Por Federico Paterno
Arte de tapa Martín Vera
¿Qué pasa con la salud mental de los jóvenes y adolescentes? ¿Qué hacen los organismos que deben ocuparse de esto? ¿Por qué a veces no se llega a tiempo? ¿Cómo hace un pibe pobre del Conurbano que precisa y reconoce la necesidad de atención psicológica si es cada 15 días y grupal? ¿Los organismos que contienen a las familias lo hacen bien? ¿Quién se hace cargo?
Los datos de UNICEF que son serios y merecen atención advierten sobre este tema “El aislamiento les quitó a los chicos algo que es fundamental para los y las adolescentes en nuestra cultura para definirse a sí mismos: el grupo y la interacción social” ,Fernando Zingman, oficial de Salud Adolescente de UNICEF Argentina. Ahora bien, este tema producto de la pandemia del COVID 19, no es el único factor determinante a tener en cuenta para entender un poco más lo que viene creciendo en cuanto a intentos de suicidios adolescentes, auto lesiones o conflictos muy serios de violencia callejera y en las escuelas.
Casi 16 millones de adolescentes de 10 a 19 años viven con una enfermedad de salud mental en América Latina y el Caribe, este dato del organismo de infancias es también a tener en cuenta, y advierte que las tasas más altas se registraron en las provincias del noroeste, especialmente en Catamarca, Salta y Jujuy.
Es por esto que debemos detenernos y pensar: ¿Quién piensa en los jóvenes? ¿Por qué no se les escucha y se priorizan cosas efímeras sin profundizar? “ Existen pocos servicios públicos de salud mental en relación a la demanda y no hay espacios para niñas, niños y adolescentes específicos para internación. A esto se le suman las desigualdades en el acceso y servicios de salud pensados para atender casi exclusivamente las urgencias en salud mental. Muchas personas no consultan a un servicio hasta que no están en una situación de crisis, porque no se trabaja desde la idea de salud-cuidado, sino casi exclusivamente desde la enfermedad-atención”, profundiza el informe de UNICEF.
“Para prevenir adicciones, consumos problemáticos, abulia, autolesiones u otras situaciones frecuentes en adolescentes no alcanza con la charla que nos dé un día un especialista. Debemos tender a ayudar a construir sentido y que ese sentido se sustancie en proyectos. Esa es la verdadera razón de la prevención. Esto se debe construir. Lo específico de la prevención es abrirse a la inquietud, al desafío que presenta algo, y sobre eso montarnos para poder encontrar el sentido que dé comprensión a todos esos sinsentidos que andan dando vueltas por ahí. Porque no empieza ni termina el sinsentido con el hecho de un consumo desabrido de sustancias” , explicó Alberto Calabrese Lic. Sociología y especialista en adicciones.

En cuanto a lo local y lo más cercano que nos puede mover el amperímetro es un vecino o vecina, un amigo, una amiga o un estudiante del aula, pero si no podemos contar con las herramientas necesarias o las personas indicadas es complejo poder dar solución a esta problemática tan delicada. Un joven de no más de 18 años que pide a gritos una atención psicológica y no la recibe o la recibe a destiempo tiene consecuencias. Esas consecuencias pueden ser pequeñas o enormes. Pero algo es seguro ya están los hechos consumados y no hay vuelta atrás. Entonces la pregunta es ¿Quién se hace cargo?
El servicio local de cada distrito ¿Qué función debería cumplir? “La tarea de estos Servicios Locales, entre muchas otras, consiste en recibir denuncias e intervenir de oficio ante el conocimiento de la posible existencia de violaciones o amenaza de los derechos de niños y niñas. Para ello, los servicios locales deben estar conformados por, como mínimo, un psicólogo, un abogado, un trabajador social y un médico”, afirman desde el sindicato docente SUTEBA. Entre otras cosas uno de los puntos claves que tiene como tarea a abordar el servicio local es realizar acciones para prevenir situaciones de vulneración de derechos y adoptar medidas para reparar los derechos dañados. Bueno, muchas veces nada de esto ocurre. Porque el esfuerzo es insuficiente o nulo. No alcanza con decir o afirmar “Se hace cargo servicio local”, porque si ese servicio no es tal, no hay ayuda alguna, y ahí nuevamente aparece la desigualdad y el pensar que hacer política es delegar y tomarse fotografías es el mayor de los errores que entre otras cosas nos trajo como consecuencias a un Presidente como Milei.
¿QUÉ HACER?
Por ejemplo la función del servicio local en San Vicente es ineficaz y merece una mención especial. En los últimos meses fueron varios los hechos que ocurrieron con una llegada a destiempo de parte del organismo, lo que implica que los jóvenes o adolescentes no tengan el respaldo necesario, ni ellos ni sus familias. Llegar tarde es un signo de que algo debe cambiar.
En el caso particular por ejemplo del distrito de San Vicente, Braulio es periodista, docente y profesor de teatro y junto con otros integrantes de su equipo Juliana, Patricia y Johanna, llevaron adelante un festival de teatro adolescente que buscó abordar problemáticas ya mencionadas en esta nota. A partir de este evento lograron trabajar a través del arte y la cultura como herramienta de transformación de la realidad de cada joven, ocupando un lugar de relevancia a la hora de accionar en territorio.

Diario Sur en el 2023 ya alertó sobre la situación en la región y señaló que vienen cada vez más chicos con situaciones más complicadas, según el médico psiquiatra Sebastián Arman, quien actualmente es el único especialista en psiquiatría que atiende en el Hospital Provincial Ramón Carrillo. Arman tiene 592 pacientes en carpeta, de los cuales casi 400 asisten a las consultas con asiduidad. Entre ellos, más de 100 son adolescentes. Hoy esto se agudiza a cada paso.
Muchas veces los adultos piensan en los jóvenes y adolescentes como personas que no tienen preocupaciones, temores o responsabilidades. Eso es falso. Todo ocurre y a veces incluso al mismo tiempo, lo que ocurre es que si no podemos comenzar a interpretar que este tema es serio y muy delicado no hay forma de dar buen abordaje. Las historias de jóvenes laburantes desvinculados de la escuela secundaria con un futuro gigante por delante ¿Qué hacemos con esas situaciones? ¿Qué pasa si algo se desborda? ¿Por qué las instituciones están más atentas a la foto que al desarrollo? ¿Qué ocurre con la familia de esos jóvenes? ¿Es suficiente ofrecer un teléfono y hacer caridad más que política pública? Son todas preguntas aún sin respuestas y eso es grave. Más aún cuando algunos de los distritos dónde ocurren estás situaciones se jactan de progresistas, pero a veces eso no alcanza y si no alcanza es porque algo falla y si algo falla es porque muchas veces la gente con responsabilidad política no tiene las agallas para estar a la altura de las circunstancias.

