GENOCIDIO ARMENIO UN SIGLO DE SILENCIO PARTE 2: LA PERPETRACIÓN DE LA MASACRE

Hace ya un siglo, el 24 de abril de 1915, el Estado turco puso en acción un plan de persecución y exterminio contra la población armenia. Cien años después, las acusaciones cruzadas entre ambas naciones no cesan. A continuación, los detalles de una idea macabra, llevada adelante con saña y sin compasión. Por Diego Ferraro

diegoferraro.ancap@gmail.com

Ya desatada la Primera Guerra Mundial, los imperios estaban en acción. Por primera vez en la historia, una guerra tomaba el carácter de “mundial”, y aunque no todas las naciones participaban activamente en ella, todas sus economías se veían afectadas por la batalla más grande que la humanidad hasta ese entonces había visto. Como analizaba el escritor e historiador Eric Hobsbawn, esta etapa del sistema capitalista era conocida como La Era del Imperio. Pocos de ellos, fundamentalmente los europeos, dominaban la economía de todas las naciones sin importar el continente, pero sus producciones se habían estancado debido a que no había libre competencia de mercados, sino que cada cual tenía países semi coloniales como exportadores de materia prima e importadores de producción, y cada cuál quería aprovechar la contienda mundial para arrebatarle mercados a sus competidores.

A su vez, otros Imperios estaban decididos a aprovechar el conflicto bélico para saldar viejas cuentas pendientes, y recuperar antiguas tierras perdidas en batallas anteriores. Este era el caso del Imperio Otomano. Como quedó aclarado en la primera parte de este informe, el arribo de los Jóvenes Turcos al poder traía consigo una idea de turquificación del Imperio, la generación de una comunidad homogénea, la recuperación de antiguos pueblos de origen turco y el re lanzamiento de un mercado común turco. Todo puertas adentro. Para ello, había algunos “obstáculos”; y a los líderes turcos poco les importó que esos obstáculos fueran seres humanos. La Guerra Mundial era la excusa perfecta para desatar una masacre contra un pueblo que se rebelaba a las opresiones y la falta de libertad, que gritaba y luchaba por la independencia de quiénes pisoteaban sus derechos y que, para colmo de males, entorpecían el expansionismo económico y territorial otomano. Durante la guerra, como dice el dicho, “todo vale”. Todas las excusas son buenas, y todas las matanzas justificadas. El anillo fue la contienda mundial y el dedo, el imperio turco. La oportunidad esperada para poner en acción el plan planificado con bastante anterioridad había llegado. La etapa más oscura del pueblo armenio había comenzado.Genocidio 5

 

 

Abril de 1915: El plan en acción

 

Uno de los mayores miedos de los líderes turcos durante la guerra era que los armenios enrolados en el ejército, tomaran postura a favor de quiénes los ayudaran a liberarse y conformar un Estado Armenio Independiente. Fue en esa situación y una vez ya comenzada la guerra, que le pidieron a sus pares armenios que en caso de conflicto con el Imperio Ruso (viejo rival de los otomanos, frontera del mismo, y en plan expansionista como todo Imperio), defendieran al ejército turco ante una posible invasión en la región del Cáucaso. La respuesta de los líderes armenios fue clara: ellos serían leales a sus propios Estados, sin importar que esto significara una disputa entre propios armenios enrolados en ejércitos opuestos. Sumado a esto, algunas revueltas populares, el temor de los líderes turcos a tener un enemigo dentro de sus propios límites, era una sensacional excusa para fundar sus tesis de traición.  Un punto clave para llevar a cabo esta infamia no se debe perder de vista: la religión cristiana de los armenios. Para una correcta turquificación del Imperio, los elementos cristianos debían ser eliminados. El odio generalizado a los armenios estaba sembrado; lo peor estaba por venir.

Dispuestos a terminar con todos aquellos que interfirieran los planes del Imperio Turco y responsabilizando a los intelectuales armenios de las revueltas populares en las que creían había un tinte nacionalista símil a las que dieron como resultado las independencias de Grecia, Serbia o Bulgaria, las autoridades otomanas detienen el 24 de abril de 1915  a 235 armenios en Estambul. Sería la primera acción de un macabro plan de exterminio de la comunidad armenia. Prontamente en los siguientes días, la cifra ascendió a 600 detenidos.

La decisión de detener a estas 600 personalidades y referentes del pueblo armenio (había entre ellos escritores, poetas, abogados, médicos, sacerdotes, políticos) fue el punto de partida para la deportación de la población armenia hacia la Anatolia Suroriental. En primera instancia, fue este pequeño grupo el desterrado, siendo la mayoría  de ellos fueron asesinados en el traslado.

A partir del 11 de junio de 1915 las deportaciones fueron masivas, y cualquier poblador de origen armenio era expulsado de Anatolia hacia la región mesopotámica o la actual Siria. Eran marchas forzadas hacia campos de concentración y los deportados no tenían la oportunidad de cargar medios de subsistencia.

