenas y Hugo Gancia
Todos tenemos un cadaver por revivir. Llevamos a cuesta nuestros huesos y sus dolores, nos duele el mundo. Y un cadaver violento, también es la lluvia, y la naturaleza muerta esgrimiendo verdades. Sangrando hábitos y realidades quiméricas ante un mundo que cae y renace el siguiente.
Una voz detuvo el flujo de pensamiento, no sé si venía de afuera o de adentro. Cuando se ha vivido la intemperie, no hay paredes que nos detengan. Voy y vengo, dijo un loco que nunca se fue.
Y una luna de sal cegando voluntades. Y una tierra del mal creada por la astucia, ansiadas sensaciones dirimieron la cosa. Nos abrirá sus puertas un alegre mañana. Galoparemos libres en ancas de un delirio, atisbando silencios, quereres y una pena.
A veces no se pueden contar las infinitas vidas que transcurren en el todo. Lo que hemos sembrado, ha nacido.
Quizas en el horizonte nos halle otra batalla, que deberemos dar en pos de lo vivido y abrazaremos juntos nuestras bellas utopías cuando tengamos fuerzas, sin renunciar a nada.
