HASTA SIEMPRE INDIO

La mañana del domingo se fundió con la noche en Comodoro Rivadavia, que empezó con el llanto de Colombo en Etiqueta Negra, y su voz se quebró porque la pérdida del Míster no tenía consuelo, donde Sbaraglia no podía evitar su angustia y convertirla en lágrimas. Donde Gaspar tenía su mirada perdida al final de cada tema buscando quién sabe qué en los ojos del público de Los Fundamentalistas. El llanto nos envolvió en varios momentos del espectáculo. Sin hablar, pero con las lágrimas de saber que el Indio ya no está.

Por Federico Paterno

Llegaron las primeras horas del domingo, con mochila cargada y angustia en el alma con una tristeza comprobable. San Vicente no suele ser un lugar muy iluminado, sus calles de tierra nos acompañaron hasta la parada del último bondi. Ya era el último. No habría otro día como éste. Luego el encuentro con amigos y arrancar a peregrinar.

Villa Domínico fue el lugar que recibió a más de 1 millón de personas. Todas con un objetivo común: Cada uno a su manera despedir al INDIO.  Pasadas las 10 hs llegamos e hicimos una fila que parecía en principio eterna. Cuadras y cuadras “ Esto no tiene fin” decía uno. Llegamos al final y ahí la paciencia de horas para ver si logramos llegar. 

Sonaban Los Redondos y el Indio en cada lugar donde había un parlante. “Se me fue una parte del alma”, se escuchó también. No había consuelo para quienes no pueden reemplazar a este referente popular del pueblo.  No se pide que lo entiendan. Porque el que no lo siente, no lo entiende. La pasión por algo no tiene explicación. Justamente porque se siente en el alma. Algo que los que no lo comprenden  o lo cuestionan les falta. 

“Venimos de Córdoba, llegamos a la mañana, a las 22: 30hs se nos va el micro”, con la bufanda de Instituto y su compañero a su lado esperaban el avance de la fila. “Vos mandas, morocha conducción“ le decía la cordobesa a quién fundó en este autor la lírica y la potencia de entender una banda y un artista único en el mundo. La cordobesa y la morocha ya eran cómplices de charlas y brebajes adecuados. 

“Estamos siendo demasiado buenos”, dice uno del grupo con el que estaba en la fila. No esperamos más en el lugar. Eran más de 5 horas y  nos movíamos a paso cansino. El oriundo de Florencio Varela tomó el toro por las astas y avanzamos unas cuadras. Hasta llegar a una multitud similar a Olavarría, Tandil, etc.. Una cantidad imponente de gente que quería dar el último adiós. 

En los alrededores del lugar estaban quienes eligen quedarse con un tributo diferente. Banderas, himnos ricoteros y encuentros que nos juntan con quienes no se conocen,  pero la música del indio nos une. Sin un solo uniformado de azul en la zona y con más de 1 millón de personas, no hubo un solo problema, la gente se cuidaba y se contenía, se abrazaba y lloraba, pero sabían que ahí estaba su lugar. Donde la fortaleza ricotera los consolaba entre tanto dolor. 

Banderas rojas, banderas negras se veían flamear por varios rincones de Dominico. Las horas pasaron, muchos ingresaron y otros no. La despedida a un tipo que supo interpelar a los que sentían en el alma esas letras. No hay que dar tanta vuelta y buscarle tanto significado a las letras. El indio, Los Redondos y su público eran y son una alianza imbatible. ¿Por qué? porque es sólo un Rock and Roll del país!

Imagen: captura de drone de Matías Cervilla ((AnRed))

Deja un comentario

Descubre más desde comunicación popular

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo