Lago Atitlán, un gigante como pocos!

“Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos

Benedetti

Me resultó casi imposible mirar este lago sin acordarme del hermoso lago Titicaca de Bolivia-Perú. La inmensidad del mismo, la tranquilidad, ese azul profundo de sus aguas y del cielo. DSC_0195

 

Pero acá, en el Atitlán, hay un conjunto altísimo de montañas que lo rodean. Y el pueblo en el que estuvimos, San Pedro la Laguna, se contruyó en las alturas de las mismas. Este hecho es indescriptible: te levantas a la mañana y ves desde el tercer piso del hostel una postal perfecta, una foto panorámica ideal que insistís en grabar en la memoria. Esta todo quieto, y el viento sopla tranquilo. Es una pintura, es un cuadro… y pensas que Guatemala sigue ahí, apostando a la sorpresa y al robo de sonrisas.

Nos alojamos en el hostel Peneleu, un descanso para nuestras pupilas, ya que estéticamente fue mucho mas lindo que el resto de los habitados en otros pueblos y ciudades anteriores. La perfecta combinación de calidad y precio, con grandes y nuevas habitaciones, con baño privado. Muy recomendado.

Las mujeres locales, con sus vestimentas típicas, tratando de "cazar" a los gringos.
Las mujeres locales, con sus vestimentas típicas, tratando de “cazar” a los gringos.

 

Alrededor de todo el lago hay muchos pueblos, muchísimos. Los más turísticos siempre son cinco o seis. Pero por recomendación de varios viajeros, caímos en San Pedro la Laguna. Tiene la apariencia de cualquier pueblo andino, una vez más menciono esta característica que me transporta mucho a Perú y Bolivia. Estamos en Centroamérica pero una puede sentirse perfectamente en la parte sur del Continente

Las aguas del lago son espejos, es un agua muy quieta y transparente, hay mucha gente que hace kayak para tratar de romper un poco ese paisaje de quietud. Las nubes son de algodón, bien blancas y espesas. Dan ganas de sacar miles de fotos, cada porción del paisaje sorprende. DSC_0201

El pueblo tiene su parte mas tranquila, habitada por gente local y por extranjeros que decidieron vivir acá. Te alejas del centro y se arman pequeños laberintos, caminos rodeados de vegetación y sonidos de pájaros, que conducen a casas y hostales mas alejados del ruido. Hay muchos europeos con casa y muchos hippies que decidieron plantar bandera ahí.

 

Y también el pueblo tiene su parte mas comercial, con tiendas llenas de artesanías, locales para comer y bares para fiestas nocturnas. Esta es la parte que rompe un poco con el paisaje natural,  la calle central en la cual aparece la famosa cachetada que te recuerda que estamos en un mundo capitalista y que siempre tiene que estar el comercio vigente.DSC_0193

Pero bueno, esto es normal en cada pueblo o ciudad de Latinoamérica: la zona destinada a los turistas. Lo que sí me resulto super chocante son los “grafitis” gigantes en cada cuadra sobre Jesús, sobre lo que debe hacer un buen cristiano, sobre el poder de salvación de la Biblia. Sí: literalmente en cada cuadra, eso es lo raro y peculiar de este pueblo, la mismísima cantidad de mensajes escritos como alarmas panópticas.

Realmente se nota muchísimo como muchos pueblos de nuestro continente fueron carcomidos por la religión, por el “poner la otra mejilla”, por el “aguantar los males que en la próxima vida en el cielo sera mejor todo”. Eso da tristeza… y acá, particularmente en Atitlán, también un poco de risa, ya que los algunos son tan originales que rozan lo inimaginable.

Estuvimos una vez mas y por suerte conviviendo con Lucho y Elen. Mas tarde cayeron Alan y Tomy. Sin dudas entre amigos es todo mejor, noches de fiestas, días de caminatas, de reflexiones, de ricas comidas… de planes futuros.

Un perfecto espejo, bien transparente.
Un perfecto espejo, bien transparente.

Eso es lo mas lindo, ver como todo muta, como un día el itinerario a seguir es uno… y como a la semana siguiente todo se dió vuelta por completo. Abrazar bien fuerte a la incertidumbre para transformarla en parte de la rutina viajera.

Apenas llegamos al hostel, nos acomodamos y subimos a la terraza que está en el tercer piso, miramos el paisaje los cuatro y no podíamos creer semejante vista. La naturaleza se nos imponía con soberbia, mostrando su parte más linda. En ese asombro, sale de su cuarto un viejito bien bien europeo, perfectamente vestido. Se presenta, nos da la mano y nos dice en un humilde español: “de toda Latinoámerica, este lago es mi lugar favorito, definitivamente…”

La calle comercial del pueblo.
La calle comercial del pueblo.

 

Sonreímos, en ese perfecto momento supimos que nos quedaba mucho lago por recorrer. Y le creemos, la vista es testigo fiel de sus palabras.

 

 

 

 

 

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