Casos Desobedientes (Parte II)

El primer caso presentado fue Famatina, la lucha de un pueblo por impedir que una minera destruya el cerro y la vida de sus habitantes. El segundo caso es Malvinas Argentinas, una ciudad de Córdoba que puede llegar a poseer el no apreciado “orgullo” de tener la productora de semillas transgénicas más grande de América Latina, la lucha aquí es de un pueblo organizado contra Monsanto. El método: la desobediencia civil. Espero que lo disfrutes.

Por Noemí L

Para que sea Malvinas, primero tuvo que ser Ituzaingó. Hoy en Malvinas Argentinas el foco del conflicto es la instalación de una filial de Monsanto. El barrio Ituzaingó al igual que Malvinas, pertenece a la Provincia de Córdoba. Ese barrio fue el que luchó contra la utilización de agrotóxicos en zonas pobladas. Así como en Famtina, el sujeto que comenzó la lucha y llevó la misma siempre adelante fueron mujeres. Sofía Gatica es el estandarte del fallo judicial que marcó la lucha contra Monsanto en Córdoba. Perdió a dos de sus hijos a causa de los agrotóxicos. Familias enteras pudieron demostrar tener pesticidas en su sangre, y que estos causan enfermedades que pueden llegar a ser mortales, como en el caso de una de las bebas de Sofía, que vivió sólo tres días, tras dejar de funcionar su riñón.

“Madres de Ituzaingó”, así se bautizó el grupo de 16 madres que, allá por 1999 (hacía ya varios años que Felipe Solá desde el Ministerio de Agricultura había permitido, por presión de los terratenientes, el uso de glifosato- agroquímico creado por Monsanto- en los campos de soja argentinos) comenzó a juntarse en la cocina de la casa de Sofía para entender qué estaba pasando, ¿por qué tantos casos de cáncer, malformaciones, leucemia y tumores cerebrales entre los pobladores del barrio Ituzaingó?10933996_767192890033589_3517032932987133285_n

Al igual que en Famatina, el método de lucha fue ejercer la desobediencia civil llevando a cabo el corte de ruta. Otras “coincidencias”, la territorialización, esta vez en la casa de Sofía, donde se dieron la mayoría de las reuniones. La aparición de la pregunta y la búsqueda de información al igual que aquellas madres de Famatina que comenzaron a viajar hacia los lugares donde ya existía la minería a cielo abierto.

Los cortes atrajeron el interés de la opinión pública. Y el grupo fue generando más actividades que fundamentasen su lucha como, por ejemplo, la realización de un estudio epidemiológico. Sofía Gatica y el grupo de madres empezaron a ir de puerta en puerta para hacer el primer estudio epidemiológico de la zona. Gracias a ese trabajo hicieron visible los graves efectos que la fumigación con pesticidas y otros agrotóxicos estaba teniendo en las familias de Ituzaingó. Pudieron relevar los casos de cáncer, que resultaron ser 41 veces más que el promedio nacional (algunos médicos sospechan que muchos otros casos aún no se denuncian). También relevaron altas tasas de leucemia, alergias, enfermedades neurológicas y respiratorias, defectos de nacimiento y mortalidad infantil.

Para sintetizar, la lucha de las “Madres de Ituzaingó” llevó a juicio a Monsanto y a los trabajadores que conducían los llamados “mosquitos” los cuales dejan caer los pesticidas sobre las plantaciones. Como la Justicia nunca se la juega contra los intereses de los empresarios (y muchos del Poder Judicial tienen campos sojeros) resultaron con condena los más débiles: dos “aereoaplicadores” y un productor; representantes de Monsanto no están tras las rejas ni fueron llamados a pagar alguna indemnización o multa, pero… este fallo fue único en el mundo. Nunca antes se había llevado a juicio a aplicadores de productos de Monsanto y menos habido un fallo contra el uso de agrotóxicos (agroquímicos los llama el mundo empresarial).

Siempre rescato que los argentinos somos luchadores y, dentro de lo negativo de nuestra existencia, generamos buenas cosas.

Debido a esta lucha, hoy hay fuerza en Malvinas Argentinas para oponerse a la planta procesadora de semillas transgénicas que Monsanto pretende instalar – y está instalando, alguna infraestructura logró levantar-.