Las autoridades turcas hacían escoltar a algunos de los grupos con gendarmes hasta su destino final pero estos, lejos de protegerlos, los robaban, violaban o simplemente los mataban; en algunos casos, los dejaban en manos de grupos extremistas para que fuesen asesinados. Otros grupos, simplemente morían de hambre o sed antes de llegar. Quiénes tenían la resistencia física para llegar a destino o la fortuna de no ser asesinados, no corrían mejor suerte: los esperaban campos de concentración donde literalmente se los amontonaba y se los dejaba librados a su suerte. La inanición y las epidemias hicieron estragos y la convivencia con la muerte era parte de la cotidianeidad de los confinados. Se reconocieron 26 campos de concentración, aunque las autoridades armenias creen que varios de ellos podrían ser sitios donde sólo hubiera fosas comunes para deshacerse de los cuerpos.Genocidio

 

 

El plan siniestro. Los detalles del horror

 

Como se expone a lo largo de este informe, el exterminio de la población armenia fue la ejecución de un plan premeditado con suficiente anterioridad. El 24 de abril de 1915 (día reconocido como el comienzo del genocidio) se puso en acción lo ideado con varios años de anterioridad secretamente entre los máximos dirigentes del partido político organizado por los Jóvenes Turcos, una matanza aún más cruenta que la del Sultán Abdul Hamid II.

El plan de exterminio constaba de varias partes, no dejaba nada librado al azar.

El primer proceder fue el desarme. Como previa del plan de acción, se confiscaron a la población la gran mayoría de las armas que habían sido entregadas para la guerra ruso-turca, de la cual la comunidad armenia había participado activamente en defensa del Imperio otomano.Genocidio 1

El segundo paso fue enrolar a la gran mayoría de los hombres armenios de entre 15 y 45 años, con la excusa de la Primera Guerra Mundial. Todos aquellos que tuvieron la suficiente fuerza para cargar un fusil fueron enlistados en el ejército turco, pero nunca se les entregó dicha arma. Sólo fueron utilizados para cavar trincheras que,  a la postre, terminaron convirtiéndose en sus propias tumbas. Este proceso fue conocido como desmasculinización.

La tercera instancia fue descabezar intelectualmente a la población armenia, esto se llevó a cabo, como mencionara anteriormente, entre el 24 y 25 de abril de 1915. El plan era dejar sin líderes a los armenios organizados en las diferentes ciudades, deshacerse de las cúpulas intelectuales formadas por abogados, médicos, poetas o jefes religiosos, entre otros, para así evitar una rápida reorganización y no dejarlos elaborar planes de defensa.

El cuarto punto del plan fue la deportación y posterior asesinato. El Ministro del Interior turco, Talaat había sido claro con sus hombres a la hora de ejecutar el plan genocida: “Las órdenes deben ser cumplidas y sin titubeos, haciendo caso omiso a la conciencia (…) los armenios han perdido el derecho a la vida en el Imperio Otomano”.

Da escalofríos el sólo hecho de transcribir lo que los deportados armenios sufrieron en sus traslados. Para evitar que existiera una Causa Armenia, debían terminar con cualquier vestigio de su cultura; para ello, primero había que terminar con su población. En las calles de los poblados se podían leer carteles en los que se que se citaba a la población para su reubicación. El discurso utilizado era que la población armenia sería reubicada en una zona de exclusión bélica. Nada más lejano al plan. El ministro Talaat aclaró a sus hombres que no se podían malgastar municiones de guerra, por estar en plena guerra mundial. Con lo cual, de ser necesario matar a los deportados a cuchillo, ahogados o de hambre, así debía ser. El plan incluía que los armenios no debían vivir ni en el vientre de su madre.

Según la región geográfica, la matanza de la población armenia, se organizó de diferentes formas. En el norte, se los ahogó en el Mar Negro. Quiénes vivían en el centro de Anatolia, serían llevados sin víveres y caminando hasta el desierto de Der Zor, donde serían arrojados a los pozos naturales de éste desierto para luego quemarlos. El río Éufrates fue testigo y fosa de miles de cuerpos.

 

Hacia 1917, con la ayuda del Imperio ruso, los rebeldes armenios habían logrado hacer retroceder a los turcos en algunas aldeas y pueblos con ascendencia armenia que todavía no habían podido devastar. Pero la suerte no estaba de su lado; el triunfo de la Revolución Bolchevique en Rusia significó la salida del ejército ruso de la Primera Guerra Mundial, con lo cual perdían un poderoso aliado en la lucha. El ejército turco nuevamente avanzaba sin perdón sobre la población armenia, hasta el final de la Gran Guerra en 1918. El fin de la contienda mundial fue el fin también del Imperio Otomano; este terminó repartido entre griegos, franceses, ingleses e italianos, pero también significó un paso en falso para los armenios: muchos de ellos decidieron regresar a sus hogares ancestrales al ver el imperio desmoronarse, en paralelo al fin del gobierno de los Jóvenes Turcos: un tribunal turco había condenado a pena de muerte a los líderes de este partido, pero la realidad fue que en el futuro la condena fue una farsa y se les facilitó el exilio para continuar sus vidas. El resurgimiento de Turquía, sus guerras independentistas y su posterior conformación como República, tuvieron también un continuador del exterminio armenio: Mustafá Kemal, “Atatürk”.  Desde el triunfo de los aliados en la guerra, hasta octubre de 1923, cuando Turquía se proclama República, Atatürk continuó el plan genocida.

