CUANDO DICIEMBRE DIJO BASTA

“Cambiar el mundo, amigo Sancho,

que no es locura ni utopía, sino Justicia!”

Don Quijote de la Mancha.

Hay analistas y filósofos que estos días en sus columnas de opinión se refieren al 19 y 20 de diciembre de 2001 como una “tragedia”, o lo llaman: “los tristes episodios”. El tema es que cuando un pueblo dice no y sale a luchar (a luchar como le sale) no va a recibir flores y abrazos de parte de los que detentan el poder político y el poder económico. Por Noemí L

Yo no me inclino a llamarlo tragedia, porque si lo pensamos así estaríamos diciendo que el pueblo no debe moverse, que el pueblo no debe luchar porque de hacerlo “pasan cosas tristes”, compatriotas, el pueblo vive triste, el pueblo vive resistiendo, el pueblo vive tomando migajas, el pueblo vive trabajando –si es que tiene suerte de conseguir empleo, del color que sea, blanco, negro o gris- y dejando que decidan por él.

Los hechos del 19 y 20 de diciembre fueron resultado de la implosión de una crisis capitalista (como hay tantas en el mundo y en nuestro mundo, que es Argentina) que comenzó a gestarse con medidas liberales (donde importa el bienestar de los privados en detrimento de las clases medias y bajas) en los años 70’, con medidas políticas-económicas como, por ejemplo, el Rodrigazo que en 1975 devaluó la moneda en un 160%, incrementó en un 100% las tarifas de servicios y más monstruosidades antipopulares que auspiciaban el camino para la primera medida que tomara la dictadura cívico-militar del 76’: dar de baja los convenios laborarles, toda un política-económica que se terminó de consolidar en los 90’, como vemos les llevó varias décadas y derramamiento de sangre destruir las conquistas de un pueblo combativo.  Y como decía, el pueblo vive triste pero, como ayer y siempre, gran parte de él lo hace resistiendo y creando organización, por eso como resultado de la economía entregadora de los 90’ nacen en Argentina los piqueteros. Trabajadores desocupados, que salieron a ejercer la desobediencia civil: cortar rutas. Sus luchas tuvieron muertos: Víctor Choque, Teresa Rodríguez, Francisco Escobar, Mauro Torres, Hugo Javier Barrotaveña, Matías Gómez y Orlando Justiniano, Aníbal Verón… y les puedo asegurar que la lista sigue (ya en el 2002 Darío Santillán y Maximiliano Kosteki). También es necesario pensar que mientras el pueblo muere luchando, también muere sin luchar: desnutrición, muertes por enfermedades curables como hepatitis, muerte por aborto clandestino- principal causa de muerte por maternidad-, muertes por gatillo fácil e infinidad de formas que este sistema tiene de negar dignidad y vida por igual.1503361_751203734965838_4153886524667159043_n

Los “piqueteros carajo” fueron la cara de los cuerpos que dijeron no. Los cuerpos que se resistieron a ser parias, que se negaron a la condena del capital: morir de hambre y perder su identidad. Aunque la lucha y la organización crecían en la Argentina, millones pasaron a ser excluidos, por eso se dio el 19 y 20, porque hay, siempre, resistencia por parte de los pueblos. Y que haya resistencia no es una tragedia. La tragedia es que sigamos creyendo que el capitalismo puede ser un sistema igualitario. Aún siendo keynesiano, como está de moda llamarlo, el capitalismo es igual a acumulación. Acumula riqueza para las unidades empresariales, financieras y clase política, trata de dar lo menos posible hacia abajo, y si da es cuando le conviene o porque el pueblo está fuerte y tiene poder de negociación.10393154_751203404965871_5547065065534772203_n