En Malvinas Argentinas Sofía es una de las que imprime confianza y legitimidad en la justeza de la causa.

Lo organizativo y la territorialización

En Malvinas Argentinas los luchadores se han emplazado en las inmediaciones de la planta de Monsanto, allí está el campamento. Obstaculizan la entrada a la planta, es un hecho de desobediencia civil ya que “están en propiedad privada”. Se organizan por turnos y bloquean los puestos por los que intentan ingresar los camiones con materiales de construcción y combustible.

El concepto de territorialización de la lucha también es central: en ambos casos la desobediencia civil va de la mano de acampe. Es como institucionalizar la desobediencia, se necesita para que no sea efímera para que se mantenga y crezca. (Pero esto no es concepto de desobediencia civil, si no que ya entra en la cuestión de la trascendencia del método de lucha, es más cercano al cómo de lo organizativo). Por ejemplo, los vecinos de Malvinas llegaron a construir un horno de barro en el acampe. Es vivir luchando. Organizan charlas y talleres. El acampe y el bloqueo crecen. Se afianza. Se consolida. Todo esto es en el predio que la multinacional está construyendo.

Al igual que Famatina, están en asamblea permanente.

Y un dato que no nombré antes, en el éxito de las luchas, siempre, hay líderes. En Famatina lo es Carina Moyano, en Ituzaingó, Sofía Gatica, en Malvinas aún no se perfila claramente una líder o un líder, pero seguro está. Son liderazgos colectivos, no unipersonales, que por hechos que hacen, por su osadía, por su voluntad o cercanía con el conflicto marcan la diferencia. Solos no pueden nada, pero se notan y mucho si faltan.

Aparato represivo del Estado

A diferencia de Famatina, en Malvinas Argentinas el Estado se animó a reprimir. El número de “combatientes” es mucho menor y la lucha no ha logrado aun la legitimidad y unión que logró Famatina, quizás juega que en el pueblo riojano todos se conocen y el espacio es menor, la organización y la presión del clásico “de qué lado estás” juega más. Malvinas se parece más a una ciudad donde el anonimato es moneda corriente. En Ituzaingó el caso fue como en Famatina, todos se conocen, todos estaban sufriendo lo miso. En Malvinas la conciencia de que “todos sufrimos las consecuencias de los transgénicos” aún no prima. Sí prima la justeza de la causa, pero no la conciencia de lo que puede generar aquella multinacional.

La represión policial contó con policías uniformados y de civil, gas pimienta, garrotes, balas de goma y hasta piedras.

La autoridad primera del lugar, el Intendente – a diferencia de Famatina- juega para Monsanto.

En la lucha los asambleístas también apelan a elementos constitucionales como exigir al Intendente, Daniel Arzani, la firma de un decreto municipal que le dé la salida definitiva a Monsanto de Malvinas.

A diferencia de Famatina, la consigna de la lucha es más general o, mejor dicho, más amplia: “Sí a la vida. No a Monsanto. Fuera Monsanto de Malvinas y de América Latina”.

¿Cómo juegan aquí otros estamentos del Estado?

A diferencia de Famatina y de Ituzaingó, en Malvinas la Justicia no quiso quedar pegada a los intereses económicos (habría que investigar por qué). Dictaminó que las autorizaciones emitidas por parte del municipio hacia la empresa eran inconstitucionales.

Y organizaciones del Estado como la Universidad de Córdoba manifestaron públicamente que Monsanto no traerá beneficios a la región. Se presenta en Malvinas que Monsanto no cuenta con licencia social, pero tienen a la intendencia, al Gobernador De la Sota y al Gobierno Nacional de su lado.

La Universidad de Buenos Aires también aportó lo suyo a favor del pueblo malvinense. Un estudio de la carrera de Farmacia y Bioquímica de esa universidad relevó que de diez muestras de sangre de habitantes de Malvinas Argentinas, siete de esas diez personas tienen alta concentración en sangre de plaguicidas.

La justeza de la causa, como dije antes, una de las características de la desobediencia civil, trajo consigo a Malvinas el apoyo de personalidades de la lucha a nivel nacional como lo son Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel que se sumaron desde el inicio, dando legitimidad a la lucha e ideas: la realización de una consulta popular que sea vinculante.

