ELEGÍA PARA MAXIMILIANO KOSTEKI Y DARÍO SANTILLÁN (a 24 años de los asesinatos)
Poema por Hugo Gancia
Arte por Martín Vera @veramartin77
La mañana fría les marcaba el paso
hacia ese destino de hijos del pueblo
siendo potenciales presas del zarpazo
del odio de quienes ensangran el suelo.
El calor del pecho les brindaba abrigo
el temor en rabia se iba convirtiendo
el abrazo fuerte, compañero, amigo
de toda una clase los iba envolviendo.
Cortar la avenida para abrir caminos
fue el crimen de estado que les endilgaron
los uniformados, sarta de cretinos,
que a la cacería pronto se lanzaron.
A balazo limpio arremetieron fieros
contra el pobrerío allí abigarrado
y en la disparada un proyectil rastrero
el cuerpo de Maxy dejó atravesado.
Con ojos abiertos y sangre en la boca
inerte yacía en medio del tumulto
desatado adrede por la furia loca
de aquellos que sólo merecen insultos.
Al buscar refugio en la estación revuelta
Darío vio el cuerpo de su compañero
y el ademán claro de su mano suelta
fue un gesto insondable de amor verdadero.
No quiso dejarlo y enfrentó la muerte
se paró a ayudarlo, instinto solidario,
lo estrechó en sus brazos, compartió su suerte
ante la acechanza del totalitario.
Lo supo sin vida y quiso resguardarlo
mientras le ordenaba, escopeta en mano,
que se diera vuelta para fusilarlo
de un tiro en la espalda, aquel vil marrano.
Cayó mal herido por los perdigones
que horadan la carne de pueblos hambreados
después lo arrastraron, recua de bribones,
para que muriera junto al empedrado.
Desde aquel entonces los dos compañeros
son el estandarte de quienes luchamos
por presente digno y pan verdadero
por el mundo nuevo, ese que anhelamos.
