Escrito por Rodrigo Jesús Díaz
Cada cuatro años se desata la “fiebre mundialista” y nuestro cuerpo lo sabe. Y así como sabe que es el momento apropiado para cambiar de banda la pelota, también debería saber el momento para que la banda presidencial cambie de manos.
No hay lugar a dudas de que cuando las y los argentinos pensamos en fútbol (incluso los no tan efusivos), entendemos que arraigado a este deporte, está la idea de pasión, dentro y fuera de la cancha. Es un acuerdo tácito, en ocasiones evidenciado al momento de los reclamos por parte de los fanáticos a los jugadores.
El mundial despierta una pasión particular: las rivalidades entre hinchas locales se pierden y todos pasan a estar coronados bajo el mismo manto de gloria. La gente más “cabulera” se junta a hacer sus pronósticos y cualquier santo le viene bien. Personas de todas las edades (cabe destacar un crecimiento exponencial de adolescentes) corren a los kioscos en busca de las “figus” mundialistas. Todo el ambiente se llena de jolgorio.
Está claro que es un momento para disfrutar y divertirse entre amistades y viejos desconocidos. Pero, y un pero enorme, ¿qué pasa cuando esa pasión históricamente se utiliza para ocultar los problemas estructurales del país como la corrupción? La respuesta es inequívoca: la masa trastabilla, pasa a atender otros asuntos, porque necesita vivir un momento alegre en medio de tanto malestar. Es en ese tiempo donde la lucha del pueblo merma, mientras te gritan en la cara los desfalcos diarios, pero ¿qué digo? Minuto a minuto.

Permítanme el siguiente paréntesis: existe otra cosa con la cual los argentinos solemos identificarnos; me refiero a la picardía, al humor con doble sentido. Es por esto que todas y todos entendimos muy bien la actual campaña publicitaria de la empresa NOBLEX. La pregunta entonces es; ¿si viste la bocha por qué no corrés detrás?
El momento es oportuno, una “oportuncrisis” diría Homero J. Simpson. El momento de condecorar este mundial con la hinchada más grande y pasional de todas y, a la vez, la que más lucha en la calle, la que sale a cobrar el offside que hace ya tiempo patina este gobierno.
Celebremos en las calles, la entrada al estadio de nuestra selección y la salida de un gobierno cruel.
Nos vemos allá afuera.