Los días 19 y 20 de diciembre de 2001, no había poder de negociación, ni para el pobre, ni para el clase media, al cual las entidades bancarias (los que administran el robo organizado del capital) le habían arrebatado sus ahorros. Esos días se escuchaba “piquete cacerola la lucha es una sola”, hermosa frase de lucha que creó el pueblo argentino, que duró poco, pero que al menos existió y juntos le pudieron decir No a De la Rúa cuando en cadena nacional declaraba estado de sitio, alegando que éramos violentos y ejercíamos hechos ilegales . Esa noche, todos salimos a la calle, nadie tuvo miedo. Lo que tuvimos fue bronca y la conciencia que ver milicos en las calles no era algo que íbamos a tolerar. El fantasma de la dictadura está en la gente, eso se vio, y también vieron los políticos que no temblamos en salir todos ni bien escuchamos esas palabras de un UCR marchito que nada tenía para ofrecer, sólo palos y robo.

Recuerdo a las Madres de Plaza de Mayo mientras eran golpeadas por los bastones de la Policía Montada, una de ellas le decía: “no nos pegues, bajate del caballo, marchá con nosotros, vos ganas lo mismo que nosotros”, ganaban $600 y Domingo Cavallo, uno de los actores intelectuales del “corralito” y las medidas liberales de los 90’ ganaba más de $10.000.

Y recuerdo ahora la definición de Mafalda, refiriéndose al bastón de la policía como “el palito de abollar ideologías”.10846317_751203531632525_2203330299916850230_n

El Estado, brazo armado de los políticos de turno. Los asesinados con balas financiadas por ese organismo, que la “democracia” nos vende como que es de todos, fueron 39. Treinta y nueve en todo el territorio nacional. Dos días donde nadie durmió y donde los gérmenes de lucha y de organización comenzaban a verse, lamentablemente la organización aun no estaba, nació por eso el “que se vayan todos”, pero nosotros, el pueblo no teníamos a quien “poner”. Se quedaron los mismos. Y la Justicia para esos asesinados no ha llegado. Recién en febrero de este año tuvo lugar el juicio oral por esos hechos, fijensé, más de 12 años después. ¿Vieron a De la rúa o a Cavallo tras las rejas de una pabellón carcelario?10868194_751203458299199_3562954037984682308_n

El 19 y 20 no es tragedia, la tragedia-insisto-es que sigamos creyendo en que el capitalismo puede ser inclusivo e igualitario, la tragedia es que sigamos creyendo que los burgueses van a crear una Justicia que esté del lado del pueblo. Lo digno es que los hechos del 19 y 20 demostraron que los argentinos luchan y resisten, que luego de ese cimbronazo, que ni el pueblo sabía que podía realizar, nacieron las Asambleas Populares, los piqueteros comenzaron a organizarse mejor y a plantear una mirada socialista de la práctica cotidiana, que los lazos de solidaridad se hicieron más fuertes, que le demostramos a la clase política que este pueblo cuando se despierta se mueve. Nos falta claridad política, pero podemos ser lúcidos de vez en cuando. Ojalá podamos serlo más seguido.

Brindo este 19 y 20 por tener en la memoria los caídos de esos días de lucha y por los caídos de todos los días en esta democracia que no nos deja otra que resistir y seguir adelante cueste lo que cueste, hagámoslo con una sonrisa y con el orgullo de que somos luchadores. Con la jactancia de que hay cientos de fábricas recuperadas por sus trabajadores (hecho único en el mundo), que hay cientos de movimientos sociales en las ciudades y en las zonas rurales que le ponen el hombro a la vida y defienden sus derechos. Y que por cada problema que nace el pueblo argentino se organiza y sale a buscar dignidad (un ejemplo de esto hoy son las luchas contra las subestaciones eléctricas, el glifosato y Monsanto, los desmontes, el gatillo fácil)

Que no debemos cesar de exigir Justicia por nuestros caídos, por supuesto que no, sólo que creo llegará cuando los jueces seamos nosotros. Siempre hay que hostigar a este sistema demostrando que no nos rendimos, celebro por todos y todas las que luchan porque la Justicia llegue.

El futuro es nuestro.

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