 

Este período incluyó una primera conformación de la República Democrática de Armenia en 1918, formada tras la firma del Tratado de Sevrés en la posguerra, aceptado por el Sultán y lo que quedaba del Imperio otomano; el mismo otorgaba territorios a los armenios. Como desencadenante del tratado, se desató la guerra  Armenio – Turca en 1920, en la cual Armenia se vió obligada a desarmar la mayoría de sus fuerzas militares y ceder el 50% de su territorio antes de comenzada la guerra. El conflicto bélico concluyó con el tratado de Alexándropol, que desposeyó a los armenios de los territorios otorgados dos años antes, reintegrando así al movimiento turco nacionalista liderado por Atatürk aquellas tierras, finalizando así el sueño de una Gran Armenia.

Algunos sobrevivientes, sobre todo niños y mujeres, terminaron sirviendo en los harenes de los jefes turcos. Sólo la rebeldía de hombres y mujeres armeni@s pudieron evitar que el plan de exterminio tuviera una efectividad total, y al evitar la conquista de algunas aldeas y ciudades con pobladores armenios, pudieron sobrevivir y contarle al mundo y su descendencia la penuria sufrida. Otros sobrevivientes simplemente fueron confundidos con cadáveres, y ese equívoco salvó su vida.

Si bien los años siguientes no fueron tranquilos, el flagelo que significaron ocho años de persecución y exterminio,  había concluido. La lucha por el reconocimiento del genocidio recién comenzaba.

 

La lucha final: por el reconocimiento mundial del genocidio armenio

 

La comunidad armenia y actualmente su gobierno, están en lucha constante por el reconocimiento a nivel mundial del genocidio, ante la continua negación del gobierno turco. Tan sólo: Argentina, Armenia, Bélgica, Bolivia, Canadá, Chile, Chipre, Francia, Grecia, Italia, Líbano, Lituania, Holanda, Polonia, Rusia, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Uruguay, El Vaticano y Venezuela, y algunas regiones como Escocia, Irlanda del Norte y Gales (Reino Unido), País Vasco  y Cataluña  (España), Ontario y Quebec (Canadá), Australia Meridional y Nueva Gales del Sur (Australia), Crimea (Ucrania), Ceará y São Paulo (Brasil) han reconocido la existencia del genocidio, sumados a 42 de los 50 estados que conforman los Estados Unidos de América.

 

A la fecha, Turquía rechaza la denuncia armenia que se haya tratado de un plan ejecutado por el Estado para eliminar a la población armenia bajo su soberanía, y esgrime que se trató de una guerra civil en la que también murieron una gran cantidad de turcos. A su vez, afirman que el imperio otomano sólo se limitó a luchar contra la sublevación de las milicias armenias en territorio de su soberanía, y que estas últimas estaban respaldadas por el gobierno ruso.

 

Inversamente, Armenia denuncia la matanza de 1.500.000 de compatriotas, y otras 500.000 deportaciones forzadas, todas como parte de un plan exterminio del Estado turco para no dejar evidencia alguna de la población armenia sobre la faz de la tierra y reclama que, como tal, se lo considere un genocidio.Mapa centros de detencion (1)

 

Las relaciones entre turcos y armenios siguen estancadas. Desde 1994, Turquía mantiene cerrada su frontera con Armenia, desde el conflicto entre estos últimos y Azerbaiyán por el territorio de Nagorno-Karabaj (armenios que crearon un Estado independiente en 1991 en territorio azerí, que estalló en una guerra en la cual el gobierno armenio dio su apoyo a sus compatriotas). Pese a que en la región rige el “alto el fuego” desde 1994 y los gobiernos armenio y azerí están en conversaciones de paz desde entonces, Turquía se niega a entablar relaciones diplomáticas con Armenia porque entiende que sería un guiño político a su conflicto con Azerbaiyán.

Por su parte, el gobierno armenio ya mostró disposición a conversar con sus pares turcos y a la reapertura de las fronteras para reestablecer relaciones entre ambos países.

 

 

Un siglo después, Armenia sigue reclamando justicia por la matanza indiscriminada que el Imperio Otomano perpetró a manos de los jóvenes turcos. Alrededor de un millón y medio de vidas se perdieron por la ceguera de un Imperio nacionalista que no soportó la rebeldía de un pueblo que ya no quería estar sumido en la tiranía y que gritó fuerte por los derechos que le correspondían.

Aún con el paso del tiempo, la comunidad armenia posee una herida que al día de hoy no cierra. La negación de Turquía de una política de exterminación no hace más que echarle sal a la misma. El reconocimiento no la eliminaría, pero la dejaría convertirse en cicatriz: siempre estará allí para recordarla, pero no tan dolorosa como una herida abierta.

Que el silencio no sea eterno, y que la historia no se repita.

 

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