La osadía, otra más que la del gendarme.

El 30 de septiembre del 2013, frente a la represión que ejercían Policía e Infantería, Sofía Gatica y María Godoy pusieron el cuerpo. Para frenar el ingreso de camiones se acostaron en la ruta 88. Gracias a este hecho de vanguardia, decenas de cuerpo se sumaron y se tumbaron junto con ellas en el pavimento. Gatica resultó golpeada y tuvo que ser internada. Pidió el alta voluntario y regresó al acampe. Por la noche exigieron la libertad de algunas compañeras encarceladas, liberadas por la madrugada. ¿Qué sucedió? Las imágenes recorrieron las redes sociales, sobrevino la solidaridad, el número de acampantes se incrementó.1384189_767190866700458_2549500542494714849_n

Nuevamente la lucha sentida y la justeza sonríen en el éxito de estas batallas por la vida que se están dando en suelo argentino.

Todo es político

Un modelo de producción también es político, el modelo agroexportador argentino supone un modelo extractivo y el uso de químicos. Los asambleístas, tras informarse, proponen un modelo agrario “sustentable, que no sea sustentable para unos pocos, con daños irreversibles para los humildes”, palabras de luchadores.

COCLUSIONES PRIMERAS

A grandes rasgos, lo que unifica a ambos casos: alteración del medioambiente y de la salud humana. Enemigos directos: empresas multinacionales. Enemigos políticos: Gobernadores, intendentes, presidencia y proyecto productivo extractivo-exportador.

Concepto que se maneja en ambos: no dar licencia social. Sin licencia social los Estados deberían aplicar la represión directa y la imposición, en Famatina no se ha podido hacer porque la pequeña población está unida y es el 90% la que dice NO (según última estimación realizada). En Malvinas argentinas, el territorio es mayor, aún no es posible tanta cohesión como en Famatina, una de las acusas por la que el Estado reprime con poco costo político.

En ambos casos la conciencia de la lucha llegó a que parte de la acción sea desbancar autoridades políticas, en Famatina revocatoria popular. En Malvinas llevaron a que le

Intendente diga que si La secretaría de ambiente de la provincia rechazaba el Estudio de Impacto Ambiental (EIA), él debía dejar la intendencia. El EIA fue rechazado, Daniel Arzani no se fue. Nació entonces una nueva consigna, esta vez más concreta y bien política:¡CHAU MONSANTO, ARZANI SOLO FALTAS VOS!10523558_767190793367132_554018809934362503_n

Conciencia revolucionaria anticapitalista

Soy de izquierda, por tanto, me interesa analizar si las luchas de los pueblos se vislumbran como anticapitalistas, pero en estos casos creo que no es así.

En ninguno de los casos los luchadores cuestionan el capitalismo. Piden una vida digna y salud, pero sin hablar de la necesidad de cambiar este sistema. No se ve como enemigo al capitalismo, sí a sus partes integrantes (o entreguistas si queremos jugar con las palabras), es decir, las multinacionales y las autoridades políticas.

Pero considero que su accionar es revolucionario en cuanto muestra que la unión de un pueblo decidido hace la diferencia. Que la lucha y el triunfo son posibles. Y que pierden el miedo.

Hasta aquí la fusión entre desobediencia civil y lo organizativo. Sus logros y limitaciones. En el segundo caso es más fuerte la presencia del apoyo de Partidos Políticos y Organizaciones de Izquierda que bancan a los asambleístas. En Famatina no tiene peso la presencia de Partidos, salvo la presencia activa del Intendente que pertenece al partido FCR y que hoy coquetea con Sergio Massa.

Malvinas Argentinas, a diferencia de los otros casos sigue logrando apoyo de Instituciones, es algo novedoso y muy interesante. El 22 de octubre de este año (2014) El Decano de la Facultad de Agronomía de Córdoba dio marcha atrás con el acuerdo que había suscripto con Monsanto.10690241_767190746700470_4361176645998592055_n

La lucha es dura, pero vale la pena. Hasta aquí lo trabajado. Cualquier comentario es bienvenido y podes escribir a noemil.ancap@gmail.com

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